¿Tiene que pedir perdón España a México? ¿Y León?: El galeón leonés que llevó ideas a México
En 1524, apenas tres años después de que Hernán Cortés llegara a Nueva España, un fraile desembarcó en lo que hoy es México. Era uno de los ‘Doce Apóstoles’. Fue el primer leonés en pisar el Nuevo Mundo. Era fray Martín de Valencia. Desde él, la estela leonesa en México se extiende hasta hoy. Cinco siglos de historia compartida. Así es la huella leonesa en México y su herencia. ¿Debe pedir perdón España a México? ¿Debe hacerlo León?

La bandera de México
El 25 de enero de 1524 un hombre se hace a la mar en Sanlúcar de Barrameda rumbo al Nuevo Mundo. Lleva una carta entregada en mano por Francisco de los Ángeles Quiñones, hermano del conde Luna, con una instrucción clara: evangelizar la Nueva España. Tenía 50 años. Era fray Martín de Valencia, franciscano, misionero, nacido en Valencia de Don Juan en 1474. El 17 de junio de 1524 llega a Tenochtitlan, la capital azteca, junto a otros once hombres. Eran los ‘Doce Apóstoles’. Cuentan las crónicas que allí, ante una multitud de nativos nobles y plebeyos, fueron recibidos por Hernán Cortés, quien, de rodillas, fue besando la mano uno a uno a los religiosos. Llevaba tres años esperando que le enviaran misioneros. Fray Martín de Valencia cumplió con su misión. Aprendió los idiomas de los indígenas, se ganó su respeto y les legó importantes obras materiales y espirituales. Cuentan que rozó la santidad. Está reconocido como fundador de la Iglesia católica de México. Nunca regresó. Está enterrado en Tlalmanalco, México.
Fue el primer leonés en pisar las tierras descubiertas por Cristóbal Colón. En 1529, Bernardo de Rivera, más conocido como fray Bernardino de Sahagún, llega a Nuevo México en misión con una veintena de frailes. Como fray Martín de Valencia, no lo tuvo fácil. Y, como él, su respeto a los pueblos indígenas le convirtió en sospechoso. Sus trabajos fueron confiscados por orden real, quizá porque creían que el valor que daba al estudio de la cultura de los mexicas y su consideración a las costumbres ancestrales ponían en peligro la evangelización. Dejó escritas multitud de obras en náhuatl, castellano y latín, pero, quizá, la más importante es la ‘Historia general de las cosas de la Nueva España’, con testimonios directos de los ancianos como fuente. Está considerado el primer antropólogo de América. Tampoco regresó. Está enterrado en Tlatelolco.
En el respeto a las tribus indígenas ¿tuvo algo que ver el hecho de que ambos pertenecieran a León, un territorio de leyes y fueros, de derechos ciudadanos rabiosamente modernos que se mantienen hasta hoy, en una tierra de lucha por la libertad que es también la de la igualdad?
«Eran provincias de ultramar, no colonias». Lo dice con rotundidad Marta Eva Castellanos, presidenta de Héroes de Cavite en León, una asociación cultural de signo hispanista, apartidista y sin ánimo de lucro de amplia implantación en España, países hispanos, en buena parte de Estados Unidos y en Filipinas.
«Para la Corona, todos los habitantes de todos los territorios dominados eran todos ellos súbditos. No existía diferencia entre unos y otros, eran iguales en derechos y deberes. Un modelo muy diferente al que usa el Imperio Británico, donde apenas hay mestizaje», añade la historiadora medievalista, profesora, escritora y política Margarita Torres Sevilla.
De ese espíritu está impregnada la filosofía de la reina Isabel de Castilla, la Católica. Queda expresamente recogido en su testamento, dictado tres días antes de morir. Era también un 12 de octubre, el de 1504. «No consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados".
La huella leonesa en México es profunda y antigua.
«Cuando nos adentramos en el universo que supone la civilización hispánica, representada tantas veces en la metáfora marinera de la nave que cruza los océanos hasta llegar a todos los rincones, o mejor dicho, para llenar de cultura todos los rincones, no podemos olvidarnos de que ese navío se construyó cultural, política y socialmente en un astillero: el Reino de León», dice Diego Asensio García, gestor cultural y Coordinador de Patrimonio Histórico-Artístico de la Diócesis de León.
