Diario de León

APROVECHATEGUIS EN LA NUEVA ERA

Poceros de las energías limpias

Detrás de las nuevas instalaciones fotovoltaicas proyectadas sobre los antiguos cielos abiertos están los mismos empresarios que durante décadas explotaron el carbón de las minas. El plan para construir el norte de León y el sur de Asturias en una gran pila eléctrica revela sorpresas

Vista aérea de Alinos con el lavadero principal de Uminsa y la zona de apile de carbón. 

Vista aérea de Alinos con el lavadero principal de Uminsa y la zona de apile de carbón. nardo villaboy

Cristina Fanjul
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Cristina Fanjul
León

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La muerte de cinco mineros ha provocado un tsunami que obvia el mar de fondo de una economía que ha vuelto a arrojar a la orilla la resaca de la corrupción. Con el cierre de La Escondida, hace ya casi siete años, todos (no todos) pensaron que se secarían definitivamente las balsas de descomposición con el que el negocio de la minería llenó la trastienda de la sociedad. Pero los tajos se sellaron en falso y ese pretendido cierre nunca fue tal o, al menos, no tal y como lo cuentan.

Como ocurre con la paradoja del gato de Schrodinger, la minería tiene la virtualidad de estar muerta y viva al mismo tiempo; estaba muerta cuando — treinta años atrás— drenaba los pozos de ambición y sigue viva ahora, a pesar de que creímos que el dinero de Europa los había anegado. Los empresarios compraban explotaciones cuando el certificado de defunción llevaba años firmado con la misma libertad con la que vendían carbón que no salía de sus tajos. Todo fue siempre un juego de artificio, pólvora que distraía la atención para que nadie viera que en la térmicas lo que se quemaba era el dinero público, que los pueblos y sus habitantes eran moneda de cambio para el pelotazo de unos pocos, cecas que hacían prosperar carreras y haciendas mientras sus siervos se hundían entre capas de carbón. Sindicatos, alcaldes, Gobierno, gobiernos autonómicos, juntas vecinales... entre todos pusieron a la opinión pública el pañuelo de los amantes de Magritte para distraer la atención de la mentira de ese pretendido tesoro que acabó con la economía de las cuencas.

El presidente del Principado, Adrián Barbón

El presidente del Principado, Adrián BarbónEFE / J. L. ZEREIJIDO

Barbón cuenta con los sindicatos que no vieron nada

El presidente del Principado, Adrián Barbón, que ha tachado de «partidista y política» la comisión que se va a constituir en el parlamento asturiano para investigar el accidente en la mina de Cerredo, ha asegurado que cuenta con los sindicatos mineros «para llegar hasta el final en este caso». Y todo eso a pesar de que ningún agente sindical denunció la situación que se vivía en Degaña, no se sabe si por desconocimiento o desinterés. Estas declaraciones las hizo al intervenir en el acto de apertura del VII Congreso del SOMA-FITAG-UGT y después de que la coalición que le sustenta tratara de torpedear la investigación parlamentaria sobre el accidente que el 31 de marzo costó la vida a cinco mineros, que salió adelante por los votos de PP y Foro, el respaldo de Vox y de la diputada del Grupo Mixto, Covadonga Tomé. El accidente, el más grave registrado en Asturias en las tres últimas décadas, tuvo lugar por una explosión de grisú que costó la vida a cinco leoneses y provocó heridas a otros cuatro que al parecer se encontraban extrayendo carbón en el nivel tercero. El accidente provocó que la consejera de Transición Ecológica, Industria y Comercio del Principado, Belarmina Díaz, dimitiese hace dos semanas, lo que ha conllevado una remodelación del Gobierno que preside Barbón.

Con el horizonte puesto en el final, algunos aprovecharon el tirón de la UE para comprar minas vacías y subarrendar la vida de cientos de trabajadores con los que construir un ejército y extorsionar al país. Miles de millones después, las minas se clausuraron, el carbón se convirtió en un proscrito y, para que nunca más viera la luz del sol, a los empresarios se les regó con ayudas al cierre. Ese castillo de artificio se liquidó, pero como en la historia del príncipe de Salina, todo cambió de manos para quedarse en las de siempre. La herramienta del tahúr fueron las liquidaciones y los concursos de acreedores, juegos con los que despistaron el destino final de propiedades, derechos de explotación o arriendos entre unas empresas y otras que, en algunos casos, ni siquiera cambiaban el CIF.

