Diario de León

«Si memorizáis el Corán, os regalo un caballo»

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León

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«Osama vivía en un lado del campamento, con sus tres mujeres. Como todos los padres tenía problemas controlando a sus hijos. Le encantaba jugar al voleibol y montar a caballo. Sus hijos andaban por ahí, con él. A ellos también les gustaba montar a caballo. Osama les había prometido regalarles uno en cuanto memorizaran el Corán, así que se aplicaban mucho. Cuando iban a practicar el disparo, Osama iba con ellos. Solían reírse de su padre cuando fallaba». Estas palabras son, posiblemente, el primer testimonio público de alguien que haya compartido con Osama Bin Laden la vida en los campamentos de Afganistán. Su autor es la familia de Ahmed Said Khadr, un simpatizante de Al Qaida de origen egipcio y nacionalidad canadiense que se fue a Afganistán para participar en la resistencia muyahidín contra la ocupación soviética. Allí entró en contacto con el millonario saudí. Vivieron varios años en un campamento cercano a Jalalabad, hasta que Estados Unidos lanzó su ataque contra los talibanes. «Somos una familia de Al Qaida», confesaba a la televisión canadiense CBC uno de sus miembros. El padre, Ahmed Said, murió tiroteado el pasado octubre en Pakistán. Uno de los hijos está detenido en Guantánamo y un tercero, Abdurrahman fue liberado después de que colaborara en los interrogatorios y asegurara haber espiado para la CIA. Aprender a sobrevivir Abdurrahman, a quien su padre intentó en vano convencer para que se convirtiera en terrorista suicida, contó a The Washington Post que la vida en el campo era dura. «A Osama no le gustaban las comodidades. Quería que su familia estuviera preparada para vivir normalmente si un día tenían que renunciar a ellas. Había prohibido la electricidad en las cabañas que ocupaban sus mujeres y sus hijos. Odiaba las bebidas frías y el hielo. Lo rechazaba. Por mucho calor que hiciera», dijo. Un día, cuando aún era muy joven, Abdurrahman llenó una lata con pólvora y la hizo estallar. De repente vio como todo los guardaespaldas de Osama salían de sus cabañas armados y nerviosos. «No me pegaron por ser hijo de quien era», confesó. Texto

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