«La entidad política que fue el Estado leonés aportó las bases jurídicas y legislativas, el sustrato cultural e identitario y las dinámicas políticas, económicas y sociales en las que se basaría el modelo castellano que España exportó e implementó en esa América que no fue más que otra España preñada de nuevos territorios donde replicar aquello que era lo mejor que los españoles tenían: su modo de vivir, entender el mundo y entenderse en él. Es decir: León está en la base de un árbol genealógico que alumbró estados como Portugal o Castilla, y que ramificaría en el Imperio-madre, siempre reproductor», añade Asensio.
«León pasa con todo su corpus a Castilla», añade Marta Eva Castellanos.
«No se trata de buscar una cosa concreta, sino del espíritu general. León es quien genera la conformación y desarrollo de Castilla tal y como conocemos a este reino. Si América es Castilla replicando su propio modelo, la génesis indiscutible de todo sustrato es León», apunta Asensio.
México en León
La ruta de estos leoneses que construyeron México, que se mestizaron con sus habitantes, que se empaparon en su cultura y se fusionaron con ella la tiene bien traza en la ciudad el profesor Felipe Santamarta.
Una lápida en la fachada de la iglesia de Santa Marina, que fue colegio de los Jesuitas y germen de una frustrada Universidad de León, recuerda a Gonzalo de Tapia, nacido en León en 1561, uno de los primeros alumnos del colegio jesuita de la ciudad, considerado el primer mártir de México, fundador de la primera misión de jesuitas en Nueva España, conocedor a la perfección de al menos seis lenguas indígenas, entre ellas el tarasco y el otomí, martirizado después de ordenar el azote del indio Nacabeba, que se negaba a profesar la fe y que le daría luego muerte. La lápida conmemorativa de Santa Marina lleva el escudo mexicano de Sinaloa, el de su familia, el de León y el de los Jesuitas. Tampoco volvió. Está enterrado en Taborapa, Sinaloa.
La otra huella, la del regreso, la de México en León, es directa en la torre del Palacio de los Condes de Luna. Llega a través de un matrimonio. María Cortés de Zúñiga, nacida en Cuernavaca, hija de Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano, primer marqués del Valle de Oaxaca, conquistador, explorador, fundador, capitán general y escritor español, y de Juana Ramírez de Arellano y Zúñiga, acabaría casándose con Luis Fernández de Quiñones y Pimentel, V conde de Luna. Que la plata de Hernán Cortés pagó el bellísimo torreón renacentista queda claro en el escudo, en el que las armas de Cortés aparecen junto a las de los Quiñones. Ese mestizaje se volverá a producir luego con la vuelta de los indianos y sus riquezas a su tierra de origen.
De Francisco Antonio de Lorenzana y Butrón, el Cardenal Lorenzana, nacido en León en 1722, se malconserva el palacio familiar en la plaza Torres de Omaña. Historiador, liturgista y humanista ilustrado, recogió y publicó las actas de los primeros concilios provinciales de México, convocó el cuarto concilio provincial mexicano, escribió una ‘Historia de la Nueva España’ en la que recogió las cartas de Hernán Cortés, creó un museo natural y legó su herencia a los más desprotegidos. Regresó a Roma, donde pudo llegar a ser Papa y donde murió y fue enterrado inicialmente en la iglesia de Santa Cruz de Jerusalén con un epitafio que resume su obra: ‘Aquí yace el padre de los pobres’. En 1956, el Cabildo mexicano reclamó sus restos, que reposan en la cripta de los arzobispos de la catedral metropolitana de México, uno de los templos más importantes de América.
«Algo bueno haría para que México lo reclamara», reflexiona Santamarta.
Una explicación
«La res pública siempre ha obsesionado a España porque tuvo la necesidad desde el principio», explica Marta Eva Castellanos. Quizá por eso los documentos y la obra de los primeros leoneses en Nueva España son fundamentales para comprender en su extensión cómo sucedió y qué sucedió desde 1521, cuando Hernán Cortés, al mando de un reducido grupo de españoles y de una coalición de pueblos indígenas, conquistó la ciudad de Tenochtitlán, poniendo fin al poderoso Imperio azteca. Sin ellos, sin los tlaxcaltecas o los totonacas, sin los pueblos indios sublevados que temían y odiaban a los mexicas, Cortés, con un puñado de hombres, otro de caballos —algunas crónicas hablan de 16— y algunas armas, no hubiera podido ganar. Eso que muchos historiadores resumen ya como «México conquistó a México».