Pasados doce años, creíamos que la tragedia de los seis de Tabliza no volvería a repetirse... hasta el 31 de marzo. Como en Casablanca, los responsables políticos y sindicales improvisaron aquel día su ensayada indignación — ¡Qué escándalo, en este local se juega!— repetían ante las cámaras. Llevaban meses mirando hacia otro lado porque otra vez la excusa del empleo les daba la coartada perfecta.

La historia de entonces se repetía como el eco de una caracola. De nuevo, las empresas llegaban a los pueblos con la promesa de generar empleo y riqueza, se reunían con alcaldes y les dibujaban proyectos cuya única solidez era la posibilidad de este de anunciarlo en rueda de prensa. Publicidad gratis a cambio de no hacer preguntas. «En los últimos tiempos han convencido a la administración de que les autorice la explotación de minas abandonadas con la disculpa de investigar la existencia de grafito, del que dicen que es escaso y muy valioso. Hay una materia prima universal y baratísima para fabricar grafito: el coque de petróleo, que contiene más del noventa por ciento de carbono y cuesta solo cincuenta euros por tonelada. A pesar de ello pretenden producirlo mejor y más barato picándolo a mano en una mina subterránea», destaca un ingeniero de Minas.

Coque para hacer grafito

Un dron permitiría juntar las piezas del bosque de esta nueva reconversión, uno que envía las imágenes de la economía que se fragua a golpe de pelotazo, solo que ahora hay topos que horadan lo que aún queda de carbón y águilas que vuelan hacia cielos más ventajosos. La tonelada de carbón ha multiplicado su precio por diez y ahora se paga a no menos de 600 euros. Demasiado dinero para dejar que se pudra en almacenes, escombreras y en el interior de las minas. Vuelven a abrirse o, al menos, así se intenta, almacenes y lavaderos. Además, regresa la economía subvencionada que nunca se fue. Blue Solving tenía concedida una ayuda para aprovechamientos alternativos del carbón, como la elaboración de «grafito».

La empresa — que forma parte de un «holding» en el que también están Carbones La Vega y Cristal Mining— adquirió Cerredo al empresario Rodolfo Cachero que, a su vez, lo compró en la liquidación de CMC, una de las sociedades de Victorino Alonso que en el epílogo se había quedado en 371 trabajadores, explotaciones a cielo abierto paralizadas o clausuradas por los tribunales y una única mina de interior, la que el 15 de abril se cobró la primera pieza política, Belarmina Díez, consejera de Industria del Principado. Había sido directora general de Energía y Minería y presidenta de la Comisión Regional de Seguridad Minera. Pero cinco muertos después, no sabía nada...

Cerredo, en Degaña, Pilotuerto, en Tineo, Tormaleo, en Ibias, Cangas de Narcea... Todas ellas en Asturias, están dedicadas a la explotación — o al menos eso dicen— de la antracita premium con fines de investigación. Dos de ellas pertenecen al conglomerado de Blue Solving, mientras que Pilotuerto es administrada por Special Anthracites, y Cangas es propiedad de TyC La Mata Special Reaserch, que la adquirió en la liquidación de Carbonar. Este es el territorio del topo. La nueva especie ha mutado al levantar el vuelo, pero su naturaleza sigue bajo tierra.

