Diario de León

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Los griales que esconde León

Gaudí encerró al dragón en Botines y lo puso a vigilar el Santo Grial No es el único. Están a simple vista pero ocultos  

Casa Botines: y su chapitel del torreón nordeste: punta de la Lanza de Longinos, capucha de Merlín, cabeza y ojos del dragón. En Botines encerró Gaudí al dragón, que mira directamente a San Isidror, donde se custodia el cális de doña Urraca que dicen que es 'el grial de griales'. FOTO VISUAIR - DAVID IRIONDO

Casa Botines: y su chapitel del torreón nordeste: punta de la Lanza de Longinos, capucha de Merlín, cabeza y ojos del dragón. En Botines encerró Gaudí al dragón, que mira directamente a San Isidror, donde se custodia el cális de doña Urraca que dicen que es 'el grial de griales'. FOTO VISUAIR - DAVID IRIONDO

León

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Oculto, pero a simple vista. A pie de calle. Ahí está uno de los griales escondidos de León. En piedra. Sujetando la cabeza del dragón. Convertida León en la ciudad de la leyenda.

Tenía el dragón su guarida en una laguna, fuera de la ciudad amurallada en la que vivían el rey y sus súbditos. Cuando montaba en cólera, la ciudad le ofrecía sacrificios, primero de reses, luego humanos hasta que, en su voracidad, exigió la vida de la hija del rey. Cuando la princesa iba camino de ser engullida por el dragón, san Jorge le sale al encuentro, lo atrapa, le da muerte y libera de su yugo a la ciudad y todo un reino.

La ciudad amurallada es León. El dragón sigue preso en una ‘caverna’ sobre una laguna. Y el Grial recoge la sangre divina que cae desde una torre que es la lanza sagrada de Longinos, el legionario romano que atravesó el costado de Cristo para certificar que definitivamente había muerto. Ese cáliz está en la confluencia de las calles Pilotos Regueral y Ruiz de Salazar, en el edificio Botines.

Gaudí Creó en León un palacio para albergar el Santo Grial y puso al  dragón a protegerlo

Gaudí encerró al dragón en Botines, levantado sobre un terreno anegado, como si de una laguna se tratara, colocó la cabeza en lo más alto de la torre nordeste, la única que tiene unos ventanucos en el chapitel dispuestos a semejanza de ojos, mirando al interior de la ciudad fortificada, y guardó dentro el gran secreto, protegido por el dragón, el animal que en la mitología es guardián de tesoros. Esa misma torre que acaba en una veleta es en realidad la lanza de Longinos y la columna a pie de calle que tiene forma de copa es el Santo Grial, el cáliz en el que se recogió la sangre de Cristo. El símbolo de la búsqueda del conocimiento total, el gran secreto, el camino de perfección unido al de la expiración del mal. 

Casa Botines: torreón nordeste, el Grial y la Lanza. La torre representa la lanza de Longinos, que atravesó el cuerpo de Jesucristo. En lo más alto, donde está el cerebro del dragón, construyó una rosa de luz de la que de forma figurada caen simbólicamente las gotas de la sangre de Cristo, que recoge la copa que está en la parte inferior de la torre: el Grial. JAVIER FERNÁNDEZ ZARDÓN 'MOTORINES'

Casa Botines: torreón nordeste, el Grial y la Lanza. La torre representa la lanza de Longinos, que atravesó el cuerpo de Jesucristo. En lo más alto, donde está el cerebro del dragón, construyó una rosa de luz de la que de forma figurada caen simbólicamente las gotas de la sangre de Cristo, que recoge la copa que está en la parte inferior de la torre: el Grial. JAVIER FERNÁNDEZ ZARDÓN 'MOTORINES'

¿Conocía Gaudí el Santo Grial de San Isidoro? No lo dejó escrito pero el arquitecto de Dios rompió las normas urbanísticas y no alineó Botines paralelo exactamente al Palacio de los Guzmanes sino que trazó una planta trapezoidal orientada al norte exacto, siguiendo la trayectoria de la estrella Polar, mirando directamente a la Torre del Gallo de San Isidoro, donde se guarda el tesoro de los reyes de León y donde se custodió durante siglos el ‘Cálix Domini’, el cáliz de doña Urraca, la reina que empleó su ajuar regio en proteger dos cuencos antiguos de ónix. Esa torre sigue también la trayectoria que conduce a la mítica ciudad de Glastonbury, donde yacen el rey Arturo y Ginebra y, con ellos, enterrada la leyenda del Santo Grial y los caballeros de la tabla redonda.