La estela leonesa en México se extiende hasta este siglo.
«Sobre los leoneses en México hay mucho que decir». Lo sostiene Adrián Ocaña Vázquez, investigador en formación en el área de Historia de América de la Universidad de León. Ocaña está terminando una tesis sobre ‘La emigración española a México (1898-1936). El caso de la provincia de León’. Un estudio detenido de la aportación leonesa a México. Y viceversa.
«Para hablar de la emigración leonesa a México en los siglos XIX y XX tenemos que enmarcarla en un fenómeno más amplio, definido por Nicolás Sánchez Albornoz como ‘emigración en masa’, que él ubicó cronológicamente entre 1880 y 1930. Entre estos años cruzaron el Atlántico más de tres millones y medio de personas, una corriente migratoria sin precedentes en la historia de España y, sin duda, uno de los fenómenos más importantes de la historia social contemporánea del país», explica Adrián Ocaña.
«Aunque los destinos principales tanto de la emigración española como leonesa fueron Argentina, Cuba o Brasil, en la que predominaron en actividades relacionadas con el campo, el caso mexicano es interesante por el componente comercial que conlleva. Para el caso leonés las llegadas a México suponen poco más del 2% del total de desplazamientos realizados a América, pero, si lo miramos desde la óptica contraria, la presencia española en México, comprobamos que León es la principal provincia de interior tomando como base el número de emigrantes afincados allí», aporta Ocaña.
Una emigración eminentemente masculina —el 86%— y joven —entre 15 y55 años—, es decir, en edad de trabajar. Iban con perspectivas de labrarse un futuro.
Algo más que aportó León
«El comercio español fue clave a la hora de configurar el funcionamiento del capitalismo mexicano, especialmente durante el periodo conocido como Porfiriato —el gobierno del general Porfirio Díaz—, que facilitó la entrada de capital extranjero para el desarrollo industrial del país y benefició enormemente a colonias extranjeras como la española. No en vano, historiadoras como Clara Lida denominaron a la española como una ‘inmigración privilegiada’. Y es cierto que consiguieron establecer redes locales que favorecieron su desarrollo en el país, especialmente en su capital, México D.F., y gracias a estas redes o cadenas migratorias muchos leoneses, especialmente de la montaña leonesa en su zona fronteriza con Asturias, llegaron a México y se establecieron en negocios regentados por paisanos suyos», explica Ocaña.
Y pone ejemplos significativos, que recoge en su tesis dirigida por Jesús Paniagua Pérez e Imelda Martín Junquera.
Como Manuel Álvarez, de Abelgas de Luna, que llegó a México en 1818, tres años antes de que culminara su independencia. En 1823 abandonó la capital mexicana y fue moviéndose por ciudades como La Habana o Nueva York. «Ya en 1824 lo ubicamos en Nuevo México, donde comenzó sus actividades empresariales. Su figura es más importante por su lado político y diplomático, pues llegó a convertirse en cónsul de los Estados Unidos en Nuevo México antes de que consiguieran anexionarla tras la firma en 1848 del Tratado de Guadalupe Hidalgo. Un proceso en el que Álvarez actuó como intermediario entre el gobierno mexicano y el estadounidense. Incluso fue nombrado gobernador en funciones de Nuevo México», relata este investifador en su tesis.
«Por supuesto, uno de los más importantes emigrantes leoneses en México fue Pablo Díez Fernández, impulsor de la Cervecería Modelo y de su famosa cerveza Corona. Un hombre forjado a sí mismo, natural de Vegaquemada, que llegó a México en 1905 para trabajar de panadero, pero que con tesón y aprendizaje llegó a ser el presidente del Grupo Modelo. Su amor por León llegó a representarse hasta en una cerveza del grupo, conocida como cerveza León. Pero también tuvo una aportación destacada en el ámbito de la filantropía en territorio mexicano, financiando la construcción del Sanatorio Español, el Hospital de la Cruz Roja Mexicana o el Instituto Nacional de Cancerología», añade Ocaña Vázquez. Nada como ese mestizaje en él. Tuvo siempre dos tierras, dos países. Por eso en la Basílica de La Virgen del Camino, a la entrada a la izquierda, hay una capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe. Y en el panteón de don Pablo en México hay dos vidrieras, una de la Virgen de Guadalupe y otra de la Virgen del Camino.
