¡1.300 años!
Cuántos países en el mundo pueden enorgullecerse de cumplir 1.300 años de historia? En septiembre será España la que alcance ese honor. En el año 718, es decir hace trece siglos, se fundó en Cangas de Onís el Reino de Asturias, germen de nuestro origen como nación, de la cultura que con el correr de los tiempos nos ha venido integrando, y de la unión de pueblos y lenguas que hoy constituyen una identidad patriótica que, aunque haya discrepancias respetables, nos coloca en los puestos de cabeza de la civilización occidental. La batalla de Covadonga, entonces un centro de espiritualidad pagana, inició el comienzo de un devenir histórico que nos ha hecho lo que hoy somos, representamos y aportamos a la convivencia internacional.
Una efeméride que se produce en un momento en que la recuperación del sentimiento que empujó a don Pelayo y a sus seguidores llega cuando su recuerdo y puesta en valor es más necesaria. Celebrarlo como procede cobra un especial interés patriótico. Por eso no deja de sorprender y preocupar la escasa atención que se le ha venido prestando a tan excepcional conmemoración. Sólo la sensibilidad de los Reyes para aprovechar la conmemoración para la proclamación en el santuario de su hija Leonor princesa de Asturias, futura Reina de España. Será el ocho de septiembre, la fiesta de Covadonga, en un acto de gran valor simbólico y de indudable significación política y social. Pero al margen de esta iniciativa histórica que los reyes Felipe VI y doña Letizia presidirán, la realidad es que hasta ahora el resto de la celebración deja mucho que desear. Algunas veces se siente la impresión de que el nombre de Covadonga produce rechazo. Es cierto que a lo largo de la dictadura se utilizó para ensalzar idioteces como la raza y la esencia de los valores del régimen opresor. Pero esa etapa ha sido superada. Covadonga es un santuario religioso digno del mayor respeto a lo que hay que añadir el valor histórico que encierra y el excepcional ambiente paisajístico que lo rodea.
Ha transcurrido más de la mitad del año del tricentenario histórico, religioso y ecológico, y apenas se ha hecho nada todavía para celebrarlo. Observando la pasividad con que está siendo contemplado uno se pregunta cómo sería abordado un hecho de estas características en otros países. Claro que no todos han vivido todavía una oportunidad semejante.