Muere el Trasllambrión, el último glaciar de León
El Trasllambrión sucumbe al calor y desaparece. El último rastro glaciar de León se ha derretido. Ha muerto. Con él se acaba la historia escrita en hielo de la provincia. Queda sólo su huella. Un arañazo en la montaña, una estría de otros tiempos. Un hueco en la montaña. La tumba del último hielo. La muerte del glaciar

Así ha quedado el Trasllambrión, un puñado de nieve. Ya no es ni un helero. La foto se tomó el 10 de octubre de 2025.
Bajo la cumbre queda el silencio. El paredón que protegía el último hielo de León y su imponente sombra no fue suficiente. El Trasllambrión, el último glaciar que quedaba en la provincia, se ha extinguido. El 10 de octubre, Javier Santos González, geógrafo, profesor del Grado en Geografía y Ordenación del Territorio de la Universidad de León, y el equipo del Grupo de Investigación de Geomorfología, Paisaje y Territorio, Geopat, de la ULE, ascendieron hasta el helero. Eligieron un día soleado, estable, de principios de otoño. El hielo sólo puede verse cuando el verano llega a su fin, el resto del año está cubierto de nieve. Tres horas de ascenso casi en manga de camisa. A los pies de la Torre del Llambrión, 2.642 metros, bajo la cresta de Torre Blanca, 2.617 metros, en uno de los rincones más alejados de zonas habitadas, a dos grados, a 2.400 metros de altura, comprobaron que del glaciar apenas quedaba un pequeño manchón de hielo, un puñado de pasos a lo ancho y a lo largo. “Apenas 15 metros por 20”, explica Javier Santos González.
Santos y el equipo de Geopat llevan desde el 2004 subiendo prácticamente cada año para ver la evolución del helero. Para tomar medidas, para certificar, año tras año, la lenta extinción del último glaciar leonés.
“Llegó a tener unas 10 hectáreas y hay testimonios escritos y fotografías donde se ve la gran extensión de nieve y hielo que había en verano”, dice Santos González. “A primeros de los años 90 había ya un retroceso grande y a comienzos del siglo XXI tenía en torno a 1,5 hectáreas, dividido ya en tres sectores”, hace memoria este profesor de la ULE que enseña a sus alumnos el estado actual del helero y las huellas de antiguos glaciares. “A pesar de unos años con más nieve, entre 2009 y 2020 que frenaron el retroceso y que hizo que el hielo no fuera visible, la poca nieve y el mucho calor de estos últimos años ha hecho que haya tenido un fuerte retroceso”, dice. “En 2023 la superficie ya era de menos de 0,5 hectáreas”, añade. En 2025 prácticamente se ha fundido.
Al Llambrión lo alimentó el frío de la Pequeña Edad del Hielo, entre los siglos XIV y XIX, entretiempo helador en medio del periodo cálido del Holoceno, que comenzó hace 11.700 años y en el que aún vivimos. Dejó una historia congelada tejida en una red de neveros, pozos de nieve, ventisqueros y glaciares justo después del óptimo climático medieval, un periodo de clima extraordinariamente caluroso que duró desde el siglo X hasta el XIV. Y se sabe además que durante la conquista romana de la provincia, las legiones no encontraron ni un sólo tramo de hielo.
Mucho antes, durante la Última Glaciación, se formaron en la Montaña de León grandes lenguas glaciares que ocuparon muchos valles. El mayor de toda la Cordillera Cantábrica y uno de los mayores de la Península Ibérica fue el del Sil. Ocupó cerca de 450 kilómetros cuadrados desde la Babia alta a Palacios del Sil y parte de Murias de Paredes, Villablino y Páramo del Sil. Después fueron haciéndose más pequeños y muchos desaparecieron. Hasta que llegó la Pequeña Edad del Hielo.
El Trasllambrión era la última reliquia de un tiempo de hielo aunque en realidad hacía ya bastante que había quedado reducido a un helero, una especie de glaciar ‘congelado‘, sin movimiento, sin lengua, sombreado por la segunda cresta más alta de la provincia, apenas un rastro de aquella masa de hielo que estaba por encima del límite de las nieves perpetuas, en el macizo de Los Urrieles, que llegó a tener 500 metros de espesor y una lengua de seis kilómetros de largo y casi uno y medio de ancho.
León no bebe del agua de los glaciares, como en otras partes del planeta, pero la pérdida del Trasllambrión es un golpe al patrimonio natural del Parque de Picos de Europa.
“Los glaciares son una fuente importante de agua en muchos países, regulan el clima de la Tierra, generan paisajes muy singulares y han esculpido las montañas de gran parte del mundo, por lo que su legado perdura incluso cuando no están presentes. Son una parte fundamental del planeta, explica Javier Santos.
No queda ninguno ya en la Cordillera Cantábrica. Ni rastro del de La Palanca ni de La Forcadona. Y está moribundo el Jou Negro, en la frontera de Asturias, en parte enterrado por bloques de piedras caídos de la ladera. Lo que queda de hielo está debajo. “Quizá estas lluvias hayan acabado con él”, lamenta el profesor de la ULE.
Su pasión por las montañas le llevaron hasta los glaciares, “que las han esculpido muchos tiempo”. Los ha perseguido en la Patagonia, Tierra del Fuego, Canadá, Islandia, Nueva Zelanda, los Alpes, la Antártida o Pirineos. Y en León, su huella. “Las formas que dejaron los glaciares son muy notables y, para entender esa formas, hay que conocer cómo eran”, dice. Eso le llevó a viajar hasta lugares donde aún existen.
Hay nostalgia en su voz. "De alguna manera sientes que estás viviendo el final de una época, y tiene un punto de tristeza saber que ya no habrá hielo que buscar la próxima vez y que desaparece un elemento muy singular de los Picos de Europa".
Lamenta la extinción del glaciar leonés. Y recuerda el paisaje que contempló en octubre, cuando el estío se resistía a desaparecer en la provincia. “Un paisaje de alta montaña caliza, que forma prácticamente un desierto de roca, con formas kársticas como dolinas y lapiaces, y algunos neveros. El agua se filtra y sólo son visibles grandes paredes rocosas que forman las cumbres más altas y espectaculares de Picos de Europa. Cerca están las morrenas, las pequeñas lomas de rocas sueltas que dejó el glaciar durante la Pequeña Edad del Hielo”.
Es lo que queda. Eso, y el silencio, roto por el paso de rebecos y por el estruendo de las rocas precipitándose desde el paredón. El tiempo dejó un legado excepcional que ha desaparecido. El corazón helado del Trasllambrión ha dejado de latir. Es la muerte del pequeño glaciar, el último de León.

La muerte de un glaciar

La muerte del un glaciar

La muerte de un glaciar

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La muerte de un glaciar

Vista de los circos del Trasllambrión y la Palanca, un glaciar también extinto, tomada por Saint Saud en 1893.
La muerte de un glaciar

La muerte de un glaciar

La muerte de un glaciar

La muerte de un glaciar

La muerte de un glaciar
