Retratos Mineros’, la exposición del Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León que pone cara al duro oficio del que vivió el Valle de Sabero siglo y medio
La mirada que no se pierde

Miguel Ferreras lleva un casco puesto y mira a la cámara con los brazos cruzados y una expresión que delata, si uno se fija bien, dolor. Acaba de salir del hospital, después de un aparatoso accidente, pero nadie ha podido impedir que acuda desde su casa en La Ercina a la cita con el fotógrafo en el museo, su museo. Allí se guarda la memoria de la mina, y a él, que desde muy joven ha sido minero, que ha visto muchos accidentes y perdido algunos compañeros en el tajo, el dolor intenso que todavía padece no le va a impedir ser uno más de un nuevo proyecto de este centro. Detrás, Jose Dos Reis, también con casco, se apoya en un hacho. Sus apellidos y el color de su piel dan una idea de su procedencia. Jose ´el negro´, como todos los vecinos del valle le conocen cariñosamente, salió hace décadas de su país, Cabo Verde, una pequeña isla perdida en la costa africana, rumbo a una vida mejor en Europa, previo paso por Portugal, la metrópoli. El destino quiso que después de varios meses de marinero en el Mar del Norte, acabara encontrando esa vida mejor como picador en las entrañas del Valle de Sabero. Cuando recibió la llamada, cogió sus herramientas y se presentó, siendo de nuevo minero , en el museo.
Luciano Patiño les observa a ambos. Tiene 92 años, pero ha llegado conduciendo su coche y sonriente y hablador como siempre. Elige una lámpara de seguridad del museo y posa con ella. Su apellido le incluye en la larga lista de gallegos que cruzaron el Sil, huyendo de la miseria de la aldea. Tras su paso por muchos oficios , entre ellos minero en las peligrosas y míticas minas de Wólfram en Casaio, Orense, recaló en la Cuenca de Sabero, y allí sigue décadas después. Nunca falta a los actos del museo y en esta ocasión no iba a ser menos. También gallego es Telmo González, que luce el escudo de la empresa Hulleras de Sabero en su mono de trabajo y se aferra a una pica de mina, recordando los muchos años que fue picador , muy buen picador. Como Patiño, es uno más del valle, con una larga familia creada y en sus ojos, que miran fijamente a la cámara, se refleja todavía el negro de la mina. Tampoco puede ocultar su lugar de origen Paulino Baptista, ´Pol´, que llegó joven desde su pueblo, cerca de Guimaraes en Portugal. Con el casco y el mono es uno más, pero cuando se le saluda por Sabero o se le escucha hablar en algún acto del museo, su perfecto castellano con acento portugués inconfundible le delata. Minero en muchas minas, importantes y chamizos, como él dice, fue barrenista en el Pozo Herrera de Sotillos y uno de los vecinos del valle hasta hoy por la fuerza del amor. Manuel Latas es uno de los culpables de que todos hayan pasado frente a la cámara, así que tenía que predicar con el ejemplo. Por eso posa con su casco y su hacho al hombro, con los ojos muy abiertos, recordando aquel día en que , a pesar de haber tantas minas en Asturias, su tierra natal, decidió venir a trabajar al valle. Y aunque el cierre de Hulleras de Sabero le obligó a seguir picando en otros lugares, nunca dejó Olleros y su compromiso con su pueblo de adopción le ha llevado incluso a ser concejal del Ayuntamiento de Sabero y Presidente de la Junta Vecinal de Olleros. Comprometido y mucho ha estado también Francisco García, alcalde 28 años y concejal 34 en el Ayuntamiento de Sabero. Posa sin casco porque su trabajo no se desarrolló en el interior de la mina, pero fue uno de los cientos de ´mineros de exterior´, que, en lavaderos, talleres o en oficinas, como fue su caso, conformaron una plantilla que en sus buenos años paso de las tres mil personas. De fotógrafo a fotógrafo. Así mira Carlos García el objetivo que le apunta. Todos le conocen como Kubala, porque ya desde niño despuntó en el futbol, primero como jugador y luego como árbitro, emulando al mítico jugador húngaro. Ahora recoge con su cámara y en sus redes el pasado y el presente minero del valle. Técnico de organización, ´controlista´ en la empresa, su historia es un buen resumen del auge y el final de la minería en la zona. Después del cierre de Hulleras, pasó por diversas empresas, que han ido cerrando , hasta jubilarse como trabajador del museo, un guía apasionado que encontraba en las explicaciones al visitante la mejor forma de no olvidar el veneno de la mina. Junto a él, Hipólito Novo, ´Poli´, sujeta entre sus manos unas curiosas llaves inglesas. En la mina no todo son pica y hacho. Eran las herramientas en su trabajo como electromecánico, en un pozo, el Herrera II, muy moderno y mecanizado. Su apellido tiene ecos gallegos, no en vano su padre fue otro de los emigrantes de aquella tierra. El fin de la mina le hizo cambiar sus llaves inglesas por el andamio y la paleta, reconvirtiéndose en albañil y constructor , e incluso por la bandeja y la cafetera, como hostelero, todo por no dejar su pueblo, Olleros. Vicente Jiménez dedicó muchos años de su vida a perforar las galerías de Sotillos, con su profesión de barrenista, preparando con esmero todo para la explosión controlada que debía seguir abriendo paso a los mineros. Posa con su uniforme de aquellos años, aunque el reloj brillante que luce no lo hubiese podido meter a una mina tan peligrosa como la que conoció. Lo que si metía y hoy no puede ocultar en la fotografía, es una gran sonrisa, siempre presente. Le costó ser minero, porque por su corta edad y estatura, no le querían aun dar trabajo. Sin embargo, Gregorio Blanco , ´Goyo´, fue y sigue siendo uno de los grandes de la mina en la zona. Por eso, quien en el Pozo Herrera llegó a ser Vigilante de Primera, es hoy presidente de la Cofradía de Santa Bárbara de Cistierna y colaborador indispensable del museo. Mira al fotógrafo todavía con la mirada de aquel niño que se empeñó en entrar en la mina, mientras sujeta una lámpara de seguridad como las que tanto le acompañaron en las inspecciones de las galerías. Esa mirada es también la protagonista del cartel anunciador de la exposición ´Retratos mineros. Las mil caras de Santa Bárbara´, de la que Miguel, Jose, Patiño, Telmo, Pol, Manuel, Francisco, Kubala, Poli, Vicente y Goyo, comparten protagonismo con Chema, Corralín, Francisco Javier, Paco, Gonzalo, Hormigo, Jaime Mota, Arean, Espadas, Juan, Kiko, Lari, Lario, Laudelino, Luis, Manolín, José Luís, Nano, Pin, Popi, Ricoy, Ribao, Roberto, Simines, Valeriano y Zapico hasta completar las 38 miradas que han posado para el fotógrafo Ruben Mediavilla, vecino de Olleros de Sabero, que quiso rendir un pequeño homenaje a sus paisanos, recordando en sus fotos en blanco y negro su pasado minero y el orgullo que todos sienten todavía de él . La idea fue recogida por el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León, que la transformó en una exposición formada por grandes retratos impresos en lonas que se pueden ver en los soportales exteriores del museo y que debido a sus constantes visitas ha sido prorrogada hasta finales del mes de marzo.