Diario de León

Las grietas de los gigantes de hormigón

Los pantanos de Luna, Porma y Villameca concentran grietas de seguridad que, según el ingeniero Jesús Contreras, suponen un peligro real para la seguridad. La falta de inversión, la ausencia de implantación de los planes de emergencia y los fallos en los sistemas de seguridad hidrológica son algunos de los problemas que afectan a estos pantanos. «¿Eso es grave? A mi me parece que sí», dice con rotundidad el ingeniero

Las lluvias anegan el pantano de Luna

Las lluvias anegan el pantano de LunaDL

Cristina Fanjul
LEÓN

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Las presas de León son una de las grandes obras públicas del siglo XX en España. Permitieron transformar ríos imprevisibles en sistemas regulados capaces de sostener agricultura, producción eléctrica y abastecimiento urbano. Durante décadas han funcionado con notable eficacia. Pero como cualquier infraestructura compleja, su fiabilidad depende de algo esencial: el mantenimiento. «Muchos de los gigantes hidráulicos españoles están a punto de entrar en una fase crítica de su vida útil», advierte Jesús Contreras, vocal de la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y de la Ingeniería Civil. La alerta no está de más en León, provincia con una de las mayores capacidades de embalse del norte de España. Solo Riaño, Porma y Bárcena acaparan 1.309 metros cúbicos. Pero además, hay que sumarles siete más: Villameca, Barrios de Luna, Matalavilla, El Cobanallo, Casares de Arbás, Las Rozas y Campañana. Todos ellos forman parte del sistema que controla los ríos Esla, Porma, Luna y Sil, cursos de agua caracterizados por su comportamiento irregular. Las estaciones de control solo registran los datos hidrológicos propios del embalse. Reciben y supervisan datos en tiempo real de otros embalses gestionados por terceros. La instrumentación instalada en cada embalse permite conocer el nivel de embalse, el volumen de embalse, estado de los órganos de desagüe y el caudal desembalsado, con los correspondientes balances hídricos, pero nada más. Y eso a pesar de que todos estos pantanos fueron levantados el siglo pasado y pueden llegar a contener millones de metros cúbicos. Al desaguar liberan energía y alimentan los regadíos de León y de Castilla, pero un problema puede generar una catástrofe humana y medioambiental por lo que exigen mantener una vigilancia constante de su maquinaria técnica, extremadamente compleja. Jesús Contreras lleva décadas de experiencia en el ámbito hidráulico y observa este sistema con una mezcla de respeto y preocupación. «Verá, las presas españolas son, en general, seguras, lo que no quiere decir que todo esté como debería», indica.

Uno de los problemas más acuciantes es la falta de implantación de los planes de emergencia, sobre todo en las presas catalogadas como categoría A. Este nivel engloba a los pantanos cuya rotura o funcionamiento incorrecto puede afectar gravemente a núcleos urbanos o servicios esenciales con peligro de muerte, o producir daños materiales o medioambientales muy importantes. Es decir, su clasificación no depende del tamaño de la presa, sino del impacto potencial de provocar grave riesgo a la vida humana. El ingeniero destaca que en el Duero solo dos o tres tienen implantado el plan de emergencia, mientras que el resto espera su turno. «No me equivoco si digo que en León no hay ninguna gran infraestructura que lo tenga. ¿Eso es grave? A mi me parece que si. Verá, un plan de emergencia en un cajón de un ingeniero no sirve para nada porque quiere decir que no está prevista la intervención de Protección Civil, Guardia Civil, Policía y de los ayuntamientos». Añade que, además, para que los planes se cumplan debe producirse una divulgación a la población porque de nada vale que suene una sirena si la gente no sabe dónde tiene que ir y qué cosas no puede hacer. Hace cuatro años, la por entonces delegada del Gobierno, Virginia Barcones, anunció que los planes se pondrían en marcha en Barrios de Luna, Selgas de Ordás, Porma, Riaño, Valdesamario y Villameca para que las obras estuvieran finalizadas en 2024. Sin embargo, el año pasado, un documento del Miteco dilucidaba que las presas de Barrios de Luna, Villameca, Valdesamario, Riaño, Porma y Camporredondo disponían de plan de emergencia aprobado, pero no había sido aún implantado. Este periódico ha tratado de contrastar la información con la CHD sin éxito.

