LA VERSIÓN OFICIAL
«Maragallada» en estado puro
¿Qué es el Fórum? se preguntan día tras día decenas de periodistas que lo cubren a diario, empleados de la organización y barceloneses en general. Es un producto de la genial e imprevisible personalidad del actual presidente
Al Fórum sólo van los del barrio». Un par de semáforos más y lo mismo. «Al Fórum sólo van los del barrio». El taxista quería charla y yo, no. Casi estaba feliz de poder eludir el clásico interrogatorio, labor que, por otra parte, siempre genera al final una sensación gratificante. Pero me había tocado un conductor manchego e inasequible al desaliento, con su cantinela cada vez más machacona: «Al Fórum sólo van los del barrio». Tuve que entrarle al trapo y se soltó: «Como ha visto, yo trabajo en el aeropuerto del Prat y, como supongo que sabe, el Fórum funciona desde hace casi tres meses. Pues usted es el primer pasajero que llevo allí. Por eso le digo que van los del barrio. Ni la gente de Barcelona va». ¿Y sus compañeros? «Tampoco han llevado prácticamente a nadie. No es que nos creyéramos que iba a ser como la Olimpiada, pero tampoco nos esperábamos que no se fuera a notar nada». Rebajas para las noches de verano. Eran poco más de las doce de la noche y los alrededores del Fórum, presididos por unas torres inmensas, flanqueadas por lujosos y modernos edificios, estaban más muertos que el centro de Ferrol en un día de semana. Y eso que las atracciones nocturnas son uno de los motores de este extraño espacio de encuentro intercultural y mundial, caótico pero jalonado también de muchas cosas de calidad e interés. Los alrededores desiertos durante varias horas indican que por mucha animación que haya en el interior, tampoco es para tanto. La entrada nocturna costaba doce euros, hasta que, en uno de los constantes esfuerzos de la organización por superar el rotundo fracaso de asistencia de público, hace unos días se rebajó a seis euros. Los precios de los chiringuitos de bocadillos y de los restaurantes del recinto equivalen, según la prensa catalana, a los del parque de atracciones Port Aventura, aunque desde hace una temporada al Fórum ya se puede entrar con bocadillo. «Ni una olimpiada ni una expo. Algo diferente». La reivindicación de poder entrar al recinto con el bocadillo, emparenta al Fórum con la Expo de Lisboa, pues en Portugal hubo una prolongada polémica en la prensa al restringir los organizadores una de las más arraigadas costumbres portugueses, la de la comida campestre. Pero tratándose de un acontecimiento mundial que se celebra en Barcelona y que, además, supone la transformación urbanística de una parte degradadísima de su litoral urbano, la referencia inevitable es la Olimpiada de 1992, el evento que confirmó definitivamente la dimensión internacional de la Ciudad Condal y lanzó al estrellato al socialista Pasqual Maragall, entonces alcalde y hoy primer presidente no nacionalista de la historia de la Generalitat de Catalunya. «No se trata de una exposición universal ni de una olimpiada universal, sino de algo a medio camino entre ambas», decía Maragall en 1997, cuando todavía era alcalde. Su sucesor, Joan Clos, mantuvo después esa línea, añadiéndole más suspense, con el anuncio de que «será algo diferente». Barcelona necesita inventarse un pretexto. Aunque el Fórum pueda dar idea de improvisación por los cambios en el programa unidos a las dificultades que muestra la organización para vender bien sus puntos fuertes, responde a una planificación de como mínimo una década. Por eso, resulta interesante detenerse en la primavera de 1997, cuando Pasqual Maragall preparaba su marcha del Ayuntamiento de Barcelona, donde quince años atrás había recogido el testigo de Narcís Serra. En aquellas semanas Maragall se lanzó a una gira por Madrid, el Vaticano y las principales instituciones catalanas para presentar el Fórum Universal de las Culturas 2004, a celebrar en Barcelona en el 75 aniversario de aquella exposición universal de 1929 que dejó los primeros vestigios de cosmopolitismo en las faldas de Montjuic. Barcelona, dijo Maragall en abril de 1997, «necesita inventarse constantemente un pretexto para seguir pedaleando. Si no existen proyectos de