Diario de León
Publicado por
Antonio Papell
León

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José María Lassalle, un intelectual desaprovechado por el PP pese a que lo elevó por un tiempo a la secretaría de Estado de Cultura, ha publicado un trabajo periodístico en el que reflexiona sobre la decadencia liberal de una Unión Europea en la que, a pesar de la euforia que siguió a la caída del muro de Berlín en 1989, hoy hay 11 países que ya cuentan con regímenes iliberales. Explica Lassalle que el liberalismo nació como una trinchera contra el miedo. «Una línea roja desde la que protegió la heterodoxia de los disidentes religiosos y el patrimonio de estos frente al todopoderoso soberano».

Una iniciativa que pronto adoptó «un compromiso institucional a favor de la razón, el gobierno limitado y el progreso humano a través de la democracia deliberativa y el reformismo social. Emprendió una lucha por los derechos que, desde las revoluciones atlánticas hasta la Declaración Universal de las Naciones Unidas de 1948, fue configurando una civilización basada en ellos [...]. De ahí que los pensadores liberales influyeran en las Constituciones e introdujeran en sus textos un sumatorio de libertades. Unas, positivas o de socialización, y otras, negativas o de preservación de la subjetividad y sus elecciones individuales. De este modo, el miedo fue contenido y marginado como un dispositivo al servicio del poder.

Dos siglos y medio después de aquellas movilizaciones, «el liberalismo parece estar abatido ante el resurgimiento del miedo». Y ello se debe a que se ha abierto una crisis de fundamentación causada por el «tsunami de incertidumbre que lleva a las sociedades democráticas a despreciar la cultura liberal de los derechos y añorar con ansiedad un orden autoritario. Incluso son cada vez más los que desearían encerrarse dentro de un búnker reaccionario donde refugiarse de la inseguridad que les asedia emocionalmente.

Miramos en derredor y encontramos datos y signos que formalizan este diagnóstico: jóvenes mal formados que padecen un desempleo que nunca baja del 30%, que no consiguen emanciparse y que no se sienten en absoluto representados por unos partidos convencionales que ni siquiera les abordan para conocer sus inquietudes en épocas preelectorales. Con estos mimbres, ¿cómo podemos esperar que la sociedad cultive sutiles propuestas ideológicas que son incapaces de captar este miedo insoluble al futuro que sienten con toda la razón los destinatarios de los mensajes?

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