«Con Pedro Almodóvar se me apareció la Virgen»
María Barranco | La malagueña regresa al cine por todo lo alto con «Lifting de corazón», una comedia dirigida por Eliseo Subiela en la que da vida a una mujer muy alejada del personaje con el que saltó a la fama en «Mujeres al borde de un ataqu

Nadie mejor que ella dejó mensajes en el contestador de Carmen Maura. «Pepa, ¿estás ahí?». Era, entonces, una mujer superada por los nervios. Pedro Almodóvar tocaba la tecla del éxito como nunca. Aquella que inauguraba lo de manchego universal. Antonio Banderas cruzaba sus primeras miradas con las estrellas de Hollywood. Y en todo este ochentero caos milimétricamente organizado por Almodóvar, el acento andaluz más simpático del cine español tenía nombre propio: María Barranco. Desde entonces, es difícil que una película con eñe y situaciones de comedia no caiga en la tentación de incorporar un personaje que recuerde a aquella Candela perdida e ingenua que se sentía desamparada en el mundo por un quítame allá un amor chiita en un mar de Mujeres al borde de un ataque de nervios. María Barranco es ahora una actriz con más de treinta películas a sus espaldas. Ha trabajado con Fernando Fernán Gómez, Bigas Luna, Imanol Uribe, Jaime Chávarri, Pedro Olea, Manuel Gómez Pereira¿ Ha ganado goyas. Ha vivido para el cine veinte años. Y ha conseguido mantenerse al margen del extrarradio de la fama y de los papeles alimenticios. Ahora regresa de la mano de Eliseo Subiela para cumplir el sueño de trabajar con el realizador de la magistral El lado oscuro del corazón. En Lifting de corazón, María Barranco es una mujer madura a la que el amor se le aparece cuando lo que más hay es miedo a enamorarse. Una comedia de factura lujosa en la que Subiela se desmarca de los objetivos de hacer cine con firma para pasar a un producto de calidad, comercial y con el éxito como meta. Subiela dice que sólo hace películas de amor y que quién no. Barranco no dudó ni un segundo en aceptar el papel, aunque diga: «No le perdono que me haya hecho abuela en el cine. Tal y como están las cosas para las actrices, me da pavor que haya dado ideas¿». Pero en pleno 2005, en Sevilla, a la malagueña paisana de Banderas, que nunca tuvo tentaciones de cruzar el Charco para probar suerte en el cine de EE. UU., le queda cuerda y carisma para rato. Así se siente y así lo parece. Quién se lo iba a decir cuando comenzó a hacer cine sin tener muy claro hasta dónde podría llegar. Cuando tenía que llamar ella a los teléfonos como aquella Candela a la que casi nadie escuchaba sus lamentos. Ahora, es ella la que coge el teléfono para decir casi siempre «sí» porque ha descubierto que ama su profesión. Pero todo comenzó con la incertidumbre de no saberse escuchado cuando uno deja mensajes en un contestador. -Es inevitable recordar a aquella desesperada mujer que deja mensajes sin respuesta en el teléfono de Carmen Maura, en «Mujeres al borde de un ataque de nervios». Después de todo, reconocerá que nunca hubo mejor respuesta¿ -Ese es el maestro Almodóvar. Yo dejaba los mensajes y todo lo que decía había salido antes de su boquita. Para mí, es el recuerdo de una película mágica que me cambió la vida de la noche a la mañana. Pasé de ser una aspirante a actriz a que se me considerara para muchos otros proyectos. -Y le salieron imitadoras. -¿Tú crees? Eso es un piropo que agradezco. Lo que pasa es que fue una peli que le cambió la vida incluso a Pedro. Porque Mujeres¿ estuvo más de un año en cartel. Ganó premios en todo el mundo. Y fue algo divertido. Y muy fuerte. A nivel profesional, no todos los días te pasa eso. Para mí, digo que fue un cambio porque supuso trabajar desde entonces de forma regular. -¿Quedaron todos tocados por la varita mágica de Almodóvar? -Yo digo que cuando me llamó Pedro Almodóvar se me apareció la Virgen. -¿Ya no trabaja más con él? -Después de una colaboración en Átame ya no he hecho nada más con Pedro. -¿Y si le llama? ¿Le gustaría que ocurriera? -Por supuesto. Trabajar con él fue una experiencia cuando yo no tenía ni idea de las técnicas del cine. A mí me cuidaba y me trataba teniendo en cuenta todo