Diario de León

Señorío de Nava, un pedazo de León en la Ribera del Duero

La empresa leonesa controla el 8% de la producción de vino de la denominación de origen, exporta el diez por ciento de ella y ahora afronta el reto de elaborar varios Rueda para completar la oferta de caldos de alta calidad

Publicado por
R. BLANCO | TEXTO
León

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Cuando a mediados de los años sesenta un grupo de bodegueros leoneses unieron su capital y su experiencia para crear Bodegas Vinos de León, una denominación común que les facilitase salir al mercado con mayores posibilidades de éxito, difícilmente podrían imaginar que llegarían a vender veinte millones de botellas de vino de mesa al año, que su expansión también los llevaría al Bierzo, que el 10% de su producción sería exportada, sobre todo a Estados Unidos, Centroamérica, Escandinavia y los países del Báltico, y que, cuatro décadas después, iban a controlar el 8% de la producción de caldos de Ribera del Duero. En los recuerdos de quien ha guiado los destinos de la bodega durante ese tiempo -Pablo San José, su gerente, le ha dedicado todo su vida, sus amplísimos conocimientos y, sobre todo, su amor infinito por el vino- y en la memoria de los consumados bebedores de aquellos caldos quedan aromas, sabores y etiquetas comunes, inevitables -e imprescindibles-­­ en los bares del Barrio Húmedo, en las tascas de cualquier pueblo de la provincia, aunque también de Galicia, de Asturias... en fin, de todo el noroeste del país; queda la imagen de marca de aquello popularmente más conocido como Vile y queda la representación física permanente en las insta laciones y la bodega que la sociedad creó y todavía posee en Armunia. Pero también queda una tradición, una forma de hacer las cosas y una manera de interpretar y vender el vino. Y una firma de prestigio bajo la que anualmente siguen vendiéndose alrededor de cinco millones de botellas de vino entre los de mesa, los de Tierra de León ( Valjunco y Don Suero ) y los de Bierzo ( Montesoro ). El éxito de Bodegas Vinos de León radica en el buen criterio y la habilidad de sus gestores para interpretar la evolución del mercado del vino, no sólo desde el ámbito geográfico, sino también desde el más apasionante de la mejora de la calidad de sus caldos. Que hace un par de décadas se consumiesen los cuatro camiones de vino que Vile hacía llegar puntualmente cada día al campamento militar de El Ferral, donde hoy apenas se beberían 200 botellas diarias, es sólo una anécdota, pero tras esa referencia hay una reflexión y la medida de hasta qué punto cambian los hábitos de consumo y, en consecuencia, del mercado. La primera evidencia de esa evolución necesaria de la bodega hacia un vino de calidad fue la notoriedad y el prestigio que alcanzó la etiqueta Don Suero , un monovarietal de prieto picudo con crianza en madera, pero de una calidad sorprendente pese a tratarse de un vino modesto, aunque fuese elegido en su día uno de los cien mejores caldos españoles. Pero la evolución de la bodega debería ir más allá, a otros ámbitos geográficos. La ocasión surgió con la adquisición de la cooperativa San Agustín, en Nava de Roa (Burgos). Fundada en 1956, es una de las de mayor tradición de Castilla y León. El capital leonés se instalaba así en el corazón de Ribera del Duero -el 70% de la producción corresponde a la provincia de Burgos-, una de las denominaciones de origen con mayor pujanza. El edificio se convirtió en sede de Señorío de Nava, se modernizaron las instalaciones, incorporando depósitos de acero con camisa de frío individual, se aplicó la informática, se adoptaron los más modernos instrumentos de análisis y en 1984 comenzó a producirse vino bajo esa denominación de origen con uva exclusivamente adquirida en la zona. Muy cerca, el Gumiel del Mercado, se compraron las 160 hectáreas de terreno que posee la bodega en un paraje incomparable, de una extraordinaria belleza paisajística y con una gran variedad de pagos que permite diversificar la producción. Bajo la etiqueta de Finca San Cobate , tomando el nombre del paraje, se comercializan anualmente 30.000 botellas numeradas al precio nada despreciable de 43 euros. La uva se produce en uno de esos pagos. El resto de la producción de Señorío de Nava, aproximadamente 1.600.000 botellas cada año, se distribuye entre los otros reserva, crianza, envejecido en roble, tinto y rosado. Todos los vinos de la bodega son elaborados a partir de uvas producidas en las fincas propias o compradas, previo concierto y tras el compromiso adquirido en su momento con los cooperativistas, a los productores de la zona. La maceración se produce con hollejos a una temperatura de 29 grados, en acero inoxidable y con remontados periódicos durante doce días. Después se hace el descube y se completa la fermentación alcohólica. Una vez terminada la fermentación maloláctica, se trasiega el vino a barrica de roble americano, donde permanece durante catorce meses, como mínimo. Una vez madurado en barrica, se clarifica con clara de huevo, se filtra y se embotella. En vidrio completa su ciclo de maduración que entre barrica y botella es de al menos do años. La permanencia en cubas se alterna entre las de roble americano y francés para darle mayor equilibrio y personalidad. Las uvas cultivadas, de las que sólo las calificadas por el consejo como «muy buenas» o «excelentes» se utilizan para elaborar crianzas y reservas, son de las tres variedades autorizadas por la denominación de origen: tinto fina a tinta del país, la cepa más extendida, muy rica en taninos y estable en color, y las de origen francés cabernet sauvignon y merlot, de empleo mucho más generalizado.

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