Aprender al otro lado del espejo
Las consecuencias del cambio de paradigma en la educación son impredecibles. La revolución tecnológica ha conquistado las aulas sin que la administración tenga muy claros aún cuáles y dónde deben estar los límites. La prohibición de los teléfonos móviles en los centros choca con la licencia para que las pantallas sean el nuevo medio de adquisición de contenidos. En el centro del debate hay dilemas éticos e intelectuales imposibles de rehuir

Imagen generada de una clase del futuro
El uso de las nuevas tecnologías en la educación oscila entre integrados y apocalípticos. Tal y como defendía Umberto Eco en el ensayo homónimo, la dialéctica educativa se podría enfocar desde el prisma de los que consideran que la eliminación de los libros y su sustitución por ordenadores en el aula puede tener efectos positivos y aquellos que, por el contrario, advierten de la perversión que puede provocar en el aprendizaje de los alumnos. La colonización que de colegios e institutos han hecho las nuevas tecnologías es un hecho. Ya no hay clase en la que no estén presentes y en muchas de ellas los dispositivos han sustituido a los libros de texto en virtud a los acuerdos de los centros con las grandes tecnológicas, que se han convertido en el mediador entre el profesor, el alumno y los padres. Es una perspectiva educativa inédita que genera además un nuevo mercado a través de la creación de contenidos.
Por esa razón, tanto los defensores como los detractores convergen en un punto fundamental: el uso de las pantallas debe estar controlado por el docente con el fin de evitar que su utilización se contamine. La disyuntiva se fragua en el crisol de un presente que va muy rápido y genera demasiados intereses. Administración, empresas, editoriales, centros educativos...
Poner a todos ellos en común para proteger el bien superior del educando precisa de una cocción lenta y responsable.
Por lo pronto, la Consejería de Educación de la Junta no tiene datos de la implantación de las pantallas en las aulas de la provincia ni da a conocer los beneficios o perjuicios que el uso de las nuevas tecnologías tiene sobre los alumnos y su progresión académica. Esta imprecisión informativa también es relevante y da una idea de hasta qué punto la sociedad —y la administración— van por detrás del desarrollo tecnológico y empresarial.

Miguel Ángel González Castañón
««El argumento de que los niños expuestos a más pantallas obtienen peores resultados es una afirmación gratuita. Hay quien las aprovecha bien y quien no, igual que ocurre con cualquier recurso educativo», sostiene»
En el año 2021, la Fundación Iseak y la Cotec publicaron un informe —y un posterior artículo de investigación de Lucía Gorjón y Ainhoa Osés— sobre la utilización de la tecnología del alumnado que participó en las pruebas PISA del año 2018. Según los investigadores, un uso excesivo de tecnología en el aula —casi diario— estaba asociado a un empeoramiento de resultados en relación con un uso más moderado e incluso bajo. El informe concluía la existencia de una relación entre el uso de las TIC en la escuela y el desempeño de los estudiantes en matemáticas en 22 países de la OCDE. En todos los casos, el uso excesivo se asocia con un menor rendimiento académico. Basándose en técnicas de ponderación de probabilidad inversa, los resultados indican que el uso muy intensivo de las TIC en la escuela provoca un rendimiento inferior de los estudiantes equivalente a aproximadamente la mitad de un curso académico en tres países: Estonia, Finlandia y España. Estos resultados alertaban de la necesidad de asegurar que la integración de las tecnologías en las escuelas fuera acompañado de metodologías pedagógicas bien fundamentadas; evaluado con frecuencia; y apoyado en la actualización continua de las competencias digitales de los docentes.

Imagen de Enrique Javier Díez Gutiérrez
«La tecnología, sin un acompañamiento pedagógico, puede amplificar las desigualdades y la brecha digital, en lugar de reducirlas»
«Verá. El uso de pantallas en el aula no es una cuestión de blanco o negro, sino de cómo, cuándo y para qué se utilizan. Integrar la tecnología en la educación, con supervisión y un enfoque pedagógico claro, puede ser la clave para formar a ciudadanos competentes en el mundo digital, sin perder de vista los riesgos y la necesidad de un acompañamiento constante», destaca Miguel Ángel González Castañón, psicólogo clínico y orientador educativo. Sostiene por ello que negar el uso de las tecnologías en el aula «es una locura» y defiende que son el mejor recurso educativo que hay ahora mismo, si se utiliza bien. La clave, según el experto, está en el enfoque pedagógico y la supervisión. «Los chavales, lógicamente, prefieren jugar en Minecraft que atender a las causas de la Revolución francesa», reconoce para explicar la necesidad de vigilancia y control. «Y no olvide que los estudiantes son capaces de saltarse los filtros y acceder a contenidos no educativos».
