Diario de León

BMW M6, un fórmula 1... de calle

Techo de carbono, suspensiones de aluminio, motor V10... de 507 CV, cambio secuencial de 7 velocidades y 4,6 segundos de cero a cien. Opcionales: casco, mono ignífugo, guantes, número en la puerta... y un circuito. BMW no se ha parado en barras

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JAVIER FERNÁNDEZ | texto
León

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Serlo... sin -casi- parecerlo. Esa es la premisa filosófica, firmada «M», que ha primado en el ánimo de los ingenieros de la Bayerische Motoren Werke a la hora de ofrecer a sus incondicionales, y a cuantos puedan «convertirse» a la causa, un auténtico Fórmula Uno... carrozado. Sin estridencias estéticas -las justas, solamente-, con la discreta elegancia que ha primado tradicionalmente en los productos de la marca, también aquí. El nuevo M6 se apunta a la saga de los superdeportivos con, además, un centenar (largo) de kilos menos que un M5 con el que, dicho sea de paso, comparte la mayoría de elementos mecánicos. Consecuencia: 4,6 segundos para acelerar de cero a cien y 250 por hora de autolimitada punta (podría superar los 300) con, no se olvide, la generosa romana de 1.710 kilos y, eso también, una decena menos de centímetros de batalla, con lo que las condiciones dinámicas del M6 se traducen en una agilidad fuera de lo común para un vehículo de esta envergadura. Por cierto, que lo de los 1.710 kilos tampoco están fuera de norma; con su potencia, el M6 puede presumir de la mejor relación peso/potencia (3,3 kilos por caballo) de su segmento. Así que... fuera complejos. Las claves no sólo se encuentran en el poderoso V10, también en la profusión tecnológica de la que hace gala el M6, se diría directamente firmada por los mismísimos ingenieros del Williams BMW F-1: cinco velocidades de actuación de la caja de cambios, tres gradaciones en los tarados de amortiguación, dos grados de asistencia de la dirección, dos curvas de potencia (400 y 507 CV) y dos programas de ESP. Y lo mejor, el coche puede también conducirse cual si de un 645 «normal» se tratase. ¿Quieren más? Pues hay más... El techo de carbono -al estilo del que se monta en el M3 CSL- y los paragolpes realizados en ese mismo material siguen recordándonos la herencia «de la pista a la calle». Lo mismo que los frenos, capaces de clavar el coche cómo y dónde su conductor, convertido ya en ocasional piloto , quiera. Con todo lo drástico que el M6 pueda parecer, BMW no ha dejado un ápice al azar de la improvisación en el capítulo de la confortabilidad y seguridad pasiva. El coche monta de serie 10 airbag, climatizador y asientos de cuero con regulación eléctrica... por poner sólo algunos ejemplos. Mientras se deja al albur de la opcionalidad elementos tan poco deportivos como el GPS y la TV... -¿para qué?- aunque también pueden emplearse 1.610 euros (que tampoco son grano de anís ) en el sistema Head-Up Display, un ingenio, inspirado en la aeronáutica de combate, que proyecta sobre el parabrisas informaciones de velocidad y relación en la que se rueda. Así que, por alrededor de 19,2 de los antiguos millones (menos que sus enemigos naturales) puede poseerse, y disfrutarse, todo un «fórmula uno carrozado»... o casi. La magia corre a cargo de BMW.

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