Punto y principio en Caja España
La otra cara de Caja España no está oculta. La entidad ha escogido las 60 mejores obras de su fondo pictórico para exponerlas en Botines.
Caja España ha cogido las riendas de su extenso fondo pictórico en un ilusionante proyecto que pretende ser un punto de arranque, de transformación. A partir de ahora los más de 4.000 cuadros que componen esta pinacoteca serán más que un grupo de obras de arte, serán un conjunto pictórico con una dirección y una filosofía marcadas, un horizonte más tendente hacia el coleccionismo, dotado de una intencionalidad y una espiritualidad propias. Para marcar el inicio de este cambio de rumbo la entidad financiera acaba de presentar una exposición en la que muestra alrededor de sesenta de las mejores obras que forman parte de su pinacoteca, desde la pintura antigua hasta la contemporánea. Una iniciativa que se presentará también en Madrid y Valladolid, y que tiene como objetivo hacer hincapié en el pulso social del patrimonio de Caja España. La propia naturaleza jurídica de la entidad marca este compromiso constante con los ciudadanos, y la exposición es una señal de la voluntad de la caja de revertir a la sociedad los recursos que administra. El patrimonio pictórico de Caja España lo es en cuanto que se muestra a las personas cuyo desarrollo económico, social y cultural es uno de los objetivos fundacionales de la entidad. La colección pictórica de Caja España es la suma de aquellas que tenían por separado las cajas que formaron mediante fusión la entidad financiera actual, más la que ha ido acumulando en su algo más de una década de existencia, incluido el patrimonio del Banco de Fomento. Compras, donaciones, concursos,... muchas han sido las fuentes de las que han venido las obras que hoy forman esta pinacoteca, unas veces marcadas por la actividad económica de las instituciones y otras por la labor de mecenazgo que desde siempre han desarrollado. Estos fondos, y la exposición que desde esta semana tiene lugar en el edificio Botines es buena muestra de ello, incluyen desde destacadísimas obras de pintura antigua hasta representación de los más significativos artistas actuales, pasando por un nada desdeñable conjunto de cuadros que marcan la evolución pictórica a lo largo del siglo XIX. Igualmente, la presencia de autores de Castilla y León en el fondo y en la exposición deja claro de nuevo el compromiso de la caja con los principios del mecenazgo y la vinculación con el territorio en el que se implanta. «La importancia del coleccionismo que llevan a cabo las cajas consiste en que, por encima de la ubicación puntual de una obra, su destino es ser compartida y contemplada por los ciudadanos», comenta Eduardo Aguirre, comisario de esta exposición, para quien esta filosofía de «arte al servicio de la sociedad» está dando un paso más en Caja España. «No hay un canon predominante en la coleccción, pero por encima de la falta de uniformidad destacan sus grandes posibilidades potenciales, sin desmerecer su brillante presente». Aguirre se refiere con insistencia a la intencionalidad. «Una colección no es una realidad cerrada, sino abierta; y ha de estar en constante crecimiento. Pero no sólo mediante la acumulación numérica, sino con coherencia. Debe primarse la voluntad de dotarla con energía espiritual, de convertirla en un reflejo de un proyecto ilusionante para mantenerla viva». La filosofía que resume el comisario es la que han expuesto con claridad en los últimos días los directivos de la caja. Su presidente, Victorino González, explicaba durante la inauguración de la muestra el impulso constante que se le da a la obra social en general, y a las actividades culturales en particular; y reiteraba el compromiso de la entidad con la divulgación y la puesta de sus recursos al servicio de los ciudadanos. De igual forma el director general de Caja España, Ignacio Lagartos, ha insistido en la vocación social de este patrimonio que conserva la entidad; pero sobre todo en la intención de dotarlo de un pulso que, más allá de la mera acumulación de obras, de mayor o menor calidad, marque un camino en el que esta pinacoteca se defina con un espíritu y una dinámica propias, no cerrada, pero tampoco abandonada al azar. Un repaso pictórico A parte de esta filosofía general y de declaración de intenciones que envuelve la exposición, la muestra en sí, que podrá visitarse en León hasta el día 22 de agosto, es un viaje por lenguajes y estilos de muy diferentes épocas. Abre este viaje una tabla anónima, el Retablo de la Beltraneja, representativa del último hispanoflamenco que tanta difusión tuvo en la época de los Reyes Católicos. Pero es la pintura religiosa quizá la que tiene una mayor representación en esta época, desde el anónimo Cristo con la cruz al hombro del siglo XVI hasta unos monjes dominicios del siglo XVII. «La historia de la pintura hasta el siglo XIX es en gran medida la historia de la expresión religiosa», comenta Eduardo Aguirre. «Hay autores que consideran que con la llegada del Romanticismo la concepción religiosa evoluciona hacia una espiritualización centrada en la plasmación de la naturaleza y en el retrato psicológico; pero lo cierto es que la manifestación religiosa en la pintura nunca ha desaparecido como tal, pues crucifixiones han pintado Gauguin, Dalí, Saura y Picasso, entre otros muchos. Pero será desde planteamientos pictóricos muy distintos a los de pintores de la antigüedad». Incluso en