Diario de León

CANTO RODADO

Lazos amarillos

Yo también me he puesto un lazo amarillo. Fue mucho antes de que los independentistas catalanes fueran encarcelados por el 1-O. Porque mucho antes el lazo amarillo fue símbolo de los bebés robados.

Ana Gaitero
León

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La habilidad del independentismo para construir un relato a su medida es tan grande como los gigantes lazos amarillos que han convertido en el símbolo de unos políticos presos acusados de rebelión y sedición por el referéndum del 1-O.

Inés Arrimadas y Albert Rivera, a quienes tan bien les va con el relato del independentismo, se aprestaron enseguida a hacer propaganda lanzándose a las paredes a arrancar lazos amarillos. El PP se sumó a la bufonada con una propuesta para prohibir los lazos amarillos en el Congreso. Y así, charlotada tras charlotada, los lazos amarillos han ahorcado a Pedro Sánchez.

Los independentistas, que nos niegan la voz y el voto para hablar del conflicto, deciden por el resto del Estado con esa manga ancha en la que guardan los argumentos de ‘España nos roba’ y esconden las miserias de lo que el pujolismo (el nacionalismo que ahora se llama PDCat) robó a Cataluña.

Y aquí, en provincias ahogadas y esquilmadas, vaciadas de gente y envejecidas, tenemos que aguantar oír que nos mantienen. Recuerdo que una prestigiosa lingüista a la que admiro por sus trabajos por el lenguaje inclusivo, seguramente por error, me tenía en su lista de correo. Me llegaban aquellas cuentas falseadas en las que el tripartito catalán sumaba el IRPF de los residentes en Cataluña y lo restaba de que lo recibía del Estado. Siempre le salían números rojos. Un día le respondí que puestas a hacer cuentas, tendrían que restar también la producción de energía de los saltos de León y Zamora y la pérdida de población y los pueblos anegados y los montes mordidos por las minas y las canteras...

Tengo un leve recuerdo de que me contestó con cajas destempladas. Lo cierto es que no volví a recibir más correos. Seguramente me delaté como una infiltrada en la lista o me convertí a sus ojos en una ‘paleta’ castellana. Pues todo lo que va más allá de Lérida es Castilla, claro.

Pero ni León es Castilla ni los lazos amarillos representan a los presos independentistas por encima de todas las cosas. Antes que por ellos se los prendieron en el pecho numerosas personas, entre las que me incluyo, para reivindicar la causa de los bebés robados. Se estima que más de 300.000 niños y niñas fueron arrebatados a sus madres y familiares con métodos que empezaron con el robo ‘legalizado’ por el franquismo y culminaron con un negocio oscuro que se prolongó hasta más allá de la dictadura. Los lazos amarillos trenzan ese relato independentista y lo hacen brillar como un espejismo de la Arcadia prometida en Cataluña.

Esta semana que termina con la convocatoria electoral del 28-A. que eclipsará las elecciones municipales, autonómicas y europeas, los presos catalanes se han sentado en el banquillo para ser juzgados. Con lazos amarillos. Pues bien, ni comparto la medida de la prisión, que ha sido cuestionada por defensores de los derechos humanos y organizaciones internacionales, ni el paripé del juicio que parece que ya tiene dictada la sentencia.

Pero hartita estoy del discurso victimista de esos políticos (y políticas) independentistas que nunca se hacen responsables de sus propios actos. Y que se llamen de izquierdas quienes han votado con el PP y Cs para tumbar los presupuestos más sociales de los últimos tiempos, también para Cataluña. Un error histórico, ha dicho Ada Colau, un chantaje, digo yo, que deberían pagar caro.

Espero que la Cataluña madura y progresista castigue a esos que se han colgado una medalla en la lazo amarillo a costa del progreso de todo el Estado. Que la izquierda, la de verdad, no se quede en casa. Y que las feministas de allí entiendan que con el lazo tapan los independentistas su alineamiento con los partidos que no aman a las mujeres ni a Cataluña. Con el eje del 155 y los vientres de alquiler. Que entiendan que el independentismo no les va a librar del retroceso de un pacto de la derecha con la ultraderecha. Que el resto de España también somos Europa.

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