Ventajas pedagógicas
No obstante, para González Castañón, las ventajas de las tecnologías en el aula son numerosas y van mucho más allá de la simple digitalización de los libros de texto. «Hoy puedes hacer simulaciones, utilizar la realidad virtual, vivir experiencias que antes solo podías imaginar.
El material de estímulo es mucho más atractivo, permite respuestas inmediatas y refuerza el aprendizaje», explica.
El experto destaca que las TIC han multiplicado la cantidad de lectura y escritura, no solo entre los estudiantes, sino en la sociedad en general. «Las tecnologías de la información y la comunicación han conseguido que la gente lea y escriba mucho más», afirma, aunque matiza que el auge de los mensajes de voz está cambiando esta tendencia. No obstante, el uso de pantallas también entraña riesgos. Precisa que un mal uso —como el acceso a juegos, vídeos no educativos o incluso contenidos inapropiados— no es un problema exclusivo de la escuela, sino un reflejo de la sociedad.
«La escuela es un reflejo de lo que pasa fuera. Criticamos a los adolescentes por el uso del móvil, pero los adultos también estamos todo el día enganchados», apunta. El psicólogo insiste en que la vigilancia y la educación en el uso responsable de la tecnología deben ser parte integral del proceso educativo, y que la prohibición no es la solución. «El argumento de que los niños expuestos a más pantallas obtienen peores resultados es una afirmación gratuita. Hay quien las aprovecha bien y quien no, igual que ocurre con cualquier recurso educativo», sostiene.

El responsable de Educación de Google, Gonzalos Romero
«La tecnología permite a los docentes simular laboratorios, realizar excursiones digitales a cualquier lugar del mundo o examinar modelos 3D de objetos históricos o biológicos»
El catedrático de Educación de la Universidad de León, Enrique Javier Díez Gutiérrez, advierte contra la tentación de abordar el debate desde posiciones extremas: «Oscilamos entre amar la tecnología o rechazarla, pero esta visión es reduccionista. El verdadero problema no es cuánto se usa la tecnología, sino cómo y para qué se utiliza, y desde qué enfoque pedagógico».
Se pregunta qué es lo que hoy en día se entiende como éxito y critica que el informe de la Fundación Iseak parte del supuesto de que el éxito académico es el mismo para todos los estudiantes. Sin embargo, llama la atención en el hecho de que desde un enfoque inclusivo y social, las barreras están en el entorno y cuando se mide el aprendizaje académico únicamente en virtud a términos estandarizados de rendimiento lo que se valida en realidad es una única forma de aprender, «rápida y lineal» cuando, en su opinión, la mayoría de los jóvenes tienen una forma muy diversa de acercarse y de comprender la realidad que no solo es verbal ni lineal. «La sociedad a la que educamos es muy diversa y no podemos valorar solo a aquellos que son capaces y excluir a quienes más lo necesitan», defiende.
Para el investigador, el reto no es otro que la adaptación de la educación a los cambios sociales y tecnológicos sin perder de vista el objetivo de formar ciudadanos críticos y competentes e incide en que el uso de herramientas digitales debe ir acompañado de un cambio metodológico que fomente la comprensión, la creatividad y la participación activa de los estudiantes. «Además, la tecnología puede ser una aliada para la inclusión, siempre que se utilice de manera adecuada. El éxito educativo no puede limitarse a resultados estandarizados. Aprender implica desarrollar habilidades cognitivas, emocionales y sociales, no solo memorizar contenidos para una prueba», apunta el investigador. Por eso, advierte que la tecnología, sin un acompañamiento pedagógico, puede amplificar las desigualdades y la brecha digital, en lugar de reducirlas.