el siglo XX José Vela Zanetti, presente en la colección, será uno de los pintores que hará durante toda su vida pintura de temática religiosa. Obras menores El comisario de la exposición de Caja España destaca también la importancia de las obras consideradas menores. «En pintura una obra menor puede ser excelente, cualquier museo de pintura antigua tiene en sus almacenes cuadros sin exponer, por falta de espacio, que tienen méritos suficientes para ser admirados. Es frecuente ver en un cuadro menor fragmentos de maestría y sensibilidad». Obras menores hay en esta muestra, como tres escenas sobre la diosa Venus de la escuela italiana del siglo XVIII, en las que destaca el uso del color y los fondos arquitectónicos. También apunta la calidad de un paisaje holandés de Jacob van der Croos; o de un cuadro del flamenco Philips Wouwermans, especializado en temática ecuestre y que tiene obras expuestas en museos como el Prado, National Gallery, Thyssen-Bornemisza,... Obra gráfica A parte de las obras de caballete, Caja España ha dedicado siempre una especial atención a la obra gráfica, que también cuenta con representación dentro de la muestra que ahora se expone. Y lo hace a través de obras destacadas, como la carpeta Los Caprichos , de Goya, del que se ha seleccionado un autorretrato, una de sus obras más conocidas. El retratismo tiene también su apartado en esta exposición, en la que aparecen desde Fernando VII pintado por Vicente López Portaña hasta los retratos realizados a los presidentes de Caja España, realizados en su mayor parte por Modesto Llamas Gil. También poco antes de morir José Vela Zanetti dejó un retrato de Gaudí para la sala de juntas de la entidad. Un favorito Pero si en un cuadro se detiene Eduardo Aguirre es en el que se ha seleccionado para ser la imagen de esta muestra, Retrato de dama con sombrilla . «Es una de las obras maestras de la colección, virtuoso logro de Raimundo de Madrazo y Garreta. En cada contemplación nos descubre un aspecto nuevo. El maestro convierte en ella unos meros pliegues de un ropaje en pura perfección cromática». «Donde otros habrían caído en el frío virtuosismo, apunta el comisario, De Madrazo logra el milagro de la humanización de la elegancia». Aguirre da un sentido mayor a la explicación de la elección de este cuadro para resumir la muestra. «Da una sensación de estabilidad y seguridad, que es la que da también Caja España. Y lo consigue no sólo por su innegable calidad, sino porque su reconocimiento es ya indiscutible. Una obra contemporánea puede ser muy bien valorada hoy, pero quién sabe dentro de unos años. La pintura del XIX no, ya está consolidada y universalmente reconocida. Por eso da la sensación de seguridad». Otros cuadros del siglo XIX reflejan la tendencia al regionalismo y los personajes populares de las ciudades, aportando una información social que se volvería a repetir en los años sesenta y setenta del siglo XX. Varias obras de la muestra reflejan esta tendencia, como A los toros, de Martínez del Rincón. El cambio de coyuntura del XIX al XX muestra la transformación de la vida española, y tiene una amplia representación en la colección de Caja España, con especial atención a la escuela valenciana y los artistas locales. En el siglo XX la pintura española permanece ajena a las renovaciones formales que triunfan en Europa, pero aún así son años de cambios. La muestra incluye obras de Casado del Alisal, Domingo Muñoz y Cuesta, Aureliano Berruete y Moret, Enrqiue Serra, Eliseo Meifrán Roig, Mir Trinxet,... Entre los ilumunistas mediterráneos destaca la obra de Navarro Llorens, otra de las estrellas de la colección con su Beduino muerto, «en la que el personaje aparece prácticamente disuelto por la luz y el color, llegando casi a la abstracción y en el que a primera vista casi sólo se aprecian arrebatadas manchas de color». También Sorolla aparece representado en esta muestra, junto con Pla y Gallardo. Lo hacen también Dionisio Fierros, Muñoz y Cuesta, Benedito Vives,... La pintura del siglo XX es la mayoritaria de la colección, con una presencia muy destacada de artistas locales, y representación de las principales tendencias, desde la figuración de corte realista al geometrismo, el expresionismo o el ingenuismo, entre otros. Se muestran aquí obras de Gutiérrez Solana, Hernández Mompó, Vergudo Landi o Cecilio Pla, sin olvidar a Navarro Llorens o Meifren Roig. Santos Pastrana, Gonzalo Román, Maroto, Yéboles y Cañada Gutiérrez aparecen entre otros en esta colección. Aguirre destaca en esta parte de la muestra «la potencia plástica de los paisajes de Castilla y León y de sus gentes, muy bien representada por las obras de Calvo González, Cuadrado Lomas, Díaz Caneja, Vela Zanetti, Duque Requejo, Sánchez Carralero, Albiac Bielsa, Escarpizo, García Zurdo o González Febrero, entre otros». Son muchos más los que aparecen en esta muestra, apenas una selección de los fondos que componen la pinacoteca de Caja España. Una de las muchas selecciones que podrían haberse realizado entre el amplio patrimonio pictórico de la entidad. «El catálogo incluye un número mayor de obras, para que el lector pueda conocerlas y disfrutar de su contemplación», comenta Aguirre. «La visión conjunta, aunque sea reducida, da muestra del mérito y la suma de historias que conforman esta colección». El comisario explica, sin embargo, que esta muestra «no debe ser entendida como un final, sino como un brillante principio ante el siglo XXI».