El arquitecto de Dios rompió las normas urbanísticas y no alineó Botines paralelo exactamente al Palacio de los Guzmanes, Botines sigue la trayectoria de la estrella Polar y mira directamente a la Torre del Gallo de San Isidoro, donde se custodió durante siglos el ‘Cálix Domini’, el cáliz de doña Urraca

Por esa calle en la que Gaudí escondió durante 130 años la copa de la Última Cena pasa a diario el profesor César García Álvarez. Doctor en Historia del Arte, investigador y profesor en la Universidad de León, es uno de los grandes expertos en la obra de Antonio Gaudí. Fascinado por la obra del arquitecto catalán, siempre tuvo la impresión de que Botines ocultaba algo más que un dragón camuflado en el edificio, con la fachada a modo de las escamas de la piel, las fauces de la bestia por puerta de entrada, las garras en la verja, los remates como si fuera el espinazo del animal... La clave estaba a la vista. César y su hijo Dante vieron en esa torre lo que hay: una copa. Así que César García Álvarez ascendió por la torre, primero con la vista desde la calle y luego por su interior. Y allí dio con el prodigio, un lugar oculto en donde Gaudí guardó su mensaje, justo dentro de la cabeza del dragón, colocando en su cerebro la rosa de luz, el otro símbolo que representa la sangre de Cristo. Allí donde nadie entraba salvo los niños de la casa, que subían al domicilio del portero, en el bajo techo, y se colaban para jugar.

Gaudí un lugar oculto donde guardó su mensaje, justo dentro de la cabeza del dragón, colocando en su cerebro la rosa de luz, el otro símbolo que representa la sangre de Cristo. Sólo los niños de la casa accedía a ese sitio, para jugar

«Gaudí construyó un mirador al que nadie puede acceder, que no tiene ninguna función, que arquitectónicamente no tiene una explicación, una señal, un mensaje», explica García Álvarez.

Un lugar de magia que contiene la solución a todo el edificio. Un lugar de sanación para un hombre herido que encontró en León su curación espiritual y, desde entonces, llevó una vida dedicada a la obra de Dios.

Casa Botines: interior del torreón nordeste (1893). Sucesión ascendente de pentágonos estrellados que culminan en un pentágono regular, símbolo de la Rosa. Cada amanecer, la primera luz del día entra en la torre y crea una rosa de luz. Es un espacio prodigioso. J.NOTARIO

Casa Botines: interior del torreón nordeste (1893). Sucesión ascendente de pentágonos estrellados que culminan en un pentágono regular, símbolo de la Rosa. Cada amanecer, la primera luz del día entra en la torre y crea una rosa de luz. Es un espacio prodigioso. J.NOTARIO

La ciudad amurallada por los romanos transformó para siempre al arquitecto, que vivió desde entonces una religiosidad extrema y una vida propia de un anacoreta hasta su muerte, el 10 de junio de 1926, atropellado por un tranvía mientras se encaminaba, como cada anochecer, desde la iglesia de Sant Felip Neri hacia la Sagrada Familia, «un templo expiatorio para redimir los pecados de Barcelona», cuenta César García Álvarez. Dicen que los transeúntes confundieron a Gaudí con un mendigo. 

«El pasillo que va por el interior de la torre norte de Botines se configura como un túmulo funerario, en madera, anticipando lo que vamos a encontrar al atravesar ese túnel que acaba en un espacio que mira al cielo, un entramado de madera en forma de espiral continua superponiendo pentágonos hasta el más alto, que lo corona. Es ahí donde se produce el milagro», describe en un susurro el profesor, temiendo tal vez profanar este lugar sagrado.

El profesor César García Álvarez, uno de los grandes expertos en la obra de Antonio Gaudí , bajo la rosa de luz que el arquitecto construyó en Casa Botines. García Álvarez descubrió el Grial que Gaudí ocultó en Botines cuando paseaba con su hijo Dante. J.NOTARIO

El profesor César García Álvarez, uno de los grandes expertos en la obra de Antonio Gaudí , bajo la rosa de luz que el arquitecto construyó en Casa Botines. García Álvarez descubrió el Grial que Gaudí ocultó en Botines cuando paseaba con su hijo Dante. J.NOTARIO

El pasillo que va por el interior de la torre nordeste de Botines se configura como un túmulo funerario, en madera, anticipando lo que vamos a encontrar al atravesar ese túnel que acaba en un espacio que mira al cielo. J.NOTARIO

El pasillo que va por el interior de la torre nordeste de Botines se configura como un túmulo funerario, en madera, anticipando lo que vamos a encontrar al atravesar ese túnel que acaba en un espacio que mira al cielo. J.NOTARIO

