Los amores de Giulietta...
Pocos como Alfa Romeo han sabido envolver su historia con el halo del romántico misterio... ¿Veloce homenaje a los amantes de Verona?... ¿A la cándida Gelsomina felliniana?.... ¿A la mismísima Giulietta Masina?... ¿Al risorgimento?... Todo es p
Un somero repaso al registro Italiano de Alfa Romeo y a los archivos de la celebérrima Scuderia del Portello ponen de manifiesto una incontestable verdad: el 70% de los Giulietta Sprint fabricados por la Anónima Lombarda, que ahora cumplen unos espléndidos 50 años, siguen circulando; para deleite de propietarios y observadores del pequeño y ágil coupé que, no sólo rompió moldes, también se convirtió en el precursor de los modernos Gran Turismo que hoy conocemos. Entre 1954 y 1962 los sueños se escribieron en Giulietta, que incluso se resistía a salir del corazón de sus incondicionales; 1965 sería la fecha de la definitiva salida del Giulietta de las líneas de montaje. Las pinceladas de Bertone... pasaban definitivamente a la historia; se esfumaba la magia, nacía el mito. A mediados de los cincuenta, las sugestiones se fundían en la linterna mágica , el cine era, como nunca, la expresión viva de una existencia que pugnaba por resarcirse de los estragos del segundo gran conflicto mundial. El neorrealismo italiano pugnaba con el cinéma vérité francés, como los automóviles en la vida común, como los personajes del gran teatro del mundo. Elia Kazan ( Nido de ratas , 1954) dejaba clavados en su butaca a unos espectadores ávidos de sensaciones, con ocho Oscar en su particular vitrina y un incontestable Marlon Brando (hoy recientemente desaparecido) en el papel protagonista de un joven y atractivo actor. En Italia, el público acude en masa a las salas para ver (admirar) a una espléndida Sofía Loren, con la firma ( L¿oro di Napoli ) de Vittorio De Sica. Claro que, sobre todo, 1954 es el año de La strada (Oscar a la mejor película extranjera en 1956) cinta con la que otro mito de la cinematografía italiana alcanzará fama internacional: Giulietta Masina, mujer de Federico Fellini, en su prodigiosa interpretación de Gelsomina, una chica pobre e ingenua, junto a Zampanò, el malvado «tragafuegos» magistralmente interpretado por Anthony Quinn. Pudo ser casualidad, pero el año en el que la cándida Gelsomina ya nunca abandonaría el corazón de los espectadores, nacería un automóvil construido por Alfa Romeo, con la firma estética de Bertone, que acabaría por marcar la historia del fabricante; su nombre: Giulietta, que amadrinaría la Masina cuando, en 1960, saliera de las líneas de montaje del Portello la unidad número 100.001, un capicúa capaz de crear vínculos y marcar sensaciones. El mismo -o parecido- vínculo que ya se había conocido cinco años antes entre el cine felliniano y el Giulietta, cuando el automóvil «desfiló» por el paseo marítimo de Rímini, la ciudad natal de Federico Fellini, con ocasión del concurso de Miss Italia, ganado ese año por Brunella Tocci. El Alfa Romeo Giulietta se confirmaba entonces, y tan rápidamente como crecía su fama, como uno de los símbolos del renacimiento italiano de las ruinas de la Segunda Guerra Mundial y, de paso, forjaba un mito que ha llegado a convertirse en leyenda: Alfa Giulietta, Giulietta Berlina, Sprint Veloce, Spider, Sprint Speciale, Sprint Serie II, SZ, SZ Coda Tronca. La historia, como la magia, sigue viva... cincuenta años después.