Diario de León

Mina-dos, una mirada nueva

El artista leonés Enrique Rodríguez plasma los recuerdos mineros de su juventud en 38 fotografías que pueden verse en el Museo de Sabero y que componen una muestra llena de optimismo rumbo al pozo minero.

El artista leonés Enrique Rodríguez, junto a una de sus obras, que pueden verse hasta hoy en el Museo de la Siderurgia y la Minería  de Sabero.

El artista leonés Enrique Rodríguez, junto a una de sus obras, que pueden verse hasta hoy en el Museo de la Siderurgia y la Minería de Sabero.

Publicado por
manolo castro
León

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El artista leonés Enrique Rodríguez firma sus obras con el nombre Guzpeña. No es un nombre elegido al azar, está unido a él desde su nacimiento en una pequeña localidad llamada Prado de la Guzpeña. En este pequeño pueblo, que todavía conserva el rango de ayuntamiento, pasó su infancia y juventud, unos años marcados por la prosperidad que daba el carbón, una época en la que la mina abrazaba el pueblo y los mineros llenaban casas y bares.

Uno de los recuerdos más nítidos que conserva Guzpeña es el recorrido que muchos días hacía en su bicicleta rumbo al pozo minero para llevar la comida a su padre, encargado de la Casa de Maquinas. Aquella pequeña nave albergaba la maquinaria que sacaba los vagones de la mina y era para él un lugar grandioso, con aquel ingenioso sistema de arrastre y el ruido estridente que hacía

Aquella caseta de bloques de hormigón y tejado de uralita, desprovista ya de puertas y ventanas y desnuda en su interior, ha colgado estos días de las paredes de la sala de exposiciones temporales del Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León. Es una de las treinta y ocho fotografías con las que Guzpeña se asoma a sus recuerdos mineros en la exposición Mina-Dos que ya concluye.

En esta instantánea conviven el niño y el artista. El niño asoma, sin estar, desde el interior de la nave abandonada, llenando la escena con sus recuerdos. El artista, presente, observa la Casa de Máquinas desde fuera e impregna la fotografía de esos recuerdos que convierte en coloristas formas geométricas que se funden con la imagen.

Una combinación, la de la huella de la presencia humana en estos lugares sagrados de trabajo y la mirada contemporánea y alegre de Guzpeña, que se sucede a lo largo de la exposición, en obras de gran formato que sobrecogen y animan el espíritu en igual medida.

?EL PROYECTO

El proyecto Mina-Dos surge hace unos años de la conversación mantenida por Enrique Guzpeña con los responsables del museo en torno a la idea de acercar el trabajo artístico de Guzpeña a una realidad, la minera, tan poco visible en el arte más actual.

Aquella reflexión conjunta desembocó en un proyecto que ha llevado a Guzpeña a lo largo de los últimos cuatro años a realizar más de cuatro mil fotografías en las abandonadas instalaciones industriales de Prado de la Guzpeña. Una selección rigurosa de estas fotografías y la intervención artística y digital sobre ellas, arrojó casi un centenar de obras finales, parte de las cuales forman parte de Mina-Dos.

RECUERDOS RENOVADOS

Para Guzpeña «Mina-dos hace referencia a dos espacios físicos y a dos espacios temporales. Mina-dos traslada a un tiempo contemporáneo fragmentos de escenarios activos en otro tiempo, transfigurando su presencia. Estas imágenes representan el segundo capítulo de una narración que comenzó cinco décadas atrás. Mina-dos es una exposición de recuerdos renovados.»

Mina-dos, añade, también se refiere, mediante un juego de palabras, a la condición espiritual de personas a las que un tiempo extraño, con un sabor agridulce, infirió marcas determinantes. Mina-dos es una exposición íntima, una exposición de vestigios intangibles.

Mina-dos no pretende detener el tiempo en instantáneas de lugares que pertenecieron al pasado y de los que solamente quedan rastros efímeros. Mina-dos procura registrar las huellas de los hombres que los laborearon. Las paredes siguen llenas de evocaciones, de gestos que traen a la memoria el sacrificio y la ternura. Signos que se trazaron en una azarosa batalla y que es necesario recobrar. No hay ruina, no hay abandono, solo el paso del tiempo. Hay melancolía, hay un perfume que trae a la memoria la vida que fue y que persiste como un espectro dibujado sobre los muros. Indispensable es no olvidar que donde hubo presencia humana el paisaje permanece con vida, concluye Guzpeña.

UNA MIRADA DIFERENTE

No es MINA-DOS un trabajo fotográfico al uso sobre el patrimonio industrial. Seguramente el impresionante archivo que Guzpeña ha atesorado en estos cuatro años tenga un gran valor para los investigadores del patrimonio industrial minero de Prado de la Guzpeña o de lo queda de él. Pero su función no ha sido la de inmortalizar restos de edificios, ruinas abandonadas, tan atractivas de por si para la cámara. Guzpeña ha ido más allá con su mirada de artista, ha dado a estas imágenes un valor añadido que pocos ven, las ha dotado del aliento humano que hubo y hay en esos lugares y las ha despojado de tristeza y melancolía mezclándolas con sus formas geométricas características. Las imágenes de MINA-DOS invitan al optimismo y a la reflexión de lo que queremos ser sin el lastre de lo que ya hemos sido.

EL ARTISTA

Enrique Guzpeña (Prado de la Guzpeña, León, 1964), licenciado en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco, especialidad de pintura, tiene una dilatada trayectoria, con 49 muestras individuales y 354 exposiciones colectivas. Su obra ha sido distinguida o premiada en 58 ocasiones, siendo finalista del prestigioso premio BMW de Pintura en varias ocasiones y estando presente en numerosas colecciones públicas y privadas

Con este proyecto expositivo Guzpeña transita del ámbito de la pintura al espacio de la fotografía, en un camino difícil que le aleja de la comodidad y el prestigio ganado, abriéndole nuevos horizontes artísticos tan atrayentes como inciertos.

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