Diario de León
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León

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«No hay nada tan poético y terrible como la batalla de las torres con los cielos que las cubren». En la Gran Manzana, el cielo puede tan sólo imaginarse. Al alzar la vista, los rascacielos quieren para sí todo el protagonismo y su lucha por llegar a lo más alto se convierte en el particular referente de Nueva York. Al llegar la noche, esta batalla se transforma. Los rascacielos, ansiosos por acaparar todas las atenciones comienzan entonces una cruzada para brillar como ninguno. Del mismo modo, son estos edificios los que nos presentan una imagen destinta de la ciudad en cada momento. A través de sus cristales, luces y reflejos se perciben los diferentes paisajes de Nueva York que contribuyen a que la vista de la ciudad nunca deje de sorprender incluso a los más habituados. Con 415 metros de altitud, el Word Trade Center con sus dos torres gemelas, eran desde 1973 los edificios más altos de la ciudad hasta que, en el 11-S, fueron destruidas. La línea del cielo más famosa no obstante sobrevivirá con un nuevo proyecto que está siendo perfilado por las autoridades municipales. En la Quinta Avenida de Nueva York se encuentra uno de los edificios más queridos de la ciudad. El Empire State Building fue durante 40 años el edificio más alto del mundo. Construido en 1931, tiene una altura de 381 metros y uno de sus elementos más distintivos es el observatorio que alberga y que ofrece una de las vistas más completas y deslumbrantes de la ciudad. Llama la atención que las plantas superiores se encuentran decorados con luces de distintos colores adecuándose en cada momento a la estación del año o a una determinada fiesta. El cariño que los neoyorquinos le tienen al edificio quizá se deba a que éste ha evolucionado siempre paralelamente a la historia y cultura neoyorquinas. Por ejemplo, el segundo piso alberga siempre exposiciones que reúnen el espíritu y cultura de la ciudad. Símbolo del Art Decó, el Empire State Building es todo un mito. El Chrysler Building es el tercero en altura de la ciudad con sus 319 metros de altura. Otro de los emblemas de la ciudad ya que, gracias al reflejo de su característica cúpula metálica, puede distinguirse desde cualquier parte de la Gran Manzana. El edificio debe su nombre al dueño de la empresa que ordenó su construcción, Walter Chrysler, dueño de la marca de coches. Esta relación con el automóvil sigue aún presente en el edificio ya que las gárgolas que se ubican en la base de la cúpula son idénticas a las insignias de este modelo de coche a principios del s. XX. Al acabar la visita por Nueva York, las impresiones cambian. Si en un principio las alturas, estética y diversidad de la ciudad abruman, poco a poco se van normalizando y provocan una sensación grata en el visitante. Sin embargo, al concluir la visita, una pregunta flota en el ambiente acerca de Nueva York. ¿Sería feliz viviendo aquí? Ya sea viviendo o haciendo turismo, la ciudad envuelve y su arquitectura es capaz de emocionar a cualquiera. Dicen que las reglas están para romperse y la ciudad de Nueva York es consciente de ello. Con una arquitectura que juega con los imposibles, la Gran Manzana hechiza desde las alturas.

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