Las pilas de los cielos abiertos

Hay en marcha nuevos usos para el vampiro de la economía. Una lluvia de subvenciones a fondo perdido convirtió las minas en un no muerto que ahora regresa al calor de la cultura woke. En la frontera negra entre Asturias y León, Tragsa alquila la maquinaria a los antiguos expoliadores del territorio con los fondos llegados desde Bruselas. El dinero de Europa nunca ha dejado de alimentar a los dueños del carbón. Lo publicaba este periódico hace dos años: La empresa estatal contrata maquinaria de empresas relacionadas con Victorino Alonso para la restauración de la Gran Corta de Fabero así como en Buseiro, Tormaleo y Cerredo. Fueron Uminsa y CMC, propiedad del magnate, las que las habían explotado y, por lo tanto, quienes tenían la obligación de rehabilitar esos espacios naturales. Sin embargo no fue así y todos callaron cuando las empresas engordadas con fondos de todos — Ferpi Transporte, Mackina Westfalia y Obras o Peninsular de Contratas— arrendaron la reparación con cargo a los fondos Next Generation... la próxima generación... pero ¿la de los ciudadanos o la que se cuela a la Red Eléctrica? Porque la transformación de todo el territorio quemado por el carbón en un área industrial de energías limpias lleva la firma de los empresarios Victorino Alonso y Manuel Lamelas Viloria.

El grupo Vilorias Lamelas propone cuatro centrales de bombeo reversible: Cerredo, Buseiro, Navaleo y Velilla del Río Carrión. Las dos últimas serán explotados por CDR Tremor S.L y ambas recibieron subvenciones del Perte ERHA de 2024. Las que el industrial planea para Cerredo y Buseiro se sitúan sobre zonas restauradas por Tragsa y contemplan lagos donde CDR instalará los depósitos de agua para la central. En un dibujo imaginario, la línea de puntos delimita el triángulo de convergencia con los vértices ocupados por tres nombres. Tragsa, CDR y ... resulta que todos estos territorios, salvo Navaleo, llevan el hierro de la ganadería Uminsa.

Las instalaciones reversibles de Cerredo y Buseiro incluyen dos lagos — la técnica obliga a bombear el agua de un depósito superior y dejarla caer por gravedad al más bajo para generar energía— que habría que excavar sobre terreno de roca con el consiguiente coste económico. Sin embargo, el proyecto para Cerredo aprovecha como depósito superior el hueco que quedó de la explotacion del cielo abierto y solo se perforaría el vaso inferior, que pagará Tragsa con fondos de la UE. Hay más puntos que convergen en la transformación de la gran vertiente carbonífera asturleonesa en una pila eléctrica que produce sin contaminar, al menos sobre el papel.

El vuelo del dron revela que la nueva demarcación energética orbita en la esfera de Victorino Alonso. En el año 2021, Genelec Invest presenta un proyecto de hidrógeno verde que requería la construcción de cinco parques fotovoltaicos. Se situaban en Fabero, Ponferrada, Toreno y Páramo del Sil (en este último se construirían dos). Cada uno de ellos tendría una potencia de 10 MW, excepto el de Toreno, con cinco. La planta fotovoltaica de Fabero está ya en construcción, mientras que la de La Recuelga fue aprobada en octubre de 2024 por la Junta de Castilla y León pese a rodear a un lavadero e instalaciones mineras calificadas BIC por Patrimonio. La estación de hidrógeno se levantaría en Alinos (Toreno), en el paraje de Chana de Lillo, con una producción de 12,5 MW.  El plan tiene previsto utilizar las líneas eléctricas de Desil, Distribuidora Eléctrica del Sil. Tanto Fabero como La Recuelga se encuentran en terrenos que pertenecieron a Uminsa y que hoy están en manos de Promining.

La restauración de Gran Corta de Fabero ha sido un negocio redondo. Es una de las mayores en superficie y presupuesto, alrededor de 37 millones de euros. Además de contratar maquinaria de empresas vinculadas a Alonso, la propia restauración incluye instalaciones que se ubican en un MUP arrendado por Prosimet, negocio cuyo cordón umbilical conecta con el útero del empresario. Fuentes consultadas por DIARIO DE LEÓN aseguran que las naves están junto al parque de Tragsa. Además, anexa al perímetro de restauración se sitúa la planta fotovoltaica prevista, extremo que permitiría en un futuro su ampliación. El club Xeitu y las juntas vecinales de Lillo y Otero de Naraguantes son piedrecitas que han mellado las ruedas de los gigantes que horadan el territorio. Las cartas aún están sobre la mesa. Veremos...

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