Diario de León

Nueva York: la batalla entre las torres y el cielo

La Gran Manzana se identifica desde lejos por su Sky Line repleta de edificios que suben a lo más alto del cielo. Nueva York es imagen y espectáculo; una ciudad hecha para el ocio donde todo parece salido de una película en que los turistas, au

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ANA F. DUQUE | texto
León

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El poeta Federico García Lorca, el eterno Poeta en Nueva York decía que la arquitectura de la Gran Manzana llega a conmover como un espectáculo natural de montaña y desierto. Los rascacielos se suceden a lo largo de esta ciudad acariciando las alturas y cuestionando las reglas que hacen que los edificios se mantengan en tierra. Aquí, los edificios quieren acariciar el cielo y se aparecen «como algo prodigioso». Existen dos ciudades de Nueva York. Una de ellas, de día, invita al paseo, al turismo, a conocer todo lo que la ciudad puede ofrecer. Repleta de gente, el Nueva York de día propone a sus visitantes todo tipo de actividades y paisajes. Sin embargo, de noche, la gente de pronto desaparece y la oscuridad se adueña de todo el paisaje. No perderse por la ciudad y no pisar determinadas zonas son las máximas que todo el mundo conoce y respeta. Sabiendo esto, puede comenzarse a disfrutar de la Gran Manzana. Superado el trauma del 11-S, en Nueva York siempre habrá un antes y un después de esa fecha, la arquitectura de la ciudad no pasa desapercibida desde ningún ángulo. Ya en el aeropuerto, el primer sentimiento pasa por preguntarse cómo se pueden reunir tantos edificios, tan altos, en un punto tan pequeño. En un principio, Nueva York abruma. Pero al final del viaje todo cambia. Cuando llega el momento de regresar, la Gran Manzana se recuerda como la ciudad de las postales y las películas, donde cada día se vive una película de cine. N.Y. está dividida en cinco partes: Manhattan, Bronx, Staten Island, Brooklyn y Queens. Cada una de ellas posee un paisaje particular y culturas personales que hacen que se dividan por su interés y ocupaciones principales. Manhattan, el distrito más importante de la ciudad, se divide en tres partes. El Bajo Manhattan en el sur, es la zona de los barrios con más personalidad de la ciudad: el Soho, Little Italy, Chinatown o Greenwich son algunas de ellas. Además, edificios distintivos de la ciudad como la Bolsa de Nueva York. La zona media de Manhattan es la más frecuentada por los turistas, quizá porque en ella se suceden todos aquellos rascacielos que permiten distinguir instantáneamente la ciudad. Broadway, la calle de los teatros, los musicales y los luminosos tiene su hueco aquí. La única de las calles que cruza diagonalmente rompiendo con la linealidad del resto de las calles y avenidas. Allí, carteles de cine, anuncios en movimiento, lujosas limusinas y un más intenso tráfico de coches y personas anuncian a los visitantes que han llegado a uno de los lugares más impresionantes y espectaculares de la ciudad que invita al ocio. La zona Alta destaca por la gran cantidad de museos que alberga, por ser la zona más acomodada de la ciudad y por acoger a los barrios de Harlem y el barrio hispano en sus extremos. El barrio más poblado de Nueva York se llama Brooklyn, un barrio íntimamente ligado a Manhattan, famoso por su Jardín Botánico y por el Puente de Brooklyn. Cuando hablamos del Bronx, rápidamente se asocia a un estadio, el de los Yankies, equipo de baseball de Nueva York. Popular por su mala fama, este barrio neoyorquino tiene su zona más peligrosa al sur, cerca de Manhattan. El resto, paisajes verdes, Jardín Botánico y Acuario, naturaleza en estado puro. El barrio más grande de Nueva York es Queens, que destaca por sus residencias familiares. Finalmente, Staten Island, una pequeña comunidad al que se accede a través de un ferry y que presenta unas de las vistas más completas y grandiosas de Manhattan y de la Estatua de la Libertad. Elementos representativos Al aproximarse a Nueva York, es la Estatua de la Libertad la encargada de recibir a los visitantes. Desde su puesto privilegiado en Liberty Island, vigila cada calle cuidando de los neoyorquinos. Desde que el pueblo francés obsequiara al norteamericano con la estatua, se ha convertido en un símbolo de la libertad y la democracia. Realizada en cobre y apoyada sobre una tabla de hierro, la Estatua de la Libertad alza su mano derecha elevando su antorcha al cielo. Mientras, en la mano izquierda, sostiene la Declaración de Independencia americana del 4 de julio de 1776. Cuando pensamos en la Gran Manzana, rápidamente nos viene a la cabeza una Navidad Blanca en la que los protagonistas de una gran producción de Hollywood olvidan todos sus problemas junto al Roquefeller Center. Este centro es la imagen de la Navidad en Nueva York. Cuenta con una pista de patinaje enorme para todo aquel que desee acercarse y, por encima de todo, el gigantesco árbol de Navidad que, salvando las distancias, parece que pretende emular a los rascacielos de su misma ciudad. Considerado además una de las maravillas arquitectónicas de Nueva York, el centro alberga en su parte de atrás con la estatua de Prometeo, representante del fuego sagrado de la humanidad. Como en el resto de la ciudad, el arte emana por cada poro del Rockefeller Center y, como prueba de ello, el hecho de que el edificio de la General Electric Building contó para su decoración con artistas de la talla de Diego Rivera, Joseph María Sert o Frank Brangwyn. 345 hectáreas. Ésa es la medida de Central Park, el parque más famoso de los Estados Unidos que, como no podía ser de otra manera, se encuentra en Nueva York. Situado en pleno centro de Manhattan y, a pesar de que no es muy recomendable pasear a través de él al caer la noche, sirve de día para que muchos neoyorquinos practiquen cualquier deporte. En medio de la grandiosidad de todos los edificios, del estrés de la ciudad y de la vida cuadriculada de la Gran Manzana, el parque es el mejor contacto con la naturaleza. En verano, Central Park alberga todo tipo actuaciones musicales, obras de teatro y todo tipo de actuaciones en vivo. En invierno, los habitantes de la ciudad, cuando caen las nieves, lo utilizan de improvisada pista de esquí y es curioso ver centenares de esquiadores por sus pistas de hierba... repleta de nieve. El puente de Brooklyn es otro de los elementos más distintivos de la ciudad que lleva 120 años uniendo los distritos de Manhattan y Brooklyn. Con sus 1.843 metros de longitud, el puente supuso con su construcción un desafío técnico por el empleo por primera vez de acero para elaborar los cables de los que parten los que sostienen la plataforma. Sin duda, una de las vistas más espectaculares de la ciudad. La Catedral de San Patricio, en la Quinta Avenida, es la más grande decorada en estilo gótico de los Estados Unidos y actualmente se utiliza como parroquia cristiana en Nueva York. Con aforo para unas 2.200 personas y 3 órganos, estamos ante una de las catedrales más grandes de Estados Unidos. El acuario de Nueva York o el Zoo del Bronx son otros de los elementos más distintivos de la ciudad que pretenden introducir en ella la naturaleza.

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