Diario de León

La Tierra se lanza a la conquista de Marte

Marte es el objeto de deseo. Cuarenta años después de los primeros intentos de acercarse a su órbita, la exploración del planeta vive hoy su momento estelar, con cuatro misiones coincidiendo en el tiempo. Su conquista ya no es una utopía.

Publicado por
RAÚL ROMAR | texto ÁLVARO VALIÑO | gráfico
León

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El planeta rojo siempre ha fascinado al hombre. Es, de hecho, el más parecido a la Tierra de todo al sistema solar y en el que podría existir alguna posiblidad de establecer un asentamiento humano, pese a que sus actuales condiciones presentan un entorno inhóspito en el que prácticamente es imposible la vida, al menos como la conocemos. La ciencia posó sus ojos en Marte ya a principios de los años sesenta, cuando unas primitivas misiones rusas y norteamericanas intentaron acercarse a su órbita. No fue, sin embargo, hasta principios de los años setenta, con las sondas Mariner, cuando una nave espacial visitó a su vecino del Sistema Solar. Frente a la esperanza del hombre de encontrar en Marte a un astro similar a la Tierra, cálido, húmedo y con vegetación, las misiones Mariner mostraron cómo era realmente: densamente cubierto de cráteres, con volcanes apagados, más frío que la Antártida y más seco que el desierto del Sáhara. Su atmósfera era un halo tenue, incapaz de protegerlo ante el continuo bombardeo de rayos cósmicos y de crear un mínimo efecto invernadero capaz de dar paso a la vida. Pese a esta imagen desoladora, la agencia espacial norteamericana, la NASA, siguió en su empeño y las sucesivas misiones, especialmente la Viking (1976), que consiguió posar en Marte dos robots, y la Mars Pathfinder (1997), que también dejó para la posteridad la foto del robot Sojourner sobre una superficie árida y rojiza. Los descubrimientos de mayor impacto, sin embargo, llegaron recientemente. Primero en el 2000, cuando las imágenes de la Mars Global Surveyor mostraron los primeros indicios de la presencia de agua, y luego, en el 2001, con las observaciones realizadas por la Mars Odissey, que reveló la más que posible existencia de enormes depósitos de agua congelada a escasa profundidad. A partir de este momento, la exploración de Marte siguió un ritmo mucho más intenso bajo una clara y rotunda consigna: seguir la pista del agua. Esta senda, marcada por los recientes descubrimientos y el hecho de que el pasado año el planeta rojo estuviese en su punto más cercano a la Tierra, fue lo que reactivó la carrera hacia la conquista de Marte, un proyecto científico en el que EE.UU sigue ocupando el papel protagonista, pero que se ha encontrado con otros secundarios, Europa y Japón, que pretenden robarle parte de su gloria. Entre finales del pasado año y este mes de enero coincidirán cuatro misiones científicas en el planeta rojo: dos estadounidenses, con los robots Spirit, que llegó el pasado domingo, y Oportunity, que lo hará el día 25; la europea, que incluye la sonda Mars Express y su módulo nodriza, el Beagle II, que se ha dado prácticamente por perdido en su intento de amartizaje, y la nave japonesa Nozomi. Ésta última, sin embargo, ha fracasado, con lo que se une a la larga lista de más de veinte intentos infructurosos de explorar marte de un total de 33 misiones enviadas. Sondas y robots Tanto las sondas, desde la órbita marciana, como los robots geólogos, tienen como misión fundamental buscar indicios de agua, analizar con detalle la composición minearológica del planeta y sus gases, determinar exactamente cuál es el nivel de radiación que sufre e intentar ofrecer todo tipo de detalles que ofrezcan la radiografía más completa obtenida hasta la fecha sobre la historia del planeta y cómo ha evolucionado a lo largo de la historia. O lo que es lo mismo, constatar, tal y como se sospecha, si en algún momento de la historia de Marte existió una atmósfera que hizo posible la vida en el astro y si es posible recuperarla, aunque sea de forma artificial, aunque para ello será necesario confirmar si realmente hay agua. Todos estos datos, que se esperan ampliar con otras cuatro misiones previstas por la NASA antes de finalizar la actual década, tiene como objeto preparar el que, con toda probabilidad, será el mayor reto del hombre: enviar una misión tripulada al planeta rojo. El presidente de Estados Unidos, George Bush, probablemente confirme a mediados de esta misma semana esta nueva aventura espacial, que se plantea dentro de un horizonte de veinte años y con escala previa en la Luna, donde está prevista la instalación de una base permanente. La expedición norteamericana, sin embargo, puede que no sea la única. En la agenda de la Agencia Espacial Europea (ESA) también figura el envío de una misión tripulada a Marte antes del año 2030, dentro del programa denominado Aurora. La carrera hacia la conquista del astro, en cuyo viaje se empleará una media de seis meses, no ha hecho más que empezar, pese a que, a día de hoy, todavía faltan muchos inconvenientes técnicos por resolver. El más importante: sobrevivir a la constante radiactividad, capaz de superar con facilidad cualquier protección de los astronautas.

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