Cada amanecer, la primera luz del día entra en la torre y crea una rosa de luz. Los ventanales forman una cruz templaria, la Tau de la Orden del Temple, de los templarios, los guardianes del Camino que conduce a la tumba del apóstol Santiago y que custodiaron el Grial dicen que en el castillo de Ponferrada y en la torre medieval de los Osorio, en Turienzo de los Caballeros. Otra cruz remata también la veleta. Es la simbología de la ascensión de Jesús, de la Cruz, de la punta de lanza, la de Longinos, que traspasó el cuerpo de Jesucristo para comprobar que había muerto ya, cumpliendo así la escritura, pues no le rompieron ningún hueso, igual que al cordero de Pascua de la Antigua Alianza, esa lanza que quedaría impregnada con la sangre de Jesús, y de esa rosa figurada de la que caen simbólicamente las gotas de la sangre de Cristo que recoge la copa que está en la parte inferior de la torre: el Grial.

«Creó un palacio para albergar el Santo Grial y puso al dragón a protegerlo», dice García Álvarez. Y, como una revelación, ya no es posible ver Botines como antes. Ahora, el visitante, sugestionado, está literalmente dentro de la bestia.

Cada amanecer, la primera luz del día entra en la torre y crea una rosa de luz. Los ventanales forman una Tau, la cruz de los templarios que custodiaron el Grial dicen que en el castillo de Ponferrada y en la torre medieval de los Osorio

Gaudí estudió bien León, la ciudad fundada por los romanos 300 años antes de que naciera san Jorge, el héroe de la leyenda, y también la narración de Jacopo della Voragine sobre el santo, el dragón y la ciudad libia de Silca. Vio en León la urbe de la Leyenda Dorada y creo en la ciudad la ‘Casa del Dragón’.

La gran copa, el gran vaso sagrado de la Catedral está tan a la vista, es tan evidente, que pasa inadvertido. Capilla de la Virgen del Carmen, pila bautismal obra de Juan de Badajoz, hacia 1530, una obra cumbre del Renacimiento español. J.NOTARIO

La gran copa, el gran vaso sagrado de la Catedral está tan a la vista, es tan evidente, que pasa inadvertido. Capilla de la Virgen del Carmen, pila bautismal obra de Juan de Badajoz, hacia 1530, una obra cumbre del Renacimiento español. J.NOTARIO

Los otros griales

No es el único grial oculto en la ciudad. Una mujer con una copa está esculpida a la entrada de la Catedral. En el pórtico occidental, en una de las columnas, mirando directamente a la puerta de acceso del templo. La contraposición de la Iglesia y la Sinagoga, la confrontación entre cristianismo y judaísmo, la dualidad entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, el triunfo de la fe cristiana sobre la fe mosaica. Pero, también, el símbolo de la sabiduría universal y la fe. Una invitación, quizá, a descubrir lo que hay dentro de una maravilla universal construida de piedra y luz.

La Catedral de León encierra cientos de símbolos por descubrir aún. Miles de lugares que envían mensajes que trascienden al hombre.

En el trascoro hay un tributo a Dionisio, el dios griego del vino y patrón de la agricultura, pero también la divinidad que nace de una virgen, amada y solicitada por el ‘dios de los dioses’, Zeus.

La Catedral de León encierra cientos de símbolos por descubrir aún

César García Álvarez avanza por el templo, iluminado por la luz de media tarde, hasta el cenotafio de San Alvito, obispo de León entre 1057 y 1063, hijo de un ricohombre y mayordomo mayor del rey Bermudo II de León, que por orden de un rey viajó a Sevilla con el obispo de Astorga, Ordoño, para recuperar los restos de Santa Justa. No los encontró, pero sí los de san Isidoro, quien en una revelación le anunció el lugar donde estaba su sepulcro y, también, su muerte inminente. Se cumplió, Alvito no vivió ni una semana más, enfermó y murió en Sevilla y tuvo que ser Ordoño quien trajera a León los restos de san Isidoro, el santo erudito venerado como uno de los Padres de la Iglesia. En ese monumento funerario en el que no reposa san Alvito, en ese sepulcro vacío obra de Juan de Badajoz junto al altar mayor de la Catedral, frente a la Capilla del Nacimiento, en ese cenotafio que combina, acorde a la filosofía neoplatónica del Renacimiento, la presencia de Baco con la de Cristo y la Virgen, dos ángeles sostienen en el intradós una copa agrutescada que se convierte, en su parte superior, en el sepulcro de Cristo. 

