Diario de León

Los misterios y avances de Egipto

Egipto fue uno de los primeros lugares donde surgió la civilización y la primera nación estado en la historia de la humanidad. Sin embargo, si existe un pueblo atrapado en su propia historia ese es precisamente el que coronó a los faraones

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CH. L. M. | texto
León

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En el país del Nilo, los grandes conocimientos atesorados en su antiguedad se visten de leyenda y magia y, todavía hoy, desbordan a la fantasía. Cada descubrimiento es una sorpresa que aclara misterios de civilizaciones comprendidas entre los años 4000 y 526 antes de Cristo y alejan disparatadas amenazas sobre supuestos poderes no terrenales. Lo que no cabe dudas es que en esos casi tres mil años se desarrolló una cultura que profundizó en los conocimientos de la medicina, la cosmética, los perfumes, la química y las grandes obras arquitectónicas, especialmente las pirámides. Algunas investigaciones demuestran que en el 2500 antes de Cristo ya existía una auténtica ciencia cosmética, que además de purificar y embellecer tenía propiedades terapéuticas y medicinales, como cremas, colirios, henna, horquillas, peines y tijeras, según señala María Malibrán. En los restos de unas vasijas del Museo del Louvre que contenían pintura o maquillaje de ojos se comprobó la existencia de sulfuro de plomo y galena negra que, mezclados, originaban el famoso khol, ese polvo negro que se aplica en los ojos para resaltarlos y darles vida. Los frascos contenían también otros compuestos como la laurenita y la fosgenita. Algunas de estas sustancias se hallaron en estado natural, otras aparecieron sintetizadas. Asimismo, cuando se analizaron los cabellos de la momia de Ramses II, se determinó que el gran faraón era rubio o pelirrojo, pero que había usado colorantes. Sus conocimientos no se limitaban solo a la cosmética, en algunos dibujos, pinturas y jeroglíficos de Luxor y Tebas, los especialistas encontraron complejas operaciones de decocción, triturado y reducción de sustancias que hacen pensar que ya existía, también, una auténtica industria del perfume. Un complejo sentimiento religioso impregna la mayor parte de esta sabiduría encaminada a facilitar el viaje al más allá. El ámbito funerario adquiere protagonismo en los textos, especialmente en el Libro de los muertos, en el que se cuenta como el cadáver se llevaba a la casa de momifi cación, Pen Nefer, donde se le extraía el cerebro a través de la nariz. El estómago, higado e intestinos eran sacados mediante una incisión en el lado izquierdo del abdomen. Todos los órganos se guardaban en vasijas llamadas canopos. Luego, el cuerpo de lavaba concienzudamente y se rellenaban las cavidades. Finalmente, se impregnaba con resina y se vendaba. Otra fuente de conocimientos lo aportan los murales del templo de Edfú. En esos frisos existen jeroglífi cos que informan de los ingredientes usados para elaborar unguentos y perfumes. En el papiro de Ebers, descubierto en 1817 y fechado en el 1500 antes de Cristo, se describe la composición de 800 pociones para ceremonias religiosas, así como productos para cabellos y cuidados de la piel. Lo increíble es que al mismo tiempo que sucedía esto, los europeos de hace 4000 años vivían en la Edad de Piedra. Los papeles han cambiado y todos estos conocimientos han quedado atrás. El Egipto posterior al 300 antes de Cristo se hundió tras la caída del Imperio Romano y así permaneció durante 14 siglos. Hoy, lucha por recuperar parte de la gloria perdida, mientras mira con fascinación sus monumentos, que exhibe con orgullo, especialmente las pirámides y trata de custodiar celosamente un patrimonio cultural inimitable. Napoleón, el conquistador La frase se pronunció el 21 de julio de 1798. Durante la batalla que en-frentaría a las tropas francesas y a los mamelucos, Napoleón exhortó a sus soldados con aquel mítico «¡ cuarenta siglos os contemplan!». El general se refería a la edad de la más grande de las tres pirámides de la meseta de Giza, a las afueras de El Cairo. La única de las siete maravillas del mundo antiguo que aún sigue en pie, según recuerda J. Sierra. Más de doscientos años después, los egiptólogos están casi conven-cidos de que la fecha dada por Napoleón es fundamentalmente correcta. En efecto, la Gran Pirámide de Giza, un monumento que originalmente superó los 146 metros de altura -el equivalente a un edifi cio moderno de 40 plantas-, fue levantado en tiempos del faraón Keops, de la IV Dinastía, hacia el 2500 a.C. No obstante, existe des-acuerdo en esa cronología. Javier Sierra destaca que en el siglo 25 antes de nuestra Era, sin ruedas ni grúas o máquinas de ninguna clase, un grupo indeterminado de obreros movió la friolera de más de dos millones de bloques, de pesos comprendidos entre las 2,5 y las 60 toneladas. También es cuestionado como los subían a la cima de la pirámide. Sin embargo, Juan de la Torre Suárez, demuestra que los textos egipcios explican como en 14 días, 4.500 hombres podían trasladar 80 bloques gigantescos a una distan-cia de unos 90 kilómetros por vía terrestre. En el templo de la reina Hatshepsut, en Deir el Bahari, se narra el transporte de dos enor-mes obeliscos de granito desde las canteras de Asuán hasta Tebas. Un grafi to indica que todo el proceso les llevó sólo siete meses. Las especulaciones no acaban ahí y algunos especialistas se pregunta como sin brújula orientaron sus cuatro paredes a los cuatro puntos cardinales con una precisión pasmosa; sin hierro practicaron agujeros que parecen hechos con un taladro y sin ins-trumentos ópticos orientaron algunos canales internos hacia la posición que ocupaban estrellas como Sirio, Zeta Orión o Alfa del Dragón, muy importantes dentro del contexto religioso egipcio. Todo esto evidencia que los constructores de la pirámide de Keops poseían unos conocimien-tos científi cos que los expertos dudan en conceder a los primeros egipcios. ¿Y entonces a quién? La falta de pruebas concretas sobre la autoría de este monumento, en el que no se han encontrado grandes inscripciones con el nombre del faraón que las levantó, han dejado el terreno abierto a todo tipo de especulaciones. Algunos expertos, como el pro2pio Sierra creen que las pirámides nunca sirvieron como tumbas, sino como templos iniciáticos. En 1994, un ingeniero angloegipcio, Robert Bauval, se percató que las tres grandes pirámides de la meseta de Giza estaban distribuidas sobre el desierto de manera idéntica a como estaban las tres estrellas del «cinturón» de la constelación de Orión. En los llamados Textos de las pirámides, Bauval descubrió, además, que para los antiguos egipcios Orión era el equivalente celestial del dios Osiris, y su «cinturón» era lo que los egipcios llamaban el Duat, una especie de «puerta» por la que el alma del faraón debía pasar para llegar al Amenti, al más allá. Otro descubrimiento que aumenta el enredo es el que hizo, en el siglo pasado, John Taylor, al demostrar que el perímetro de la pirámide dividido entre el doble de su altura equivale a 3,1416... pero ese número símbolo lo descubrieron los griegos siglos más tarde. El gran enigma El último enigma de la Gran Pirámide saltó en 1993 cuando un pequeño robot diseñado para explorar un angosto pasadizo de 20 x 20 cms. que atraviesa todo el monumento desde la llamada «cámara de la reina», descubrió algo sorprendente. Una puerta con sendos pomos de cobre de-rretidos por el tiempo parecía impedir el paso a una cámara secreta. Qué contiene, para qué se diseñó y cuándo se abrirá esa portezuela es algo que decidirán un día de estos las autoridades egipcias. Ojalá sea pronto.

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