Adrián Ocaña cita también a otros dos emigrantes naturales de Rodiezmo de la Tercia, Gabriel Bayón Castañón y Julián Bayón García, que levantaron desde cero una empresa de venta de telas al por mayor bautizada como Gabriel Bayón & Cía. «Actualmente es Telas Bayón, la principal empresa de textiles de México», explica Adrián Ocaña.
El cura y guerrillero Barreñada
Quizá, uno de los leoneses más desconocidos es Félix Barreñada Martínez, apodado el cura Barreñada. Nació en 1869 en Valencia de Don Juan y se ordenó sacerdote en 1893. «En 1901 sabemos que estuvo en Orizaba (Veracruz) ejerciendo como sacerdote, siendo el párroco de Guerrero (Chihuahua) en 1910, año del comienzo de la Revolución Mexicana», cuenta Ocaña. En 1913, con la intención de defender a sus vecinos, creó la Guerrilla Barreñada, enfrentándose ese año a Pancho Villa —quien ya había intentado atraparle para fusilarle— en la defensa de Chihuahua. «Derrotó además con sólo cien efectivos a las tropas villistas, compuestas por 3.000 hombres, en el Ojo del Buey», apunta Adrián Ocaña.
En la memoria de esa migración quedan los nombres del matrimonio Antonino Fernández, nacido en Cerezales del Condado, y Cinia Gonzalez, que heredaron el fabuloso imperio de don Pablo Díez. O de Félix Gordón Ordás, veterinario y político republicano español, embajador ante México y presidente del Gobierno de la República española en el exilio. O Cesáreo González Diez, fundador y presidente de la Fundación Cepa González Diez y del Museo de la Emigración Leonesa. O la familia mexicana de Daniel Chávez Móran, vinculada a León desde hace dos siglos.
Ellos, junto con miles de leoneses anónimos, continuaron la senda del mestizaje, del intercambio, de la colaboración.
«La faceta filantrópica asociada a la migración leonesa en México hizo que muchos de ellos intentaran dar una parte de lo ganado en América a su tierra de nacimiento. Por ejemplo, los Bayón financiaron la construcción, en 1928, de la Iglesia de San Pedro de Rodiezmo, que ha seguido recibiendo financiación por parte de sus sobrinas, Marina y Sendy, para el buen mantenimiento del templo. Otro caso es el de Félix de Martino, oriundo de Soto de Sajambre, que emigró a México sobre 1888. Allí conocerá al asturiano Íñigo Noriega Laso —quien mandó construir la casa de indianos que alberga hoy el Museo de la Emigración Asturiana, la Quinta de Guadalupe—, amigo íntimo de Porfirio Díaz y con el que emparentará al casarse con su hija, Guadalupe Noriega. Félix se convirtió en un auténtico mecenas de su pueblo, pues financió la construcción de la Escuela de Soto de Sajambre, dotándola también del material didáctico más avanzado del momento. Y financió un jardín botánico conocido como Coto Escolar Martino-Noriega, así como el edificio del Ayuntamiento de Oseja de Sajambre, entre otras cosas», explica Adrián Ocaña.
«En el caso de Pablo Díaz, financió la restauración de la basílica de la Virgen del Camino, a quien profesaba auténtica devoción, encargando el proyecto a Francisco Coello y la decoración escultórica al importante artista Josep María Subirachs, quien trabajó, también, en la Sagrada Familia de Barcelona. Además, su obra filantrópica se ha mantenido en el tiempo a través de sus sobrinos, como es el caso de Pablo y Cesáreo González Díez, quienes emprendieron el exitoso proyecto de la Fundación Cepa González Díez, que a día de hoy lleva a cabo programas de emergencia social, proyectos educativos y culturales, con la financiación de becas, y se encarga del funcionamiento del Museo de la Emigración Leonesa, un espacio muy necesario para nuestra provincia, que pretende recuperar la memoria de los leoneses que tuvieron que emigrar», añade este investigador.
