El mito de los sesenta Las leyendas
Los éxitos deportivos cosechados por la célebre Scuderia del Portello, equipo oficial de fábrica, tuvieron como protagonistas al carrocero Elio Zagato y al piloto Massimo Leto di Priolo, quien le encargaría a Zagato la reconstrucción de su accidentado Giulietta SV con materiales de aleación ligera. Nacerían así (1960 y 61) los Giulietta SZ y los posteriores (1961 y 62) Giulietta SZ Coda Tronca. La «operación Zagato», no fue la única que contribuyó a crear el mito del Giulietta Sprint como deportivo de raza ; también el Sprint Veloce del piloto modenés Rabino sería una de las preciosistas obras de Sergio Scaglietti, el carrocero de culto de Ferrari. Cualquier leyenda que se precie, debe estar envuelta en el misterio. La del nombre del Alfa Giulietta es una de esas leyendas trufadas de misterio. La primera -de las leyendas- apunta a que la señora De Cousandier, mujer del poeta Leonardo Sinisgalli, inspiraría la elección de su nombre (Giulietta). La segunda, en cambio, mantiene que se trata de la respuesta de Alfa Romeo a una petición de un príncipe ruso. Se cuenta que una noche de 1950, con ocasión de la presentación en París del Alfa Romeo 1900, el piloto galo Jean Pierre Wimille, que corrió varias veces para Alfa, y algunos directivos de la casa de Arese, entraron en un local donde el noble acostumbraba a deleitar a sus clientes con poesías y relatos. Al reconocerlos, el príncipe fue a su encuentro preguntándoles: «¿Sois ocho Romeos no hay ni una sola Julieta?». Tres años después (Alfa) Romeo presentaba al mundo su Giulietta (Julieta)... De todas formas, aquel encuentro shakesperiano correría por la imaginación de todo el mundo y el nombre de la «romántica jovencita que asomada al balcón de Verona escucha las palabras de su enamorado», le valieron al Giulietta -al coche, la vettura - el apelativo de «novia de Italia». Al final... es preferible -¿ustedes no?- quedarse con la imagen -¿leyenda?- de la frágil Gelsomina; cada cual es muy dueño de soñar... a su manera.