Diario de León

El hombre que dio plantón a Lennon

En 1957 dejó la primera banda del líder de los Beatles. Cinco años después, rechazó una oferta para tocar la batería en el mítico grupo de Liverpool. Hoy, Rod Davis dice no estar arrepentido: ni le gustaba su música «ni el peinado que se dejaro

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LAUREANO LÓPEZ | texto KOPA | fotos
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Rod Davis (Liverpool, 1941) da clases de Turismo y Márketing en Londres, tiene dos hijos de treinta y tantos, el pelo blanco y, cuando le sobra tiempo, hace windsurf. Davis se puede tomar un café en el Copacabana, en La Coruña, sin llamar la atención de nadie. Claro que él no es un beatle... por los pelos. «Lennon y yo vivíamos en el mismo pueblo, Woolton, cerca de Liverpool, aunque no éramos grandes amigos. A los 11 años, nos fuimos todos a estudiar al Quarry Bank School. En 1956, con 14 (Lennon tenía casi 16) decidimos formar un grupo. En esa época, todos los jóvenes en Liverpool formaban grupos. Tocábamos para divertirnos y también para conocer chicas. Llegamos a tocar en The Cavern (la mítica sala de conciertos de Liverpool) unas cuatro o cinco veces». Davis sólo conserva una foto con Lennon. Es la del día en el que John conoció a Paul, que luego daría título a un libro. Ese 6 de julio de 1956 fue el germen de los Beatles, y el principio del fin de la aventura musical de Rod junto al compositor de Imagine. «Eran las fiestas de la parroquia. Paul fue invitado por un amigo nuestro, Ivan Vaughan. Había un baile, y en el intermedio teníamos que tocar 20 minutos. Antes, Paul habló con John. Afinó una guitarra estilo banjo, algo muy complicado y, aunque era zurdo, tocó con la derecha. También escribió letras de algunas canciones de moda. John se quedó impresionado y de vuelta a casa habló con otro miembro del grupo sobre la posibilidad de fichar a Paul. Unas semanas más tarde ya estaba tocando con ellos». Davis se fue de vacaciones con sus padres. Al inicio del nuevo curso, todo había cambiado: «John se fue al colegio de Arte y yo seguí en el Quarry Bank. La banda evolucionó hacia el rock and roll y yo ya no tenía sitio en ella. Con el banjo se hace skiffle, algo parecido al country. Si hubiera tenido una guitarra en lugar de un banjo...». David niega que fuera expulsado del grupo: «No, no lo hicieron, lo que pasa es que me dejó de interesar. No me gustaba el peinado que se dejaron (ríe) y no me arrepentí, porque ahora puedo estar aquí sentado, tan tranquilo, sin que nadie me moleste. En esa época tampoco pensé que el grupo fuera a continuar mucho tiempo. Todos los días se formaban decenas de grupos nuevos y desaparecían otros tantos». No fue la última vez en la que Davis tuvo la oportunidad de convertirse en mito. Cinco años después, con Lennon ya en los Beatles, ambos se encontraron en una calle de Liverpool. En esa ocasión, Davis pudo ser Ringo Starr. «Me paró y me preguntó qué tal me iba. Me contó que se marchaban de gira a Hamburgo y que no tenían batería. Me ofreció el puesto, pero en ese momento yo prefería otro tipo de música y dije que no. Sí, yo pude ser un beatle, aunque otros veinte chicos también pudieron serlo». Rod y John jamás volvieron a coincidir. Rod Davis no llegó a comprar ningún disco del grupo. «Mientras todo el mundo en Inglaterra escuchaba a los Beatles, yo escuchaba a Bob Dylan». El 9 de diciembre de 1980 trabajaba en su oficina de Turismo de Londres cuando recibió la noticia del asesinato de John. «Fue horroroso. De golpe, me llegaron todos los recuerdos de la infancia. En el colegio, John no era el alumno ideal. No se conformaba con cumplir las normas. Tenía un gran talento como artista, eso ya era evidente, y mucho carisma ya con 17 años, aunque yo no hubiera podido reconocer a una estrella en esa época». Azulejos de amplificadores Davis siguió tocando su banjo (hoy cedido al Museo de los Beatles en Liverpool), y aprendió a rasgar la guitarra. En 1963 y 1964, mientras la banda de Liverpool alcanzaba la inmortalidad, Davis trabajaba en Alemania y seguía de refilón la evolución del grupo: «Hoy me gustan especialmente dos canciones, In my life y Penny Lane , porque hablan de la época que pasamos juntos, cuando saltábamos el muro del colegio y llegábamos a Penny Lane, donde había un bar con tocadiscos que escuchábamos mientras comíamos patatas fritas. Era la época en la que nos metíamos en el baño de la tía de John a ensayar, porque no teníamos bafles y los azulejos hacían de amplificadores. La época en la que John andaba mal de dinero y me vendió un disco de Lonnie Donegan que ahora tengo enmarcado en casa». En 1997, con motivo de la celebración del 40 aniversario de The Cavern se produjo el reencuentro definitivo entre los dos amigos de Woolton. «Allí nos juntamos los componentes de los Quarrymen que seguíamos vivos, y decidimos homenajear a John refundando la banda». Acaban de grabar un disco en Japón. La banda es la John Lennon's Quarrymen y se junta «cinco o seis veces al año. Somos como objetos de museo vivos». Los nuevos Quarrymen (tres de la formación original) tocan las mismas canciones que sonaron aquel 6 de julio de 1957, el día en el que John conoció a Paul y que convertiría a Rod Davis en un anónimo señor de pelo blanco. Un señor que se pide un café en un bar céntrico de La Coruña sin que nadie repare en que es el hombre que dijo no a los Beatles.

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