La nueva crisis diplomática
¿Tiene que pedir perdón España a México? ¿Tendría que hacerlo León?
«El hispanismo necesita voces», dice Diego Asensio.
«El intercambio ha sido constante desde que Hernán Cortés puso los pies en América hasta que lo volvieron a hacer los emigrantes leoneses que se fueron a México, un ejemplo clarísimo que queda ilustrado magnifícamente en el Museo de la Emigración Leonesa», dice Asensio.
«Hay algo que trasciende a la historia, que es intangible: la personalidad como nación, el carisma como nación marca cómo se establece uno en el mundo, cómo se posiciona», apunta Marta Eva Castellanos.
La toma de posesión de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha sido el último motivo de enfrentamiento entre México y España, una controversia diplomática entre los dos países a cuenta de la conquista de América. Ella cree que España debe pedir perdón. También los indigenistas y algunos historiadores y políticos españoles, como la exministra de Podemos Irene Montero. Ante un mural pintado por Diego Rivera, llamado ‘Epopeya del pueblo de México’, se dirigió al Rey para decir que «sería muy bueno» que viera este mural «y fijarse en los detalles» porque se daría cuenta «de que España sí tiene muchas cosas por las que pedir perdón al pueblo de México».
Es el regreso de la leyenda negra de España. A uno y otro lado del Atlántico, de la mar océana. Tiene una explicación. Lo argumenta desde la asociación hispanista y apolítica Héroes de Cavite su presidenta en León.
«España por siglos era la nación a combatir. Cercaba a Francia, aislaba y frustraba a Inglaterra, frenaba ambiciones dinásticas revestidas de cisma religioso en los Países Bajos, dominaba mares y océanos y era preeminente en ciencia, ingeniería, filosofía, teología, poliorcética (la disciplina que se encarga de construir fortalezas, bastiones, baluartes o fortificaciones, una de las artes marciales o de guerra dentro de la ingeniería militar), literatura y artes en general. Había que opacar todo esto, y a ser posible hacerla mínima, como con sus territorios americanos. Fue una labor universal, de todos los países, cada uno con sus propios motivos e intereses. Y funcionó, increíblemente hasta el día de hoy y dentro de nuestras fronteras. La lista de invitados de la investidura da la clave. La implosión y desmembramiento parece que sigue hoy», explica Marta Eva Castellanos.
¿Quién debe hacerlo?
«Cuando el presidente de México solicita las disculpas del rey de España o cuando en Barbados lo hace David Comissiong, ¿quién debe pedir perdón? ¿Los españoles cuyos antepasados vivieron en la península y forjaron aquí su futuro, o aquellos que aprovechando las coyunturas imperiales y/o culturales hicieron y hacen sus fortunas y fraguaron y fraguan su futuro en los lugares para los que ahora piden el perdón público?», les lanza como pregunta desde León a los revisionistas el investigador, humanista y catedrático de Historia de América de la Universidad de León Jesús Paniagua.
«En su concepción de la historia ellos no deberían estar ahí. De acuerdo a sus parámetros, en el caso de América deberían ser los descendientes de los indios, a los que se arrebató el territorio, que ellos también habían arrebatado a otros y que, como mexicas, incas o apaches, por poner algunos ejemplos, también los habían esclavizado y oprimido. Creo que ni unos ni otros deben pedir perdón, sino más bien colaborar en un proyecto que ayude a superar esas absurdas diferencias», añade Paniagua.
«Por lo visto, el ‘delito’ de España no prescribe, está al albur de las necesidades de diferentes presidentes débiles», sostiene la hispanista leonesa Marta Eva Castellanos.
«Ya se ha hecho (pedir perdón) en tres ocasiones al menos. Con motivo del reconocimiento en 1836 por parte de España de la independencia de México se hizo un acto de desagravio y amistad, posteriormente con motivo del centenario de esta independencia, en 1910, España fue invitada y se hicieron actos y regalos de amistad y desagravio y en 2019 el rey Juan Carlos I, en un acto con los indígenas en Oaxaca, hizo un acto de desagravio y amistad con intercambio de regalos», añade.
