Personalidad y estilo marcan los nuevos vinos
Ya no hay vinos malos. En los últimos años viticultores y consumidores españoles han llevado a cabo una auténtica revolución: nacen los vinos con cimientos.

NORBERTO
Los vinos españoles han vivido en los últimos años una auténtica revolución, tanto de la mano de una nueva generación de viticultores como de la de una renovada cultura del vino en los consumidores. Unos y otros conocen el potencial español en este campo, que se centra en conseguir caldos con personalidad y estilo propios, capaces de competir en los mercados internacionales y de satisfacer la curiosidad de los aficionados a este mundo que cada vez cuenta con más adeptos. Para analizar la situación del mercado del vino en la actualidad un destacado grupo de nombres de relevancia en el mercado vinícola asistió recientemente en León a las I Jornadas Casares del Vino, organizadas con motivo del XV aniversario de la creación de esta popular vinoteca leonesa. Además de una muestra en la que las bodegas punteras ofrecieron al público sus últimas creaciones, la jornada contó con un coloquio en el que personajes de relevancia ofrecieron su visión del momento actual del sector y contestaron a las preguntas del numeroso público que asistió al acto. Una de las intervenciones más esperadas fue la de Mariano García, de Maurodos, quien hizo hincapié en la búsqueda de la personalidad en los vinos que actualmente se elaboran en España, a través por ejemplo del cultivo de las propias viñas y la búsqueda de las variedades y los clones más adecuados a cada zona y producto. «España ha que aprovechar el potencial que posee, no tenemos nada que envidiar a los vinos extranjeros, ni siquiera a los franceses, porque los caldos españoles pueden desarrollar mayor personalidad y estilo». García destacó también la labor de una nueva generación de viticultores y la importancia del patrimonio nacional en este campo; y añadió: «Hoy ya no hay vinos malos, si no hay calidad no se vende». Por su parte José Manuel Pérez Ovejas, de Hermanos Pérez Pascuas, destacó las posibilidades del sector en Castilla y León, y resaltó la importancia del capital humano. «Hay que ser viticultor antes que bodeguero», dijo, y apuntó la necesidad de seguir el proceso del vino desde el principio hasta el final, «siendo siempre muy meticuloso, porque no hay una regla general que se pueda aplicar a todas las añadas. La experiencia es muy importante, y es necesario conseguir vinos auténticos, comprometidos y sin dobleces. Vinos para beber según los gustos del consumidor, pero yendo más lejos: vinos con potencial suficiente para envejecer, vinos con cimientos». Miguel Ángel Gregorio, de Fincas Allende, apuntó: «Quienes han hecho la revolución han sido los consumidores, que han pasado un proceso desde los años sesenta, en que el vino era poco más que un complemento energético a la dieta, al momento actual. Hoy el consumidor busca en el vino magia, disfrute, sueño, placer y distinción». Un punto de vista en el que coincidió Amancio Fernández, de Dominio de Tares, para quien «nadie puede olvidar que el vino es pasión, para quien lo hace y para quien lo consume». En el coloquio participó también Pascual Herrera, diector de la Estación Enológica de Castilla y León, quien destacó que en la comunidad los enólogos han conseguido extraer lo mejor de cada zona.