Diario de León

Hyundai en Re mayor... Sonata

Puede que no sorprenda por su estética, quizá tampoco por sus prestaciones, sí que lo hace por su completísimo equipamiento de serie y, sin duda, por su tarifa. Interesante, en su clásica y discreta presentación, la Sonata que ejecuta Hyundai.

Publicado por
JAVIER FERNÁNDEZ | texto
León

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Berlina media, de diseño clásico (cuatro puertas, maletero separado) que nos permite una empírica comprobación respecto a la evolución del fabricante coreano y que se declina en un coche capaz de codearse -sobre todo en lo crematístico- con la furibunda competencia europea en uno de los segmentos donde, a nadie se le oculta, vienen librándose algunas de las más encarnizadas batallas comerciales. La relación precio/equipamiento y una tecnología bastante alejada de anteriores realizaciones firmadas por la marca, son las mejores bazas que nos ofrecen los 4,8 metros «de coche» propuestos por Hyundai. Una envergadura, y un «panorámico» maletero (610 litros), amén de otras gracias que también lo adornan y que permiten a nuestro protagonista, no sólo codearse, incluso plantarles cara, a ciertos intocables del segmento de militancia... Opel Vectra, Ford Mondeo, Renault Laguna, Citroën C5, Peugeot 407... son sólo algunos ejemplos de la lista que el lector puede incrementar a voluntad. Hyundai ha querido ofrecer, con el Sonata, un coche eminentemente cómodo, al gusto europeo y aplicación parámetros se diría inéditos en los catálogos del fabricante. Por ejemplo, es el primer Hyundai que adopta regulación telescópica del volante -además de la habitual en altura-, realizado en un bonito aro de perfecto grosor en el se que combina la pasta simil-madera con el cuero. El habitáculo tiene verdadera capacidad para cinco ocupantes; es verdad que la «tercera» posterior tiene su parte de respaldo ligeramente menos confortable, aunque dispone de cinturón de tres puntos y reposacabezas individual. Los asientos tapizados en cuero -el del conductor con regulación eléctrica- quizá no resulten todo lo ergonómicos que deberían -el cuero también influye en los «resbalones»- aunque tras un par de intentonas se acaba por encontrar una buena postura de conducción. Un generoso reposabrazos central, de dos posiciones y con «armario», además de numeroso huecos de diferentes dimensiones, contribuyen a la practicidad interior del coche. El cuadro de instrumentos es tan completo como legible: relojes grandes, ordenador de a bordo, profusión de testigos... y hasta techo eléctrico de serie cuyo diseño, dicho sea de paso y en detrimento de otras realizaciones europeas de mayor enjundia, permite circular a casi cualquier velocidad sin que se produzcan las indeseables turbulencias. Tanta ha sido la preocupación del fabricante por el equipamiento de serie, que el Sonata sólo ofrece como opcional la pintura metalizada... por unos módicos 310 euros. Se diría un opcional por «optar» a algo. Todo lo demás está incluido en una ajustada tarifa general. También los tonos claros de la realización interior contribuyen a crear un ambiente luminoso en el habitáculo del Sonata, por mucho que obligarán al usuario, nada es totalmente perfecto, a «trabajar» la bayeta. Por cierto, una curiosidad, en la parte interior de la tapa del maletero, una ostentosa palanca («Pull», pintada en amarillo) que permite la apertura si es que «nos» quedamos encerrados en el tal cubículo (?). Sonrisas fuera... el artilugio, nada habitual en Europa, es obligatorio en el mercado EE.UU.; ya ven. En el plano puramente dinámico, la confortabilidad prima sobre la deportividad, tampoco tiene porqué ser de otra forma habida cuenta la filosofía del modelo. El funcionamiento general es tan correcto (sin mayores estridencias) y homogéneo (sin especiales concesiones) como la generalidad del producto. Eso sí, sorprenden extremos como la caja manual de 5 marchas, cuando últimamente se vienen generalizando las 6 velocidades, aunque en contrapartida su funcionamiento es agradable y con la suficiente estanqueidad de engranado de las distintas relaciones. ¿Habrá una de 6? Podría ser... desde el momento en que la marcha atrás dispone de gatillo y se engrana hacia el conductor. Baste decir que se trata de una pura especulación personal. El tarado de suspensiones «tira» más a blando que a firme (seguimos con la confortabilidad) mientras la dirección, bastante desmultiplicada (3,2 vueltas entre topes), resulta cómoda aunque algo lenta en maniobras ajustadas (el Sonata no gira demasiado entre columnas de los «amplios» garajes que ahora se estilan en la mayoría de edificios). Los consumos son correctos (alrededor de diez litros y 700 kilómetros de autonomía), los frenos cumplen con autoridad y las ayudas a la conducción están bien presentes: ESP (desconectable y con buenas «actuaciones»), ABS con ayuda a la frenada de emergencia y elementos de seguridad como los doble airbag frontales y laterales delanteros, también de cortina delanteros. Nada que objetar... salvo, inasequibles al desaliento, ellos, siguen «desafinando» a placer con la, ya tradicional en Hyundai, ¡carátula extraíble de la radio! Ahí estamos... En definitiva, que en el Sonata todo funciona bien; por mucho que el coche no levante pasiones, ni estéticas ni dinámicas. Así que... «la marcha final, la fanfarria, más que afinada, está equilibrada» (Nepomuceno dixit ).

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