Diario de León

El corrector es la red de seguridad del escritor

«Respecto a la IA, yo creo que puede llegar a modificar mucho la forma en la que se trabaja, pero siempre será necesario un reducto humano de revisores», Jorge Morla, periodista en ‘El País’ y escritor

El material de composición se utilizaba antiguamente en las imprentas y el corrector hacía la última revisión.

El material de composición se utilizaba antiguamente en las imprentas y el corrector hacía la última revisión.JAVIER QUINTANA

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No hay mejor manera de definir el papel de un corrector que como lo hace su propia asociación (UniCo, Unión de Correctores): «La corrección es una profesión tan invisible como necesaria. La misión del corrector consiste en mejorar el texto de un autor. Las mejoras pueden ser de muchos tipos, pero la finalidad es siempre la misma: que el texto comunique con rigor lo que el autor pretendió al escribirlo».

Myriam Mieres Gutiérrez, leonesa de La Pola de Gordón afincada en Madrid desde la infancia, es licenciada en Filología Inglesa, correctora y traductora de inglés y francés. Colabora con editoriales y empresas de sectores diversos (educación, moda, turismo, marketing, comunicación…). Durante varios años también ha subtitulado series, películas y documentales para una cadena francófona. Es socia de la Unión de Correctores y de Cedro. Debido a todo este bagaje, puede opinar con criterio sobre el mundo del corrector.

«Tradicionalmente, se corregían los libros y los periódicos, pero, desde hace varios años, cualquier persona o empresa publica textos. Y es preciso revisar todo lo que se escribe: eslóganes publicitarios, textos para redes sociales, artículos, instrucciones de aparatos, invitaciones de boda, prospectos de medicamentos, envases de productos o subtítulos de películas y series. Hasta quien se hace un tatuaje debería asegurarse de que ese texto esté revisado. Del mismo modo que no saldríamos a la calle con una mancha en la camisa, no deberíamos publicar textos que contengan errores. Las empresas se juegan incluso su prestigio, pues unos textos impecables transmiten credibilidad y confianza», analiza Myriam.

La gordonesa es una veterana de la profesión: «Empecé corrigiendo libros en papel con el sistema tradicional de los signos de corrección para varias editoriales; eso implicaba recoger los libros en la editorial y llevarlos de nuevo o recibirlos y entregarlos por mensajería. Más tarde llegaron trabajos del ámbito del marketing de contenidos, donde he corregido artículos para blogs y textos diversos para redes sociales en distintos programas y plataformas como Word, Excel, PowerPoint, Google Docs, PDF, InDesign, WordPress o HubSpot. También reviso textos traducidos con programas de traducción asistida como memoQ. Actualmente, casi todo el trabajo se hace de forma digital».

El mundo de la corrección no se ha salvado del avance de las nuevas tecnologías y el uso de la inteligencia artificial (IA). «Los avances tecnológicos siempre son útiles en nuestro trabajo, y nos toca ir aprendiendo y probando las herramientas que van apareciendo. El corrector de Word detecta muchos errores y por eso es esencial que ningún texto se considere terminado sin esta revisión, que siempre debemos supervisar para evitar sorpresas desagradables. Lo mismo sucede con la IA: podemos utilizar las herramientas de revisión disponibles para agilizar el proceso y asegurar la coherencia de los textos, pero no puede faltar nuestra lectura final. Ninguna herramienta sustituye la mirada reflexiva y atenta del corrector humano, al menos todavía no», expone la correctora.

Cartel de aparcamiento para carga y descarga que hubiese necesitado la revisión de un corrector antes de su colocación.

Cartel de aparcamiento para carga y descarga que hubiese necesitado la revisión de un corrector antes de su colocación.NORBERTO

Myriam Mieres ahonda en el tema: «Creo que, más que la IA, lo que puede acabar con el trabajo del corrector es, por un lado, la falta de compromiso con la calidad de algunas editoriales y medios de comunicación, que han ido prescindiendo de forma progresiva de la revisión humana y por eso a veces leemos textos con tantos errores. Con la excusa de la inmediatez y la urgencia, se saltan una fase imprescindible del proceso de creación textual, lo que a veces hace que ni siquiera se entienda bien lo que quiere decir el autor del libro o del artículo. Por otro lado, este oficio todavía es bastante desconocido fuera del sector editorial, pero cualquier empresa que tenga una página web o un blog en el que publique contenidos puede solicitar la revisión de sus textos a un corrector antes de publicarlos. El corrector es la red de seguridad del redactor».

