Diario de León

Sendas de osos, pastores y guerrilleros

La tierra montañesa del Alto Porma nos invita a redescubrir las veredas holladas por los maquis en medio de una naturaleza agreste y espectacular

NORBERTO

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Publicado por
EMILIO GANCEDO | texto
León

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Los altos valles de la montaña central y oriental leonesa atesoran aún hoy, en el ánimo de sus gentes y en la bravura de sus paisajes, una personalidad firme y acendrada, de raíces duras como las de los robles que cubren sus umbrías. Es una personalidad modelada durante siglos por trabajos esforzados y labores de titán hechas por hombres anónimos, que domaron el terreno y encontraron sustento y hogar en él. Dominaron el bosque, el hierro, el carbón y la piedra, y de los castros bajaron a vivir en los sotos verdes de junto al río. El carácter natural, franco, de estas gentes, se lo da el muchos siglos de haber batallado contra los elementos, y su temple es una mezcla de las cosas que vieron, sintieron y vivieron; un alma de oriégano , té de montaña y torta de leche. Pero también de aluches en la pradera -la espalda contra la hierba-, carros repletos de madera entresacada del monte Pardomino, feria y fiesta, vino y sidra en el soto, casona de piedra rubia, trucha en la cesta, vaca parda, la sombra del negrillón, el pico Cueto siempre en lo alto y al fondo, el Susarón. Son historias de nieve, de lunas de lobos, del hórreo leonés a dos aguas, pequeño y solitario, del desalojo del embalse, del oso que anda a miruéndanos, del cazador de Primajas y del maragato en la torre. Quedan los recuerdos, y quedan muchos testigos de la antigua vida de Boñar, la capital del Alto Porma, pero también persiste mucha fuerza, renovadora y emprendedora, en el interior de estos valles. Y la mejor manera de conocer todas estas cosas y ser parte de ellas es aspirando el aroma a tomillo, quejicu y espín de sus laderas y asomándose a la solana de sus torres y collados emprendiendo alguno de los muchos caminos que han surcado y surcan estos montes leoneses en todas direcciones. Uno de ellos nos trae a la memoria una época difícil, de fuertes convicciones y posiciones encontradas para las que no había más solución que la victoria o la muerte. Los caminos de los osos y los pastores lo eran también de los guerrilleros de León, de los últimos luchadores por la República, un paisaje de lances, ataques y desesperadas defensas en plena roca caliza a través de las escobas y los chozos de pastor. Es la ruta del Camino Viejo de Boñar a Vozmediano, una de las muchas excursiones que pueden practicarse durante esta época del año en la comarca, y un excepcional recorrido a través de la naturaleza, la historia y la arquitectura popular de esta zona de nuestra Montaña. Lo mejor; las sensacionales vistas del pantano del Porma hacia el norte, entre colinas, oteros y cuetos forrados de brezal; y el descubrimiento de insólitas manchas de vegetación mediterránea como el encinar de Grandoso. En esta trinchera natural cercana a los Mampodres se refugiaron partidas de maquis como la de Ramirón, que era de Vozmediano, formadas la mayoría por rebeldes leoneses de la zona, mineros y cenetistas, que resistieron en pequeños refugios, majadas y biescas hasta el último de los finales. La ruta, en concreto, sale de Boñar con dirección a la localidad de Voznuevo, llega al pequeño pueblo de Grandoso, donde podemos apreciar las sobrias líneas de su recoleta y apartada ermita de la Encarnación, se adentra después junto al encinar antes mencionado y va a desembocar en los plácidos valles del Villar y de Santiago antes de arribar directamente al núcleo de Vozmediano. En el camino, un paisaje abierto y montaraz de piornos, abubiellas , arroyos y frambuesas, y un regalo para la vista en forma de horizontes vastos con el imponente perfil de los Picos de Europa y el resto de la Cordillera Cantábrica a vista de pájaro. Pero es tan sólo una de las múltiples posibilidades que ofrece nos este ayuntamiento; el entorno del embalse del Porma (con la ruta de Rucayo a los pueblos deshabitados de Utrero y Camposolillo, por ejemplo) es uno de los mejores espacios para perderse en medio de la naturaleza y la memoria.

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