El profesor, que coordina un trabajo sobre Investigación educativa y justicia social, destaca que la sociedad actual es más diversa que nunca por lo que, a su juicio, la educación debe responder a esa pluralidad. Defiende para ello la necesidad de una educación personalizada, en la que la tecnología juegue un papel clave, especialmente en aulas con ratios elevadas y alumnado con diferentes necesidades. «No se trata de adaptar la pedagogía a la tecnología, sino la tecnología a la pedagogía y a la metodología que vamos a utilizar», sostiene. Pone como ejemplo el modelo inclusivo DUA (Diseño Universal para el Aprendizaje), que permite ofrecer múltiples formas de acceso y comprensión de la realidad, adaptándose a los distintos estilos y ritmos de aprendizaje. Por ello, propone una serie de cambios en la formación docente y en los planes educativos. «Mucho de lo que analizamos en la investigación son cosas que tenemos que recuperar, como los movimientos de renovación pedagógica de los años 70», explica Enrique Javier Díez, que propone asignaturas transversales como ecología, educación democrática o convivencia, en torno a las cuales las materias instrumentales —como lengua o matemáticas— tengan sentido y aplicación práctica. Asimismo, subraya la importancia de que los profesores tengan experiencia profesional y formación práctica, no solo teórica, para poder guiar a los estudiantes en el uso significativo de la tecnología.
"Aprender implica desarrollar habilidades cognitivas, emocionales y sociales, no solo memorizar contenidos para una prueba»
El catedrático sostiene que uno de los principales riesgos es la ampliación de la brecha digital. «El problema no es la tecnología, son las políticas públicas. Sin acompañamiento pedagógico, la tecnología no va a reducir desigualdades; de hecho, las amplifica», alerta, y añade que los estereotipos de género siguen influyendo en la representación de las chicas en contextos tecnológicos, lo que requiere una intervención específica desde la educación. «El problema no es la pantalla, es el paradigma pedagógico-educativo porque el aprendizaje debe ser un viaje apasionante que parta de los intereses y la realidad de los alumnos, y la tecnología puede ayudarnos a lograrlo, si sabemos cómo y para qué usarla», dice.
"El enfoque colaborativo con diversos expertos ayuda a asegurar que las herramientas sean relevantes, efectivas, y se adapten a las necesidades reales del aprendizaje y bienestar de los alumnos"
La llegada de los ordenadores a las escuelas ha provocado el trasvase de los conocimientos que antes se «transportaban» en los libros de texto a las pantallas. Los conocidos como Chromebooks —portátiles basados en el sistema operativo de Google— se han convertido en el medio de aprendizaje de un gran número de centros. La propia IA de Google contesta de la siguiente manera cuando se le pide información acerca de este tipo de aprendizaje epistemológico:
«Los Chromebooks, a pesar de sus beneficios en educación, también presentan desafíos. Entre ellos se encuentran la dificultad para ejecutar software especializado y la dependencia de la conexión a internet. Además, pueden generar distracciones para los estudiantes, afectando su concentración y retención de conceptos. La facilidad con la que se pueden acceder a juegos y otras aplicaciones web puede generar distracciones, reduciendo la concentración y la capacidad de retención de conocimientos», destaca la inteligencia artificial, que detalla que, si bien existen herramientas de control parental, como Google Family Link, el control del uso del dispositivo por parte de estudiantes puede ser difícil en el aula y en casa. Añade que entre los problemas de privacidad están la recopilación de datos de navegación y la posibilidad de que esta información sea compartida con terceros y advierte que el uso excesivo de dispositivos electrónicos puede afectar la concentración, la retención de información y la atención, según algunos estudios. Asimismo «la facilidad de acceso a la información, la comunicación y la gratificación instantánea puede generar adicción a la tecnología, lo que puede afectar el rendimiento escolar».

Un niño estudia bajo la modalidad de educación a distancia
«Hoy puedes hacer simulaciones, utilizar la realidad virtual, vivir experiencias que antes solo podías imaginar. El material de estímulo es mucho más atractivo, permite respuestas inmediatas y refuerza el aprendizaje»
En 1987, Marshall McLuhan establecía que la información había dejado de ser un instrumento para producir bienes económicos y se había convertido en el principal de los bienes. Hoy, esta afirmación es más cierta que entonces porque más que nunca, el medio se ha convertido en el mensaje. Y los colegios no son una excepción. La cultura de masas ya no se cifra con base en la televisión, el cine o los medios de comunicación. Las redes sociales y las grandes corporaciones tecnológicas nos han convertido en siervos de la gleba que cosechan y aran sus campos con las semillas que, además, les pagamos como tributo.