eso. En lugar de decirme que me parara cuando estaba la marca en el suelo, me decía: «Párate cuando te tropieces con el sofá». Yo también estaba con esa cara de alucinada de Candela porque sabía que era una oportunidad que tenía que aprovechar. No sé cómo habrá cambiado a la hora de rodar, pero es mi maestro y el maestro de la comedia. -Si ahora trabajara con Almodóvar, tendría que someterse a todo lo que arrastra de fama, de Oscar, de Hollywood¿ ¿Le atrae toda esa vorágine? -Sí, lo de trabajar con Pedro sí, porque es un genio. Pero no por todas esas cosas. Lo que más me interesaría sería el personaje que me tocara y la película. Porque creo que lo más importante de Almodóvar es el cine que hace. -Cronológicamente, de Almodóvar pasó a Bigas Luna. ¿Fue importante mantenerse con otro director de primera línea? -En Lulú de noche hacía ese papel de travesti que era un auténtico bombón. Y un bombón hay que comérselo aunque engorde. Además, Bigas es un personaje tan amoroso que te dan ganas de abrazarle. Es encantador y hacer una película con él siempre es bueno. -¿Entonces tiene su director fetiche? -Más que tener o buscar eso, lo que intento es ser un poco esponja. Y, cada vez que veo algo que me gusta, digo: pues pa' mí. Cada día te tienes que plantear aprender algo más. Afortunadamente, con muchos directores he aprendido mucho. Y con muchos compañeros, también. Sobre todo, el saber estar y saber ser generoso. Por ejemplo, recuerdo mucho la figura de Paco Rabal. Ahora lo pienso: «Qué privilegio he tenido de trabajar con él o con Fernando Fernán Gómez. He tenido suerte». -¿Y qué aprende ahora con Eliseo Subiela? -Me encanta mi personaje. Es una mujer con mucha ironía. Inteligente. Que hace lo contrario a lo que hacemos todas las mujeres cuando nos engañan. Es una mujer que se preocupa, pero que ofrece otra mirada. Aunque la procesión va por dentro. -Antes también hizo un papel interesante, diferente, en «Atún y chocolate». ¿Por qué se vio tan poco esa película? -Esa película me gustó mucho. Y es cierto, se tenía que haber visto más. Pero yo siempre digo que en este país lo que pasa es que es difícil vender mortadela o salchichón si no tenemos una tienda o ni un puestecillo siquiera. Si no tenemos salas, es difícil que se vean cosas que son muy importantes. Es una película muy tierna, con esas cosas naíf que tiene Pablo Carbonell. Cuando me mandó el guión pensé: A ver qué barbaridad me va a mandar el Pablo. Pero me quedé alucinada porque es una historia pequeñita, preciosa. Y rodar en Zahara de los Atunes, con la gente de allí como actores, con las localizaciones al lado de casa¿ Fue una alegría. -¿Qué recuerda de sus inicios como actriz? -Que fue muy duro. Hubo un momento en el que iba a tirar la toalla. Siempre te decían que, si no despuntabas en tres años, lo dejaras. Y siempre me pasaba lo mismo. O la querían rubia, o buscaban una más baja, una más joven, una más vieja¿ Ya estaba pensando que sería mejor que me dedicara a otra cosa, cuando apareció Mujeres¿ Es muy duro y, sobre todo cuando veo a gente que empieza, me doy cuenta de que hay gente que desanima. Pero hay que pensar que la suerte influye mucho. -¿Ahora elige? -Ahora puedo elegir más. Pero también te digo que, en el cine, cumplir años es desaparecer de las películas. -¿Falta de imaginación? -Afortunadamente, hay más mujeres que se dedican al cine y saben encontrar sentido a los papeles que pueden hacer mujeres más mayores y que son necesarios para contar una historia. Desde el punto de vista sólo de los hombres se eliminaban muchos papeles. Era algo así como que las cosas les pasaban a los hombres, y nosotras éramos mujeres florero. Pero, de momento, aunque haya algunos cambios, cumplir años en el cine es desaparecer. -¿Alguna propuesta de cambio? -Pienso que el Gobierno debería apoyar más el cine y facilitar que las películas se estrenaran de forma digna. Normalmente, cuando se terminan no hay un duro y así cómo vas a competir con Harry Potter. Así se podría fomentar una variedad. -Pero si hay gente que dice que los del cine son unos enchufados¿ -Es que hay gente que dice unas cosas que