Diario de León
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VERÓNICA VIÑAS | texto
León

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La «lectura» del genoma nos ha permitido descubrir que somos más parecidos a nuestros «hermanos inferiores» de lo que pensábamos. Dicen los sabios que apenas hay dos «detalles» que nos diferencian de los animales: la ciencia y el arte. Sin embargo, viendo a los personajes de esta página, tal afirmación parece perder peso. La chimpancé Asuka, una autodidacta de la pintura, pone en evidencia a muchos pintamonas que cobran millones por una suerte de garabatos que alguien investido a sí mismo como crítico eleva a la categoría de obra de arte. Pero es que esos leales amigos del hombre a los que damos en llamar mascotas -es decir, aquellas pobres especies a las que domesticamos o, lo que es lo mismo, obligamos a compartir piso-, son capaces de mil y una habilidades. Todo depende de si el propietario está lo suficientemente ocioso como para enseñar a su bicho los «modales» que él mismo tuvo que aprender en la tierna infancia. No hay nada más halagador que tener imitadores... Sólo que hay comportamientos humanos que tienen poco de esto; mientras, por el contrario, los de muchos animales son dignos de ser emulados. Ejemplo esclarecedor: el hombre es el único animal que no mata por sobrevivir (véase la guerra de Irak). Y puestos a mostrar habilidades, algunos seres «inferiores» nos superan con creces. Corren más rápido, vuelan, respiran bajo el agua sin bombona de oxígeno... En fin, que, si acaso, el hombre es un primus inter pares ...

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