Diario de León

El otro muro de la vergüenza

Catorce años después de que el muro de Berlín fuese derribado, el gobierno de Israel sigue construyendo una valla de separación de 600 kilómetros con los territorios palestinos, los cuales invade en algunos puntos, violando los derechos de dece

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MANUEL CARRETERO | texto
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Después de que Estados Unidos vetase a mediados de octubre una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU condenando el muro israelí, la Asamblea General de Naciones Unidas ha aprobado por 144 votos a favor, 12 abstenciones y cuatro votos en contra -Israel y EE.UU. entre ellos- una resolución en la que pide a Israel que destruya el muro. Se demanda a Israel «que paralice y dé marcha atrás en la construcción del muro en los territorios ocupados y en el este de Jerusalén, que se aparta de la línea de armisticio de 1949 y contradice al derecho internacional». El gobierno israelí aprobó la construcción de la barrera de separación en junio del 2002 a fin de evitar la infiltración de atacantes palestinos que han provocado la muerte de cientos de civiles israelíes desde el comienzo del actual levantamiento palestino hace tres años. Se trata de un muro de hormigón de hasta ocho metros de altura, dotado con torres de vigilancia, cámaras de televisión, sensores y ametralladoras de disparo automático, que se completa con pistas de tierra, y el algunos casos asfalto, por las que patrulla el Ejército israelí. La Asamblea General de la ONU -cuyas resoluciones no son vinculantes, a diferencia de las del Consejo de Seguridad- se muestra «particularmente preocupada» por las consecuencias de la edificación de este muro, que perjudica «futuras negociaciones y hace físicamente imposible la solución de crear dos estados», como contempla la «Hoja de Ruta», el plan de paz promovido por Estados Unidos, Rusia, la UE y la ONU, en el que se establece la creación de un estado palestino como solución al conflicto. «Valla de seguridad» La resolución aprobada el 21 de octubre condena por igual las ejecuciones extrajudiciales cometidas por Israel como los atentados suicidas palestinos, y cita en especial el atentado terrorista perpetrado en Haifa el 3 de octubre, que dejó 19 muertos. Precisamente este atentado trae de cabeza al gobierno israelí, ya que la suicida salió de Jenin a Israel a través de una zona donde el muro ya está construido; a pesar de este fallo, los israelíes no hablan de muro, sino de «valla de seguridad», y continúan con sus planes para extenderlo hasta 600 kilómetros, prácticamente el doble que la frontera, con un coste de algo más de dos millones de dólares por kilómetro. Y es que, aunque la «Línea Verde» es de 350 kilómetros, la cerca contará casi con el doble debido a «las vueltas» que dará para incluir a parte de los 143 asentamientos judíos levantados ilegalmente en Cisjordania desde 1967. La primera fase de la barrera, ya terminada, recorre unos 150 kilómetros desde la aldea de Salem, al noreste de la ciudad palestina de Jenin hasta el asentamiento de Alkana, hacia el sur. Además, incluye 20 kilómetros al norte y al sur de Jerusalén. La segunda fase, que hasta el momento no ha sido finalizada, es de 45 kilómetros de extensión, y se trata principalmente de una segunda barrera de profundidad y un tramo al norte de Cisjordania desde Salem hasta la aldea de Peua en dirección este. Anexión Este trazado -que incluso provoca tensiones entre EE.UU. e Israel- prevé que el muro se asiente hasta 20 kilómetros en territorios palestinos, con el fin de proteger asentamientos como el de Ariel, de 18.000 habitantes. El fantasma de la anexión se les vuelve a aparecer a los palestinos, y de hecho la Organización para la Liberación de Palestina ha denunciado que la primera fase del muro ha supuesto la anexión del 2,9 % de Cirsjordania a Israel; 546 granjas y 102.320 árboles han sido arrancados y 30 kilómetros de acueductos confiscados. De hecho, el informe del relator especial de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, Johan Dugard, afirma que «los hechos sugieren con fuerza que Israel está decidido a practicar la política de hechos consumados que lleva a una anexión de facto(...). Una anexión prohibida por la Carta de la ONU y la Convención de Ginebra». Estos datos encuadran un grave problema humano. Según la ONG israelí Btselem, el muro constituirá una violación directa de los derechos de al menos 80.000 palestinos que habitan en el territorio entre los asentamientos de Alkana y de Ariel, que será cortado por el ejército. Algunos de ellos se encontrarán atrapados entre la barrera y la Línea Verde, otros rodeados en tres direcciones y el resto separados totalmente de sus terrenos de cultivo. «Israel tiene derecho a tomar medidas para defender a sus ciudadanos. Pero el ministro de Defensa y el primer ministro manipulan el miedo a los ataques suicidas a fin de obtener objetivos políticos disfrazados con argumentos de defensa y de seguridad», afirma el documento de Btselem, una de las asociaciones de derechos humanos más importantes de Israel.

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