«Mírame tonto», las mentiras de la telebasura
La periodista española Mariola Cubells desenmascara en un libro sin tapujos todo lo que se le oculta al espectador en los programas de telebasura y desentraña, por vez primera, las mentiras impunes de la televisión en su libro «Mírame Tonto», u

EFE
La periodista escribe, a partir de su experiencia personal, la obra Mírame tonto , (Editorial Robinbook), una mirada crítica sobre la telebasura. La autora comenzó a preguntarse qué hacía en este mundo televisivo el viernes 17 de enero de 1997. Aquel día, en el programa en el que trabajaba, Hable usted, calle usted , de la televisión valenciana, un joven invitado al programa, que había recibido consignas previas de la dirección, se atrevió a decir en directo: «Las mujeres no tienen alma ni derecho al orgasmo y las feministas se arrastran por el mundo». La frase, pronunciada en medio de un debate sobre ¿ Las mujeres no llegan a más, porque no pueden? , hizo saltar a Mariola Cubells de su asiento en producción para dirigirse al plató y abofetar al joven pero, por el camino, se encontró con los productores frontándose las manos: habían logrado disparar la audiencia. La autora se preguntó entonces, y lo sigue haciendo ahora, si valía todo por la audiencia y llegó a una respuesta contundente: «No, de ninguna manera». En este libro, Mariola desentraña los trucos, las mentiras, las trampas y hasta los sobornos que cada día cometen los que hacen este tipo de televisión, con un gran número de espectadores, pero sin niguna ética. Hasta ahora, muchos libros teorizaban en la materia, pero no había ejemplos de cómo se vive el fenómeno desde dentro. -¿Qué es telebasura para usted? -Son programas que no pasan por el cerebro, que llegan al espectador desde los bajos instintos, el morbo, con la única finalidad de retener y aumentar la audiencia. -La veo muy decepcionada¿ . -Decepcionada no, soy realista, pero no creo que todo el periodismo sea así. -¿Y por qué hemos llegado a este panorama? -Por la falta de escrúpulos por parte de quien manda. El espectador no es responsable, come lo que le dan. Contribuimos a que la gente no piense, que deje de tener criterio, que no haga ningún esfuerzo, sobre todo, mental. Nosotros le damos un menú. Es como la comida: por comodidad, todos comeríamos un bocadillo, porque es más sencillo, pero sabemos que debemos comer sano. Es cuestión de educación. -¿Qué nos falta y qué nos sobra en televisión? -Falta educación por parte de los programadores televisivos, por que la televisión es información, educación y entretenimiento, pero la tele se ha convertido en una jungla y nos hemos olvidado de los tres pilares de la finalidad de la televisión: informar, educar y entretener. La tele es maravillosa en sí misma, una ventana al mundo, un elemento de cohesión, de diversión, pero, lamentablemente, es utilizada mal de forma consciente. -¿Qué culpa tienen de ello los políticos? --No hay voluntad política para frenar esto. Las televisiones, al fin y al cabo, son concesiones del Estado. -Es usted muy pesimista¿ -Sí. Si la cosa no para, mejor tirar la tele a la basura, pero no llevar la basura a la tele. Lo más curioso es que los que hacemos este tipo de televisión no la queremos ver, es pura esquizofrenia. La tele está plagada de gente muy culta, que por la noche va a la ópera y llora, y por el día hace programas para ¿tamaras¿ y otros ¿fenómenos¿. -¿Y por qué se metió usted en esto? -No sabía donde me metía, pero lo supe a los tres días. Y continúe porque caí en una vorágine, no te das cuenta, no te da tiempo a reflexionar. Si pasas la raya, pasas al otro lado, estuve a punto de perder el norte. Me arrepiento de la experiencia, pero el libro no está escrito con rencor. -Así que hay que darle las gracias. -No soy ninguna heroína. Creo que es un libro necesario, no es frívolo, no es superficial, no son sólo anécdotas. Debería ser un material obligatorio para los estudiantes de periodismo. -Habrá dejado enemigos por el camino, no. -Lo cierto es que no me ha costado nada dar la cara. Sé que me he cerrado algunas puertas, pero no me preocupa, no me interesa este tipo de tele. Prefiero hacer de camarera antes que hacer esto. Lo más triste de todo es que en mi libro no hay nada inventado, ningún personaje es irreal, es así de triste. -¿Y cuál es la solución? -Pues el pedir a los hacedores de estos programas que hagan sólo aquellos programas que desean para ellos o para sus hijos. No todo vale por la audiencia. Ellos están sentados en una atalaya, pero son gente culta. -¿Queda algo por inventar en televisión? -Sí, un aparato que despidiera inmediatamente a los programadores de televisión que hacen programas racistas, clasistas, machistas y que huyen de todo contacto con el cerebro y se concentran sólo en los instintos más bajos de las personas. -¿Cuáles son tus proyectos más inmediatos de futuro? -Contribuir en la medida de mis posibilidades a que la mala televisión vaya a menos y la buena, a más. La televisión es demasiado importante para dejarla en manos de la mayoría de políticos y directivos que hoy la han convertido en insufrible para unos y destructiva para otros. -¿Y, finalmente, de qué programa de televisión le gustaría ser guionista? -De cualquiera que tuviera verdadera vocación de servicio público, que tratara a la audiencia como gente inteligente y que no se olvidara de que la televisión es hoy la principal escuela de valores y que tiene una enorme responsabilidad social: en buena parte, la sociedad del mañana se fabrica en la televisión de hoy.