«España se extendió, creó más España en territorio americano, no colonizó. No ocupó puertos, extrajo materias, suplantó, exterminó y marchó. Puso virreyes, construyó, predicó, hizo caminos, puentes, acueductos, cabildos y cancillerías, universidades y hospitales. Hoy son los Patrimonio de la Humanidad de estos países. Pero además tienen tesoros intangibles como el idioma español, aunque éste lo impusieron las repúblicas como elemento cohesionador. Hoy es la segunda lengua materna, después del mandarín, en millones de hablantes, y creciendo, pero la primera con proyección internacional, la que más traduce y a la que más se traduce y con espléndido futuro en el ciberespacio. Eso es futuro y provecho sabiendo aprovecharlo», apunta Castellanos.
«El perdón se está convirtiendo en una palabra vacía al servicio de políticos demagogos. Es muy frecuente que países e instituciones soliciten el perdón por sus actividades históricas. ¿Eso ha cambiado las condiciones reales de los habitantes de esos lugares? En absoluto, siguen siendo igual de pobres y ricos que antes, se levantan cada mañana con los mismos problemas... En otras palabras, resulta inalterable todo aquello que el perdón histórico no soluciona y que ni siquiera despierta el interés del común de los mortales». Lo sostiene el catedrático de Historia de América Jesús Paniagua.
«¿Qué significaría para un leonés que las autoridades italianas pidieran perdón por haber explotado indiscriminadamente nuestras riquezas auríferas? Lo mismo que para un mexicano de Taxco, un colombiano de Barbacoas, un ecuatoriano de Zaruma, un peruano de Huancavelica o un boliviano de Potosí que lo hiciera el rey de España. Sin embargo, a muchos políticos y eclesiásticos, grupos que tienden a guardar una gran semejanza puesto que les gusta la prédica y confesión de los pecados de los demás, han encontrado en el perdón histórico una forma de sobrevivir y ocultar sus debilidades e incompetencias, porque el revisionismo histórico puede prestarse a todo. La historia no es estática, para ningún pueblo ha sido un camino de rosas, más bien de espinas», añade Jesús Paniagua.
«¿Culparemos de nuestras desgracias a fenicios, griegos, romanos, judíos, bárbaros y moros? A la postre somos el producto de todos ellos, y en la medida en que los asimilemos y lo concibamos como un valor, seremos capaces de avanzar. Se puede reivindicar el pasado, pero no podemos convertirlo en el futuro después de que la inmediatez de los acontecimientos pierda en buena medida su sentido», reflexiona Paniagua.
«La historia no se puede borrar. El pasado podemos reinterpretarlo y falsearlo, pero los acontecimientos ocurridos siguen existiendo. Revisar no es ahondar en la búsqueda de la verdad, sino en manipularla en función de unos intereses. El revisionismo lo que hace es convertir ese pasado en un instrumento a favor de quien lo manipula», añade el catedrático de Historia de América.
¿Importa el debate?
«La gente está en otras cosas». A Marta Eva Castellanos le da la razón Santiago Arias, consultor en comunicación política y publicista, mexicano e hijo de migrantes leoneses. En la casa mexicana de su abuela hubo siempre un par de madreñas en la puerta aunque no se usaran nunca.
«No creo que exista realmente una polémica más allá de la que quieran llevar a cabo los políticos de ambos países por sus propios intereses», apunta Arias. Y va más allá. «El factor que más ha influido en mi integración en España es ser mexicano. El cariño y el entendimiento que existe entre ambas culturas me ha abierto las puertas», cuenta Santiago Arias.
«Creo que en México se ha vivido desde una perspectiva distinta; no sólo mirando a España, a la Corona o a la historia, si no a las desigualdades que siguen existiendo en el país y que se mantienen vivas desde el virreinato. La polémica profundiza esa narrativa y ha servido al gobierno mexicano para resurgir un enemigo común. Tampoco se puede olvidar que México fue invadido por lo menos en seis ocasiones por países extranjeros después de su independencia: España, Francia y Estados Unidos). Eso deja una cicatriz difícil de sanar en la historia de cualquier pueblo», explica este mexicano español leonés.