son mentira. El apoyo de Cultura no es el que debiera. El modelo francés, fotocopiado, es el que podría valer para España. -En «Lifting de corazón» se habla del miedo a volver a enamorarse. ¿Es lo que le pasa a la vida actual? -Hay un personaje que es un poco picaflor. Al mío, no es porque le hayan..., bueno sí, le han puesto los cuernos y eso le desborda. Pero también se da esa parte en la que queda claro que el amor rejuvenece. -¿Comparte con el director de «Lifting de corazón», Eliseo Subiela, eso de que todas las películas son de amor? -De amor o de desamor, hablan todas las películas de sentimientos. Y es mi género favorito. Esas películas de los cuarenta o los cincuenta¿ A veces pienso: «Me he quedado con el cine en blanco y negro». Me aburre bastante el cine de acción. -¿Es más difícil sentir en el mundo actual? -A veces, lo que pasa ahora es que la gente se instala como animales de costumbres. Eso es muy duro también. Hay que sacar tiempo para cuidarse, para mimarse, para los amigos¿ Realmente, llevamos una vida que cuando, luego, te da un palo gordo, decimos: «Cómo le daría tanta importancia a esto o lo otro». Lo que pasa es que después, al poco tiempo, se vuelve a la misma vorágine. Yo intento tomarme la vida sin caer en eso. Me encanta mi profesión, me apasiona y me divierte rodar, pero también hay otras muchas cosas en la vida que quiero saborear. -¿Le gusta mucho el cine? -Mucho. E intento ver mucho cine. Lo que pasa es que, a veces, si tienes poco tiempo, cuando quieres ver algo, por ejemplo español, ya lo han quitado. Entonces, lo que hago es verlo en casa. Pero donde esté una sala¿ -¿Y el cine español le gusta más que el americano? -Casi no se pueden ni comparar. Hay unas diferencias en todo muy grandes. Más presupuesto¿ Otra forma de rodar¿ Pero, a mí, hay películas americanas que no me mueven de la silla. -¿Se ve mucho con otro actor malagueño: Antonio Banderas? -Hace mucho que no le veo. Hemos sido compañeros. El año pasado coincidí con él en un premio que le daban en un acto que presentaba yo. Me alegro mucho de su éxito y se merece mucho más. Desde que le conocí me ha parecido un tío muy brillante, con una fuerza arrebatadora, y guapísimo. Además, no sólo tiene muy buen humor, sino que es muy buena gente. Todo lo bueno que le pase es poco. Antonio llegó a Madrid y triunfó al poquito. -¿No siente la llamada de Hollywood? -Me hace gracia esa pregunta. Pero no me atrae, porque te soy sincera y te digo que aquello es tan difícil, hay tanta gente y hay actores que hacen de todo, que me resulta muy complicado. Tengo mi vida aquí. -Se ve que prefiere hacer cosas grandes desde aquí, como «Lifting de corazón»¿ -Yo tenía muchas ganas de tener en mi currículo a Eliseo Subiela. Hay cosas muy especiales que hemos hecho en el rodaje y que me han encantado. Me encanta cómo es él. No es un director que te marque para nada. Yo, incluso, era la que le decía: «Vamos a hablar de la película». Él decía: «Bueno, si quieres¿». Pero, luego, poco a poco, vas haciendo lo que él quiere. -¿Desmitifica con esa anécdota el mundo del cine? -¿Eso de las actrices que se odian y tal? Hombre, yo pienso que, si vas a estar rodando un mes con gente, todo el día unos pegados a otros, doce o trece horas, si no haces lo que sea por llevarte bien, te mueres. No conozco a ningún buen actor que no sea generoso. Cuando trabajé por primera vez con Ana Belén, me decían: «Ten cuidado». Ahora somos amigas íntimas. Se mostró muy generosa siempre. Además, lo duro es trabajar en la mina o en la construcción. -¿En qué se parece la época del cine de «Mujeres¿» al de «Lifting...»? -Yo creo que ha mejorado mucho. La gente nueva ha traído aire fresco. Sí pasa que en este país lo que se hace mucho es subir a alguien al trono y bajarle para subir a otro. Ahí están Borau, Armiñán¿, que fíjate que nombres, y lo tienen difícil. -¿Ha hecho el papel de su vida? -Estaría frustrada si pensara eso. El último papel es el ideal y el mejor es el que está por llegar. Hombre, si me da por pensar en alguno, podría ser el de una mujer de época. Un papel de una reina en un momento histórico apasionante.