COMER CON LOS OJOS
La gastronomía noble en el barroco catalán

|||| En la Barcelona del siglo XVIII los nobles solamente empleaban las manos para comer, batirse en duelo o amar a las mujeres. Los nobles catalanes lucían hermosas pelucas empolvadas y perfumadas y se enfrentaban con singular ferocidad a grandes banquetes. Cuenta el Barón de Maldá en su voluminosa obra Cajón de sastre hasta los más pequeños detalles de su vida y de su circunstancia. El dietario de Rafael d'Amat y Cortada está formado por una monumental serie de volúmenes en los que el noble detalló punto por punto el acaecer diario en sus mansiones, haciendo especial hincapié en las delicias gastronómicas que disfrutaba con deleite. La voluminosa obra del peculiar marqués ha sido publicada en parte a lo largo del tiempo, pero, recientemente, el escritor Joan de Déu Doménech, ha realizado un documentado resumen de la misma, atendiendo sobre todo a la parte dedicada a la gastronomía. El libro se titula Chocolate todos los días , y recibió el año pasado el premio Sent Soví, que se convoca bajo el mecenazgo del Grupo Freixenet, el conocido productor de cava catalana. El título del libro se debe a la impenitente degustación de chocolate que cada día hacía el Marqués, tanto en la hora del desayuno como en la de la merienda. El chocolate tomado con pastas o delicados bizcochos, apropiados para la maltrecha dentadura del noble, lo acompañaba siempre de pequeños sorbos de agua fría y nunca se elaboraba con leche ni se servía leche a su lado. La leche tardó aún mucho tiempo en convertirse en un alimento cotidiano, entonces sólo llegaba a la dieta a través de los quesos y mantequillas. Los almuerzos y las cenas del Marqués se componían como mínimo de cinco platos y eran muy variados, siendo la carne uno de sus principales protagonistas. Por su parte, el vino solamente se servía en los grandes banquetes, en los que el menú era interminable, llegando los comensales a sentirse indispuesto de tanto comer. Mientras, el pueblo llano tenía que conformarse con la escueta dieta que proporcionaban las patatas, el tocino, las cebollas, el pan negro y algún que otro trago de vino. Chocolate todos lo días es un libro ameno, lleno de curiosidades, que nos traslada a la segunda mitad del siglo XVIII, para adentrarnos en el sibarita mundo de la gastronomía en las mesas de la nobleza catalana