En esta idea coincide Jorge Morla, periodista leonés que trabaja en El País y que entre 2020 y 2024 estuvo en la sección de Edición del periódico de tirada nacional, la cual incluye la parte de la corrección. «Tras la pandemia, se creó una sección de edición muy grande. Nos encargábamos de corrección ortotipográfica. Es el último mecanismo de control entre el redactor y el lector final en papel. Respecto a la IA, yo creo que puede llegar a modificar mucho la forma en la que se trabaja, pero siempre será necesario un reducto humano de revisores».

Hay que explicar que esta sección se encarga de escoger los temas para la edición en papel del periódico de entre todos aquellos publicados en el digital. «Desde mi punto de vista, esta sección es como la élite del periodismo, ya que en el ámbito online todo es muy rápido. No será la sección más glamurosa ni valorada, y, sin embargo, tiene profesionales como la copa de un pino decidiendo sobre párrafos y titulares. El periodismo es una labor colectiva. Creo que todos en el periódico deberían pasar por ella. Ahora que ya la dejé, estoy convencido de que todos mis textos mejoran cuando pasan por allí. Igual que, en su momento, yo mejoraba los de otros compañeros. Me afiló mucho el instinto periodístico y aprendí lo que no está escrito», asegura convencido Morla.

En sus inicios, la UniCo realizaba una cacería fotográfica de erratas por las calles de las ciudades, coincidiendo con el Día del Corrector de Textos (27 de octubre), que se ha cobrado piezas tan valiosas como anuncios de paella mista y rebuelto, muy sabrosos, sin duda, pero mal escritos, o el elije de un cartel de un banco. También destaca el anuncio de se vende jaita jalleja. El laboravobles de la imagen que acompaña este artículo también habría caído en sus redes.

EL VALOR DE LA HEMEROTECA

Como el de corrector es un oficio antiguo, buceando en la hemeroteca del Diario de León, se pueden encontrar valiosas palabras al respecto, como las de Marta Prieto Sarro: «La labor de corrección implica una lectura pausada y concienzuda, un modo de leer, en definitiva, diferente a aquel que se realiza por puro placer. De ambos se aprende, pero corregir te obliga a comprender el sentido preciso que un autor ha querido imprimir a una frase, a reflexionar sobre si una repetición se usa o no con fines expresivos, a proponer una alternativa, a comprobar una fecha o un nombre… Me parece que un buen corrector es algo a así como un buen escritor in pectore. Y que los buenos autores son capaces de ver en su corrector a un aliado. Corregir libros te hace incapaz de volver a leer sin tener un lapicero a mano (o en el pelo, que es donde se me quedan a mí los lapiceros)».

El escritor y corrector editorial Alberto Rodríguez Torices comentó en 2017 que es precisamente su labor como corrector la que le ha hecho darse cuenta de que en la actualidad el lenguaje vive una cierta sensación de abandono. «No sé si hace 20 años se escribía mejor, pero resulta innegable que hoy existe cierta renuncia al rigor». Torices insistió en que somos víctimas de la celeridad como norma de vida. «Todo tiene que suponer un ahorro de tiempo y la comunicación vista así tiene un coste. La rapidez va unida a la comodidad, a una renuncia al esfuerzo y al final el lenguaje sufre las consecuencias». Para él, es necesario reflexionar sobre este modo de vida.

Por su parte, Eugenio Olegario Álvarez, corrector de la Editorial Everest desde 1979 hasta su cierre, hablaba de «cómo la terminología ha cambiado. Lo que antes era el corrector tipográfico y el corrector de estilo pasó a ser el técnico editorial. Lo cual no quita para que el trabajo siga incluyendo el seguimiento, acoso, detención y eliminación de las temidas erratas e inexactitudes. Como, por ejemplo, que en algún libro de texto se diga que un hombre murió antes de nacer». Porque Eugenio tenía que estar atento no solo a las letras sino a los conceptos, a la entera contextualización del texto. Esto le sirvió para actualizar un libro de Geografía añadiendo el último gran tsunami.

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