Adiós al último pariente de Walt Disney

DL
Roy Disney, sobrino de Walt Disney y vicepresidente de la compañía que fundó su tío, anunció el pasado 30 de noviembre su renuncia al cargo con una carta en la que culpa al presidente y consejero delegado de la compañía, Michael Eisner, de la progresiva crisis que ha lastrado el desarrollo de la empresa desde hace más de diez años. Disney, quien todavía posee un paquete de 17,5 millones de dólares en acciones -su familia vendió en verano cerca de la mitad de su participación en el grupo, que se calculaba en 125 millones-, y Santley Gold, presidente de la sección de de inversiones, abrieron una verdadera batalla en el seno de la compañía para conseguir la cabeza del presidente, que tal vez acaben consiguiendo ahora con la renuncia del primero, que no oculta la intención de arrastrar al Eisner en su caída. Compañía sin alma «En mi sincera opinión es usted, y no yo, quien debería de dejar la empresa», cuenta Disney en su carta. «Somos una compañía sin alma, más pendiente del dinero que de una estrategia a largo plazo», añade, probablemente refiriéndose a la tensa situación que han provocado las presiones sobre su proveedora Pixar para seguir explotando el fenómeno Toy's Story. La renuncia de Disney obliga ahora a Eisner a afrontar en solitario los fracasos de una controvertida gestión que redujo las inversiones en los parques temáticos y metió a la compañía en numerosos negocios no estratégicos que también le han proporcionado notables pérdidas. Entre ellos, las inversiones en United Airlines, protagonista el año pasado de la mayor quiebra en la historia de las aerolínas comerciales de Estados Unidos. Eisner lleva veinte años al frente de la compañía, y ahora se encuentra solo frente a un consejo desintegrado, muchos de cuyos miembros han anunciado su marcha o han alcanzado la edad máxima que marcan los estatutos de la sociedad (72 años).