futuro, podríamos perder la calidad de vida que ahora tenemos». El agosto inmobiliario. Cuando amanece, las imponentes avenidas que circundan al Fórum, en el extremo norte de la Diagonal y junto a la desembocadura del Besós, comienzan a rebosar de actividad. Los papeles se invierten respecto a la noche. Mientras en el Fórum miran con ojos deprimidos lo lentamente que progresan las cifras de visitantes, en los alrededores la actividad económcia es desbordante. Allí se encuentra la esencia del Fórum, en el enorme negocio inmobiliario que ya ha triunfado en el contorno. «Ya está todo prácticamente vendido. Muchas de las viviendas se vendieron sobre plano y a precios muy altos. Están metidas las principales constructoras y empresas del sector, de aquí de Barcelona y de todo el país. Es un gran negocio», explica un gallego que trabaja en el sector inmobiliario catalán. Pisos de 600.000 euros. Tras un día recorriendo oficinas, pisos pilotos y casas a estrenar de la zona, presidida por el inmenso centro comercial Diagonal Mar , la conclusión del paisano es rotunda: «Los precios son equivalentes a los del Paseo de Gracia, que son los más caros de la ciudad». En las torres más lujosas, las que presiden la entrada al recinto de Fórum y disponen de hermosas vistas sobre el nuevo puerto deportivo, así como el resto del remozado litoral barcelonés, han llegado a pedir 900.000 euros (150 millones de las antiguas pesetas) por un piso de apenas 80 metros cuadrados, eso sí, de superlujo. Ese sería el extremo, la gama alta de un edificio más que exclusivo. Pero, además, abundan los que cuestan 600.000 euros (100 millones de pesetas). En las agencias dicen que los compradores son generalmente inversores, que han apostado por esa nueva mina de ladrillo, recubierta por impecables aluminios y vidrieras. ¿Habrá vida después del Fórum?. El éxito del Fórum reside, precisamente, en la transformación de una enorme extensión de terreno degradado, próximo al poblado gitano de La Mina. Los descampados, galpones abandonados e infraviviendas han sido sustituidos por una inmensa área de esparcimiento cultural, con un auditorio con capacidad para más de 3.000 personas y una plaza que, a decir de los organizadores, sería la segunda más grande del mundo. Esa revolución urbana ha incluido también la instalación de la depuradora de aguas residuales de Barcelona. Ello no impide que, en ocasiones, el Besós, ese río machacado por el desarrollo industrial barcelonés, reivindique sus viejas esencias, con su desagradable olor. Aunque hiciera unos cálculos de asistencia de público exagerados, la organización del Fórum sí fue realista en considerar agosto como su mes más flojo. Esta semana no ha habido actividad en los diálogos, el espacio de debate por el que han desfilado, pese a algunas sonoras ausencias como la de Lula, muchas personalidades de talla mundial, en sus tres ejes de discusión: la interrelación entre culturas en la globalización, la construcción de la paz y el desarrollo sostenible con las ciudades como escenarios principales. En esa apuesta urbana se ve, una vez más, la pegada de Maragall, porque el Fórum, finalmente, responde a lo que en Cataluña se conoce popularmente como «las maragalladas», propuestas del ahora presidente: geniales o absurdas o las dos cosas a la vez. En la del Fórum triunfa el objetivo profundo, el desarrollo urbanístico, y patina el pretexto. Esa era la cifra que manejaba Pasqual Maragall hace siete años cuando, como alcalde de Barcelona, presentó oficialmente el proyecto al Gobierno central, la Generalitat y, entre otros, al Vaticano. Se esperaba que en los debates participaran 150.000 personas y que Barcelona jugase un papel central en el debate sobre las transformaciones planetarias de la era de la globalización. En mayo, cuando el Fórum abrió sus puertas, las expectativas ya se habían moderado mucho, tanto que se había dividido por cinco el objetivo inicial. Los primeros días, cuando el acceso fue gratuito, el recinto estaba lleno a rebosar. Tras semanas y semanas de justificaciones y manejo de porcentajes en las ruedas de prensa diarias, el Fórum ha optado por renunciar definitivamente a cumplir objetivo alguno de afluencia de público.