Diario de León

Amancio, Quijote y el cielo sobre León

La alegoría del personaje cervantino se irá cualquier día de León sin que nadie haya intentado que los ciudadanos la acojan

DANIEL

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CRISTINA FANJUL | texto
León

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En menos de quince días, esa gran torre desde la que Don Quijote nos ha divisado durante dos meses desaparecerá y el happening creativo que ha llenado el espacio vacío que cruza el camino entre San Marcos, el Auditorio y la Junta volverá a la nada. Vale. Amancio González ha golpeado el alma de Alonso para dejar paso a la locura a la que Quijote se retiró para resguardarse del mundo. Vale. Cientos de personas han clamado durante estos sesenta días para que la alegoría se quede en León. «Vaya quijotada», «que se quede aquí alcalde: cómprala que la pagamos todos», «si tenemos los escombros, también la escultura»... firmas y dedicatorias en español, vasco, gallego, en catalán, en árabe, en inglés... Cuarenta personas han participado en esta empresa escultórica, cuarenta personas a las que Amancio ha revelado el secreto de la piedra con generosidad, sin pedir nada, creando cultura desde León para los leoneses. Vale. Sesenta días en los que Amancio y cuantos han estado con él -Manuel, Macu, Nieves, Buyo, Sergio, Masud, Nico, Vegonha...- han trabajado con frío gélido, bajo la lluvia, sin protección para el sol inflexible y sin ningún tipo de reconocimiento. Sólo les ha mecido el paraguas del desinterés. Vale. Nadie se ha acercado al artista para preguntarle la manera de convertir este quijote errante en una celebración -esta vez sí- del compromiso de que la cultura va tomando cuerpo y su espíritu arraiga en la ciudad. Durante los últimos dos meses, el silencio administrativo-político ha sido la tónica habitual. Nadie sabe si podría quedarse en León porque nadie ha planteado esa posibilidad. A punto de colgar las moscas de Arroyo y este titán cervantino ya revisa el tiempo para que se le haga bueno el camino hasta Gijón. «Por una vez exportamos cultura», manifiesta Amancio a quien, sin embargo, se le acierta un mal disimulado desaliento ante la frialdad con que desde Ordoño II se ha tratado esta gran celebración de cultura y generosidad. Vale. Don Quijote sobrevuela el cielo de León. Como el ángel de Wenders, nadie sabe aún si quien tiene la capacidad de hacerlo permitirá que este espíritu leonés elija la eternidad o se decante por los sentimientos. Si fuera por los miles de leoneses que se han acercado cada día al taller creativo de Amancio, el hidalgo haría como Bruno Ganz y se quedaría entre nosotros, pero en esta ocasión la elección no está de nuestro lado. Vale.

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