Monterrey 2007 salva el orgullo catalán
En algunos foros de debate el público ha podido interpelar a figuras como Gorbachov Las exposiciones, sobre todo la de los guerreros chinos de terracota, son lo más valorado

La Voz
El orgullo barcelonés no va a quedar totalmente herido con el Fórum 2004, porque siempre se podrá decir que fue el inicio de una iniciativa pionera en el mundo. Ya está asegurada la celebración de una segunda edición, en el 2007, en la ciudad mexicana de Monterrey, en el estado de Nuevo León. Monterrey forma parte del cinturón que circunda la frontera norte de México, la que lo separa y lo une a Estados Unidos. Se integra, por tanto, en el área mexicana que más se ha beneficiado del Tratado de Libre Comercio y del traslado de centros de producción estadounidenses hacia el país del sur, con salarios mucho más bajos. Monterrey, la ciudad donde dio clase en su exilio el insigne galleguista Rafael Dieste, podría llegar a considerarse como el equivalente mexicano de Barcelona. Había otros aspirantes, como Fukuoka en Japón y Durbán en Sudáfrica, pero ya se ha designado a Monterrey como futura sede. Las críticas mexicanas. Monterrey da ciertas alas a Barcelona en un momento crítico, en el que se confirman las peores expectativas de asistencia y cuando el Fórum aparece más en los medios por cuestiones polémicas que por su propia actividad. Pero desde México también llegan críticas muy profundas a la experiencia catalana, camufladas en forma de lecciones aprendidas para futuras ediciones. «Nos proponemos una meta más modesta en número de visitantes; no cobraremos para entrar en el recinto, sino sólo para ver los espectáculos, y la duración será más corta, de tres meses», explicó recientemente en Barcelona el gobernador del Estado mexicano de Nuevo León, José Natividad González. También añadió que el presupuesto será más modesto y anunció un sólo eje temático, el del conocimiento y su distribución en el mundo. De este modo, los mexicanos inciden sobre las principales debilidades de la cita catalana, provenientes del aire de grandiosidad, quizá olímpica, con el que fue concebido inicialmente el Fórum por el equipo de Pasqual Maragall. Tantos frentes abiertos, en espectáculos callejeros y musicales así como en congresos y foros de debate, han creado un síndrome de dispersión que no ayuda a atraer el público. «Ah, el fórum. A ver si voy». La organización siempre ha incidido en la imbricación entre el Fórum y la ciudad. De hecho, una parte de los espectáculos se desarrollan en otras zonas de Barcelona y el festival de teatro Gre c está integrado en su programación. Pero cuando se habla con los barceloneses las respuestas suelen ser muy parecidas a esta: «Ah, el Fórum. Todavía no he podido ir. A ver si me da tiempo antes de que termine». Si todos quienes manejan pensamientos semejantes se animan a acudir de aquí a septiembre, la organización viviría un final de fiesta espléndido. Pero parece difícil. Hay otro problema añadido, que reside en la sobreoferta de actividades, pues también es corriente oír lamentos por no haber podido acudir a algún evento, del que sólo se tuvo conocimiento por la reseña posterior en los periódicos. Las 141 preguntas. Y es que el Fórum, pese a todas sus deficiencias y a su multimillonario coste (3.000 millones de euros que incluyen todas las obras del entorno), cuenta con muchos atractivos. El que más atrae a los visitantes, a tenor de las encuestas que hace la organización y de las colas que se forman a diario en la entrada, es la exposición de los guerreros de Xian, figuras chinas de terracota de grandes dimensiones. Según el Fórum, constituyen la mayor muestra de arte chino organizada nunca en Europa. Hay otras exposiciones, como la de las ciudades y el desarrollo sostenible o las de las lenguas, para recalcar la diversidad lingüística, que también reciben elogios. Otra de las vertientes positivas del Fórum es la de los espectáculos de calle, provenientes de todas partes del globo, o las actuaciones nocturnas, de combinación de luz, sonido y música. También destacan las 141 preguntas, que son debates con personalidades internacionales que, tras una disertación, atienden a las preguntas que le formula el público en una cartulina. Así por ejemplo, amas de casa pudieron plantearle sus inquietudes a Mijail Gorbachov, el último presidente soviético. Lo malo es que fallaron muchos invitados y hubo que recurrir a gente con menos tirón.