Una mujer con una copa está esculpida a la entrada de la Catedral. JAVIER FERNÁNDEZ ZARDÓN 'MOTORINES'

Una mujer con una copa está esculpida a la entrada de la Catedral. JAVIER FERNÁNDEZ ZARDÓN 'MOTORINES'

La mujer con la copa es la personificación alegórica de la Iglesia y la fe cristiana. J.NOTARIO

La mujer con la copa es la personificación alegórica de la Iglesia y la fe cristiana. J.NOTARIO

 

Sepulcro del obispo Rodrigo Arias. La Virgen sostiene el Santo Grial y a la derecha, un hombre con una copa bajo la cruz en la que se enclavó al Mal Ladrón. Su cronología plantea muchos problemas. Se ha datado entre 1230 y 1260. J. NOTARIO

Sepulcro del obispo Rodrigo Arias. La Virgen sostiene el Santo Grial y a la derecha, un hombre con una copa bajo la cruz en la que se enclavó al Mal Ladrón. Su cronología plantea muchos problemas. Se ha datado entre 1230 y 1260. J. NOTARIO

Vidriera de la capilla de la Virgen de la Esperanza. San Juan evangelista con la copa. J.NOTARIO

Vidriera de la capilla de la Virgen de la Esperanza. San Juan evangelista con la copa. J.NOTARIO

Cenotafio de San Alvito, de Juan de Badajoz, hacia 1529). Intradós del arco: copa agrutescada sostenida por dos ángeles que sirve de sepulcro para el Entierro de Cristo. J.NOTARIO

Cenotafio de San Alvito, de Juan de Badajoz, hacia 1529). Intradós del arco: copa agrutescada sostenida por dos ángeles que sirve de sepulcro para el Entierro de Cristo. J.NOTARIO

El camino catedralicio de las copas lleva hasta la Capilla de la Virgen de la Esperanza. Allí, una vidriera del XII recoge otro de los ‘griales’ escondidos de León, la copa que lleva en su mano san Juan Evangelista. También en el sepulcro del obispo Rodrigo Arias, de 1232, la Virgen recoge en un cáliz la sangre mezclada con agua que brota del costado de su hijo muerto en la Cruz y, al otro lado, junto al Mal Ladrón, junto a Gestas, un hombre porta también una copa en un misterio sin desentrañar.

Pero la gran copa, el gran vaso sagrado de la Catedral está tan a la vista, es tan evidente que pasa desapercibido. La pila bautismal creada por Juan de Badajoz, en mitad de la capilla del obispo Rodrigo Arias, en un gran ‘grial’, una obra cumbre del Renacimiento español que contiene, en relieve, tres bautismos: de agua, de fuego y del Espíritu Santo.

La gran copa, el gran vaso sagrado de la Catedral está tan a la vista, es tan evidente, que pasa desapercibido

En el lugar hacia donde apunta la torre que encierra en su interior al dragón se guarda el otro gran cáliz, el de doña Urraca, infanta de León, madrina de armas de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, heredera de Zamora, mujer culta educada con esmero por sus padres. La infanta que protegió con su fortuna dos vasos romanos orientales de ágata unidos y recubiertos de oro, que ofreció sus propias joyas para recubrir dos copas de ónice cuya procedencia se perdió en la historia. 

¿Por qué iba a hacerlo si carecían de valor? ¿Y por qué la mantuvo oculta si era la gran reliquia, el Santo Grial, la copa que los primeros cristianos, entre el siglo I y el III, creían que procedía de la Última Cena, la sagrada copa en la que bebió Jesús y sus discípulos antes de ser apresado y que José de Arimatea obtuvo de Pilatos junto con el cuerpo de Cristo para ser depositado en el sepulcro, el amigo fiel que dicen que era hermano menor de Joaquín, el padre de la Virgen María, que se convirtió en tutor del Nazareno tras la muerte de José y al que se atribuye el traslado del Sudario y el Grial desde Jerusalén a algún lugar del Mediterráneo?

En la basílica de San Isidoro se custodia el que dicen que es el ‘grial de griales’. El tesoro que vigila, desde lejos, la atenta mirada del dragón.

El cáliz de doña Urraca, una joya de la orfebrería románica considerada 'el grial de griales'. Un misterio porqué una infanta empeñó su ajuar real para proteger dos vasos romanos orientales de ónice y, teniendo la gran reliquia de la Cristiandad, no la dio a conocer. BRUNO

El cáliz de doña Urraca, una joya de la orfebrería románica considerada 'el grial de griales'. Un misterio porqué una infanta empeñó su ajuar real para proteger dos vasos romanos orientales de ónice y, teniendo la gran reliquia de la Cristiandad, no la dio a conocer. BRUNO

El Grial de piedra que Gaudí construyó en Casa Botines. Está a simple vista, en el torreón nordeste, en la confluencia de las calles Pilotos Regueral y Ruiz de Salazar. J.NOTARIO

El Grial de piedra que Gaudí construyó en Casa Botines. Está a simple vista, en el torreón nordeste, en la confluencia de las calles Pilotos Regueral y Ruiz de Salazar. J.NOTARIO

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