Para entender cuál es el estado de las presas, Contreras distingue entre dos conceptos fundamentales de la ingeniería hidráulica. El primero es la seguridad estructural, que se refiere al estado del cuerpo de la presa. El segundo es la seguridad hidrológica, relacionada con la capacidad de evacuar agua durante una crecida. «La seguridad hidrológica tiene que ver con los órganos por los que una presa puede evacuar avenidas», explica. Estos órganos son fundamentalmente dos: los aliviaderos, situados en la parte superior, y los desagües de fondo, en la base del embalse. Los desagües de fondo cumplen una función crucial. Contreras utiliza una imagen sencilla para explicarlo. «El desagüe de fondo es como el tapón de una bañera». Permite liberar agua desde la parte inferior del embalse para mantener niveles seguros antes de una avenida. El problema es que, según estudios del propio Ministerio, muchos presentan dificultades. «En general, el 50% de los desagües de fondo tienen problemas», afirma.

Dentro del sistema leonés, el ingeniero considera que algunas presas funcionan sin problemas significativos. Es el caso del embalse de Riaño, el mayor de la provincia. La presa, de bóveda de doble curvatura y más de cien metros de altura, almacena alrededor de setecientos hectómetros cúbicos. «Riaño yo creo que no tiene problema», señala.

Las presas están clasificadas según riesgo potencial. En caso de rotura, se simula una onda de avenida que baja por el cauce, en la que se calcula el tiempo que tarda en llegar, la altura del agua y la velocidad. «Una rotura puede generar una lámina de agua de hasta siete metros de altura, equivalente a dos pisos y medio, y velocidades de seis metros por segundo. Es como un tsunami. Si con más de un metro de calado y más de un metro por segundo de velocidad, la supervivencia es muy difícil, a seis metros por segundo es devastador», lamenta Contreras.

El agua del pantano de Riaño, en caso de rotura, llegaría a Crémenes. No habría tiempo de evacuación en caso de rotura de la presa en situación de avenida fluvial. La llegada de la onda sería inmediata, en cero minutos. La cota máxima de la onda llegaría en 30 minutos. Boñar dispondría de 16 minutos desde la rotura de la compuerta de la presa de Juan Benet y 29 hasta la llegada de la máxima ola. Algo más de tiempo si lo que se rompe es la compuerta: 42 minutos desde el incidente y una hora y 11 minutos para la cota máxima de la onda. Menos tiempo tendrían en Los Barrios de Luna: un minuto desde la rotura de la presa y 3 si se rompe la compuerta. A Sabero, el agua de Riaño llegaría en 23 minutos y a La Robla, el agua de la presa de Casares de Arbás en dos horas y 27 minutos. Canales-La Magdalena tendría 27 minutos para evacuar antes de que llegara la avenida desde la presa de Barrios de Luna, apenas un minuto en el pueblo que está a los pies de la presa y Rioseco de Tapia 13 minutos para ponerse a salvo si se rompe la de Selgas de Ordás.

