Diario de León

La guerra acalló el mensaje de Nunca Máis

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Un impacto tapa a otro. Quizá no se olvida, pero desde luego se relega. Lo mismo le pasó al Prestige, aunque hace ahora un año parecía casi imposible. «El chapapote fue más grave que otras cosas, hacía años que no pasaba nada tan espectacular», comentan los voluntarios de entonces. Pero ocurrió algo tan tremendo como para relegar la marea negra a, como poco, un segundo plano. «Estuvimos pendientes de aquello hasta que ocurrió algo más grave, que fue la guerra de Irak, que desvió todas las atenciones. La guerra apagó el Nunca Mais». Sólo de la Universidad de León salieron entre noviembre y marzo autobuses con 450 voluntarios. La mayoría de ellos repetían. «Empezamos a salir en el puente de diciembre, luego todos los fines de semana, los puentes y las fiestas,... A finales de enero y en febrero se produjo un parón, por los exámenes, y volvimos a salir hasta mediados de marzo», comenta Inés Fuertes. Ahora las relaciones se han frenado e incluso los intercambios de información son ya esporádicos. «Podíamos habernos mantenido más en contacto, porque en realidad el problema no ha terminado», comenta Paz Herráiz. No creo que hayan seguido muchos voluntarios, porque ya no hacían falta miles de manos. Pero seguro que hay muchas otras cosas que hacer. Pero, por lo que fuera, no lo hemos hecho». «Yo reconozco que la guerra de Irak me absorbió mucho, que estábamos todo el día manifestándonos. Conmigo pudieron a ese nivel, me desviaron la atención mucho y lo asumo». Para Arsenio Terrón, una cosa es involucrarse en un momento determinado y «otra apuntarse. El carácter hispano no es el de estar en las organizaciones». «Es verdad, remarca Paz, pegamos cuatro voces y luego nos quedamos tan tranquilos». Conciencia ecológica Lo que está claro es que las organizaciones de voluntarios de carácter ecológico están creciendo en España. «La solidaridad humana y la ecológica no son cosas distintas, comenta el sociólogo Enrique Arnaz, son dos caras de una misma realidad. El voluntariado más desarrollado hoy en día es, con notable diferencia, el social, todo lo relacionado con los enfermos, los ancianos, los discapacitados,... Pero existe también un voluntariado emergente y cada vez más fuerte que es el voluntariado medioambiental, que crece a medida que crece la conciencia ecológica. Ahora en Madrid crecerá también el voluntariado deportivo, como ocurrió ya en las olimpiadas de Barcelona en 1992». Islas de humanidad En cualquier caso, para Arnaz «el voluntariado se está instrumentalizando, se le presenta como islas de humanidad en medio de una sociedad capitalista que ya no puede cambiar, de un consumismo voraz, costumbrada a ver el dolor humano por la televisión. Apenas se está potenciando un voluntariado que luche por un compromiso transformador, por un cambio en la sociedad, y no por hacer operaciones de estética en el muerto». Por eso el sociólogo apuesta por trabajar con empeño por la «cultura de la participación». «Desde la familia, desde la escuela, de forma que nos demos cuenta que además de nuestro trabajo en la empresa tenemos un trabajo cívico y ciudadano, que es un elemento natural para hacer la ciudad más habitable, más humana y más satisfactoria».

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