Citroën C6: ¿El Tiburón del XXI?
Citroën vuelve al exclusivo segmento de los altos de gama con el C6, uno de los coches más impactantes que haya lanzado la marca del chevron en las últimas décadas. ¿El Tiburón del XXI...?
Hay quien sostiene, no sin fundamento, que nos encontramos ante el Tiburón del siglo XXI. Heredero por vía directa, se diría redivivo, de aquel espectacular ID-DS de mediados del XX, popularmente bautizado en España como Tiburón y que, como ahora el C6, marcó toda una época en la filosofía productiva de un fabricante que, bien se sabe, nunca se ha parado en barras a la hora de romper moldes. Como también los rompieron el SM motorizado por Maserati y el CX. El reciente lanzamiento del C4 y la también reciente remodelación del C5, ya anunciaban cambios filosóficos en la producción de Citroën, que ahora se plasman en el C6; una impactante berlina de lujo que comenzará a venderse hacia finales de año. No sólo la estética del C6 anuncia las nuevas tendencias de Citroën, también algunos aditamentos llaman poderosamente la atención en el diseño del nuevo coche: alerón retráctil automático (para no romper la línea de carrocería) escondido en la tapa del maletero, la inspiración aeronáutica de un sistema de proyección de informaciones sobre el parabrisas o -primicia en la marca- un freno de mano eléctrico son algunas de las curiosidades de última hornada que nos propone el C6. Eso, claro, por no hablar de otras tantas vanguardistas aplicaciones tecnológicas que, últimamente, han venido tomando carta de naturaleza en los más recientes modelos de Citroën, como es el caso de los sensores de cambio de carril, adoptados con éxito en los C4 y C5, los faros direccionales (aquí sí que está bien presente la herencia «Tiburón) o los cristales laterales laminados, amén de profusión de aislamientos acústicos y térmicos que incluso se verán también en el C1, el próximo benjamín de la familia. La suspensión activa con amortiguación variable, toda una «marca de la casa, que Citroën lleva utilizando desde hace décadas sin mayores aspavientos, estará también presente en el C6. Por aquello de dar exquisito «cobijo» a los ocupantes de las plazas traseras en una berlina -casi limusina- de lujo, los asientos de esas plazas toman detalles de mobiliario casero: regulación eléctrica en longitud e inclinación y, en general, unas formas y unos materiales interiores capaces de seducir al más pintado. Incluso el siempre controvertido capítulo de la climatización del habitáculo se ha cuidado con mimo. El C6 ofrecerá un sofisticado sistema de climatización automática separada, y hasta «personalizada», que deberá impedir las habituales guerras de los ocupantes del coche en cuanto a sus gustos personales de aireación. La tal climatización está separada derecha/izquierda y delante/detrás con, además, un ingeniosos sistema de difusión del flujo capaz de impedir las siempre molestas corrientes de aire. Repitiendo, o inspirándose, en la estructura que el fabricante ya utilizara en el SM y en el más reciente CX (injustamente denostado y poco comprendido, porque se adelantó demasiado a su tiempo) el C6 hace gala de un morro largo, con un generoso voladizo delantero, en una configuración dos cuerpos (habitualmente muy querida por el chevron) y con unos rasgos estilísticos que recuerdan a los de un coupé. Consecuencia: un coeficiente de penetración aerodinámico (Cx) de 0,28; todo un logro al que colabora el mencionado alerón escamoteable posterior que comienza a desplegarse a partir de 60 por hora y que no alcanza su cénit hasta los 120 Km/h. Citroën ha elegido dos mecánicas V6 para motorizar al C6. Un gasolina que cubica 3.0 litros de cilindrada (215 CV) y, como no podía ser menos en PSA, el flamante V6 HDI de 2.7 litros y 208 caballos de potencia. Ambos equipados con filtro de partículas y también ambos unidos a la caja automática secuencial de 6 marchas. Así que... el glamour está servido; como la magia de los cromados que vuelven a aparecer, discretamente, en la impactante silueta del C6. Sólo falta haber carenado parcialmente las ruedas traseras para devolvernos, a los espectadores, a la mitología que se fraguó mediados los cincuenta, que eclosionara definitivamente en los sesenta y que se mantuvo hasta mediados de los setenta. ¡Gloria al Tiburón!... y al futuro C6. Sólo quienes beben en las fuentes de su historia, son capaces de volver a asombrar al mundo.