Las problemáticas

Las preocupaciones del ingeniero se centran especialmente en dos grandes embalses del sistema leonés: Porma y Barrios de Luna. Ambos tienen una enorme capacidad de almacenamiento y cumplen una función clave en la regulación del agua. Sin embargo, Contreras cree que podrían existir deficiencias en los sistemas hidráulicos. «En el caso del Juan Benet (Porma) incide en que hay un problema de insuficiencia en los órganos de desagüe. Subraya que las propias publicaciones del Miteco hablan de tres niveles: los que son incapaces de atajar la avenida por los aliviaderos porque no están en condiciones, los que no son capaces de sacar la avenida de proyecto y los que tienen unos órganos de desagüe cuya apertura a veces genera dudas porque no se sabe si podrán ser cerrados o si los mecanismos estarán en condiciones. «En el Juan Benet creo que puede haber un problema de mantenimiento significativo en todos los equipos para el manejo de compuertas en los aliviaderos y los desagüe de fondo», asegura. Lo achaca al hecho de que no se han abierto a menudo los desagües o al hecho de que tienen problemas de mantenimiento. «Hay algo que no está resuelto y lo mismo ocurre en Barrios de Luna. Estos están dentro de lo que el ministerio cataloga, no sé hasta qué punto, como con insuficiencia de la seguridad hidrológica».

Contreras incide en que son embalses de 300 hectómetros cúbicos y tienen mucha capacidad de laminación, «por lo que si funciona un desagüe de fondo y otro no, son capaces de aliviar y mantener un nivel de seguridad para que cuando llegue una avenida, el ingeniero se pueda manejar con lo que tiene para mantener un nivel de seguridad que le deje tranquilo. «Lo malo es que en el caso de que pase algo, el que se enfrenta con el problema es él».

El caso más singular del sistema leonés es el embalse de Villameca. Aquí el problema no se encuentra en los mecanismos hidráulicos, sino en el propio material de la presa, que los expertos califican de seguridad estructural. El hormigón utilizado contiene áridos pizarrosos que con el paso de los años se ha vuelto permeable. «El paso del agua a través del hormigón puede terminar degradándolo», avisa Jesús Contreras. Y si bien es cierto que para solucionarlo se han realizado trabajos de impermeabilización — se ha construido una pantalla aguas arriba con morteros, cementos y resinas epoxi para intentar evitar filtraciones— la estructura requiere vigilancia constante. «Si no se actúa pronto, esa presa puede tener un problema pronto porque sigue teniendo filtraciones», advierte.

Vigilancia constante

El experto deja claro que la red implica un reto permanente de vigilancia técnica. Para las presas concesionadas, el ministerio reconoce en un documento interno de 2023 sobre la seguridad que iba muy retrasado en las revisiones. Tienen un ingeniero en cada una de las confederaciones para este tema y el mismo expediente hablaba de 1.690 presas. En la CHD han puesto uno. «En los últimos años, se ha reducido el personal en las confederaciones en un 20% y eso no puede ser. Hay confederaciones, como ocurre en la del Ebro, que tienen 17 presas a cargo de un solo ingeniero. Son 24 horas al día, siete días a la semana y 375 días al año y la responsabilidad es solo tuya», denuncia. «Además, no te dan medios suficientes». Para Contreras el gran problema es que el Estado es titular de 375 presas, pero es el encargado de fiscalizar y gestionar la seguridad de todas. «¿Cómo va a sancionarse o a expedientarse a sí mismo»?, humoriza. Para él resulta imperativo la creación de un organismo independiente que vele por la seguridad. Va más allá en la denuncia y pone el foco en la formación de los responsables del ministerio. «De los 16 altos cargos a nivel nacional que gestionan el agua, solo seis son ingenieros de caminos. Hay de todo, maestros, estudiantes... el secretario de Estado tiene estudios en Derecho que no acabó, la directora general es abogada. No están capacitados para los cargos que ocupan. Si no sabes lo que es un metro cúbico por segundo o un desagüe de fondo, no sé yo si eres consciente de la importancia de lo que gestionas. De los presidentes de las confederaciones solo cuatro son ingenieros de caminos. Son todo puestos políticos y no debería ser así», lamenta. El experto explica que este proceso se ha agravado ahora, pero coloca el origen de todo en el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. «Él se carga el plan Hidrológico Nacional, los trasvases, la inversión en presas e implanta la nueva cultura del agua cuyo lema es «Presas, No», explica.


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