«Creo que casi nadie leyó la carta que inicia la polémica. En España siento que se ha reaccionado de una forma muy visceral y atendiendo únicamente a algunos aspectos de la carta. Ambos países han perdido una oportunidad de sanar heridas del pasado», añade.
«Mas que un debate real es cuestión de una ‘herida’ que diferentes grupos no dejan cerrar, de forma cíclica se vuelve a actualizar. México como nación y grupo, nace del mestizaje de las etnias y culturas prehispánicas con la española. Esto va mucho más allá de la propia genética, es un intercambio de ideas, visión y creencias que se crean y reinventan para ser algo nuevo que no existía; Parafraseando a la historiadora Sonia Corcuera: es la mezcla de lo tuyo y lo mío, para formar lo nuestro». Lo explica con nitidez Ana Beatriz Castañón Fernández, hija de Venancio Castañón Bayón de Rodiezmo de la Tercia y de Angela Antonia Fernández de Vegamián. Su padre abrió la panificadora Virgen del Camino en 1960 y ese sigue siendo el negocio familiar.
«Soy muy consciente de quién soy, hija de emigrantes de la montaña leonesa, nacida en México. Amo a México por que soy mexicana, amo a España porque soy española leonesa», dice. «En mi tengo integradas todas mis realidades y soy parte de las dos culturas a las que cada vez que se presenta oportunidad, defiendo tenazmente», añade.
"Cada época tiene su propia visión. México siempre ha acogido a los emigrantes con distintos grados, desde la aceptación plena hasta momentos de conflicto fluctuantes mas no graves. A su llegada el emigrante fue generalmente arropado por los ya residentes, entre conocidos, familiares y en los centros españoles. En la Ciudad de México a principio del siglo XX se funda el Sanatorio Español. En su seno se forma la junta de Covadonga y son parte de ella el Club España, Centro Gallego, Centro Asturiano, Agrupación Leonesa y Centro Montañés. Cada quién con lo suyo preservando sus raíces y todos juntos como una comunidad que ha sido muy activa y presente en el desarrollo económico del país. Todos ellos fueron fundamentales para quienes llegaron en ola migratorio que se dio de finales de principio de siglo a mediados de los años 70 del. Con la conciencia de ser emigrante español y procrear una familia mexicana, y por ello sostener las dos partes en los descendientes, lo español y lo mexicano siempre con orgullo de ambos. Esto dio el justo equilibrio y sentido a quienes tuvimos la fortuna que nuestros padres tuvieran esa visión", explica esta hija de emigrantes leoneses en México.
Santiago Arias, como Ana Beatriz Castañón Fernández, son parte de eso que Adrián Ocaña denomina «la evolución de las redes sociales en la colonia leonesa» y que originó la Agrupación Leonesa de México, una asociación en la que los leoneses mantienen viva las tradiciones de su tierra y la de sus antepasados a miles de kilómetros de ella.
«A la presidenta de México habría que decirle que pocas lecciones nos puede dar quien desconoce la propia historia de su propio pueblo», apunta la historiadora medievalista Margarita Torres.
«El pasado no se niega, se acepta y se corrige si es necesario, pero no a base de perdones, que son síntoma de un nuevo proceso colonizador, ahora planteado desde una posición de superioridad que permite a algunos ‘dirigentes’ marcar las líneas del progreso de la sociedad, declarando que hubo un imperio que nos explotó y que ahora yo aprovecho para colonizar tu mente y tu futuro en función de mis intereses», concluye Jesús Paniagua.
«Hoy más que nunca, hay que aceptar la historia para no llenar vacíos con ideologías y dejarse de absurdas peticiones que atienden a motivaciones políticas, pero que no ponen el foco en lo realmente importante: una parte de España y de León está en el corazón de México, pero México también está en el corazón de los españoles, y por supuesto, de los leoneses». Lo dice con orgullo Adrián Ocaña Vázquez el día que se celebra el 12 de Octubre, Fiesta Nacional de España, fecha en la que se conmemora también la llegada de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo aquel 12 de octubre de 1492.
«No eran de España, eran España», zanja Marta Eva Castellanos. Esa España que navegó en un navío leonés que llevó ideas a México.

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De León a México en telas

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