Ayuda, por favor
Qué tal se le da pedir ayuda? Pues sepa que hay muchas personas a las que les cuesta, principalmente porque creen que es de débiles y que alguien fuerte no pide ayuda nunca. Y no, no es así. Lo cierto es que las personas seguras y con autoestima no tienen ningún problema en pedir ayuda a los demás, porque saben y aceptan que no pueden hacerlo todo por sí mismas y son capaces de reconocer sus límites.
Como ve, una vez más el problema está en lo que creemos que tenemos que ser para que los demás nos valoren. Cuando la verdad es que pedir ayuda es de valientes, porque hace falta serlo para reconocer esa vulnerabilidad que todos tenemos.
En realidad hay muchos motivos por los que alguien no se atreve a pedir ayuda: creer que no se la merece, no saber pedirla, el miedo a mostrarse vulnerable, a reconocer que solo no es capaz, a molestar, a que los demás se den cuenta de que no es tan fuerte como aparenta, a que le digan que no, a delegar...
Incluso hay quien no pide ayuda porque así puede seguir quejándose de que nadie le ayuda. Para que vea lo retorcidos que somos.
Sea cual sea su motivo, al final se trata de que comprenda que nadie puede con todo, y quien se empeñe en ello cargará con el malestar que crean la exigencia y el perfeccionismo. Cuando la vida es mucho más fácil y más agradable si se deja ayudar por los demás. Si pide ayuda cuando no sabe hacer una cosa, cuando necesita que le echen una mano para conseguir algo o cuando está triste y quiere un abrazo.
Si, la vida es mucho más bonita cuando te das permiso para pedir ayuda. Cuando entiendes que las personas no somos rivales y que dejarte ayudar te acerca y te une a los que te rodean. Que creamos vínculos con aquellos por quienes nos dejamos ayudar, lo mismo que con aquellos a quienes ayudamos. Porque si usted se siente bien cuando ayuda a alguien, ¿no tiene el otro el mismo derecho a sentirse así cuando le ayuda a usted? ¿No sería un poco egoísta estar dispuesto a dar y no a recibir? No sé usted qué opina, pero a mí sí me lo parece.