El catedrático Enrique Javier Díez Gutiérrez considera que toda tecnología digital lleva implícita una ideología y subraya que los medios tecnológicos tienen dueños e intereses corporativos. «Los centros educativos se están convirtiendo en granjas extractivistas de datos con los que podrán predecir nuestros comportamientos y venderlos», alerta. Afirma el profesor que esos datos son el oro blanco del siglo XXI y lamenta que estemos cediendo nuestra soberanía digital. «Las comunidades autónomas dejaron en manos de las plataformas hegemónicas la información del alumnado al tiempo que dejaron morir las plataformas de código abierto y públicas construidas por el profesorado y las comunidades educativas, como Adalinez en Andalucía». Añade que las tecnológicas ponen muchas facilidades a los centros educativos con el fin de que sean las primeras herramientas con las que los niños trabajen. «Crean entornos de consumidores y los alumnos aprenden en ellos las habilidades requeridas para el futuro mercado digital y el consumo de sus productos». Asimismo, advierte que puede que la pretensión sea que los algoritmos de la IA registren la actividad de cada alumno. «Ya se habla de naciones digitales», lamenta al tiempo que reivindica la socialización de la nube y el desarrollo de infraestructuras digitales públicas que lleven a poner en manos del ciudadano la producción digital para avanzar en la «democracia digital». «Hay que ser cautos y darnos cuenta de la posibilidad de que los algoritmos dominen nuestra forma de pensar porque quien los genera implantará un sesgo ideológico».

Imagen recreada de un mundo dominado por las pantallas
Una de las empresas que más implicación tiene con la educación es sin duda Google. A través de sus diversas herramientas y programas, la tecnológica juega un papel fundamental en la transformación de la enseñanza a través de la oferta de recursos innovadores para crear experiencias de aprendizaje más atractivas, efectivas y personalizadas. El director de Google Education Iberia, Gonzalo Romero, precisa que en el desarrollo de sus productos, colabora con una amplia variedad de expertos en educación, incluyendo investigadores académicos en pedagogía y organizaciones en ciencias sociales y conductuales, como American Institutes for Research. «También recogemos aportaciones de docentes que actúan como beta testers y consultores informales e inspiran muchas funciones», añade. Además, Romero asegura que este enfoque colaborativo con diversos expertos les ayuda a asegurar que las herramientas sean relevantes, efectivas, y se adapten a las necesidades reales del aprendizaje y bienestar de los alumnos.
Considera además que el futuro de la enseñanza se dirige hacia una mayor personalización del aprendizaje gracias a avances como la IA, la creación de experiencias más atractivas, enriquecedoras e inmersivas. «Además, la tecnología impulsará la revaluación de cómo se mide el progreso de los alumnos y buscará formas más rápidas, justas y eficaces de evaluar», subraya. Defiende Gonzalo Romero que las tecnologías emergentes, como la realidad aumentada y la realidad virtual, tienen un potencial significativo para hacer el aprendizaje «más atractivo, inmersivo y enriquecedor». «Permiten a los docentes ofrecer experiencias que serían difíciles o imposibles de llevar a cabo de otra manera, tales como simular laboratorios, realizar excursiones virtuales a cualquier lugar del mundo o examinar modelos 3D de objetos históricos o biológicos», precisa.
También se refiere a la brecha digital que sufren los alumnos con menos recursos socioeconómicos y asegura que Google ha desarrollado soluciones como ChromeOs Flex, que puede renovar dispositivos antiguos, o aplicaciones como Read Along, que funcionan sin conexión en teléfonos de bajo coste y facilitan así el acceso a recursos educativos.
El responsable de Educación de Google hace hincapié en que las herramientas digitales ofrecen ventajas en diversas áreas, como la posibilidad de traducir un texto a múltiples idiomas o el apoyo a la alfabetización y la lectura con asistentes virtuales como Read Along. «Se ha demostrado además que el juego puede ser muy prometedor en la enseñanza».