Diario de León

«Quiero unos Manolos»

A veces, la conquista de ciertos artículos no depende del precio. Aunque nos animemos a hacer un despilfarro, adquirir ciertas marcas de vinos, de zapatos, de relojes... es difícil bien porque no se venden en España o porque la lista de espera

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NANI ARENAS | texto S alen en las revistas, en series de televisión, en el cine... todo el mundo sabe de su existencia. Pero pocos logran poseerlos. Son objetos imposibles para la mayoría de los mortales. Unas veces, su inaccesibilidad radica en los elevadísimos precios, lo que contribuye a engrandecerlos y a convertirlos en objetos de deseo. Pero a veces su conquista no es sólo una cuestión económica. Aunque nos propongamos hacer un despilfarro y la capacidad de sacrificio nos permita ahorrar lo necesario para pagar ese reloj de nuestros sueños cuyo valor puede llegar a superar el sueldo íntegro de muchos meses, hay otro obstáculo. Muchos de estos objetos tan deseados se apoyan producciones limitadas y la lista de espera que conduce a su posesión se vuelve eterna. Hay en el mundo muchas tiendas cuyas puertas no abren sin una carta de presentación. Y así, mientras muchos se vuelven pacientes y aguardan turno, otros privilegiados adquieren en pocos segundos esos objetos exclusivos. El juego es claro. Las marcas democratizan el lujo a través de la publicidad, encargada de que el mundo conozca los nombres importantes del universo de la moda, los complementos o el motor. Pero a la vez, esas marcas saben que sólo quieren vender a las élites quienes pagan a toca teja y huyen de los artículos de consumo masivo. La conclusión final es que el verdadero lujo se protege. Esos precios insultántemente caros y esas listas eternas no son más que excusas para alejar a las masas y para proteger a todas esas élites necesitadas de perpeturar sus eternos delirios de grandeza.

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