Diario de León

Jiménez de Jamuz estrena tapiales frente a la laguna

Una veintena de personas emulan a los antiguos tapiadores leoneses y levantan con tierra centenera, gran trabajo y «muchas ganas» los diez tapiales necesarios para fabricar los muros de un observatorio de aves frente al humedal del pueblo

RAMIRO

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ANA GAITERO | texto
León

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La recuperación de la construcción con tapial en Jiménez de Jamuz, medio siglo después de su abandono en la provincia, fue una auténtica tarea de titanes, pese a las humildes dimensiones del observatorio de aves que se ha levantado frente a la laguna artificial de la localidad jiminiega. Pero, finalmente, se logró reproducir un proceso constructivo milenario en el que la tierra es la principal protagonista. Nunca hasta ahora, en cincuenta años, se había realizado una experiencia parecida en la provincia. Tongada a tongada -capas de tierra apisonadas dentro del armazón- se levantaron las diez piezas de tapial que cierran la edificación, hasta alcanzar 1,60 metros de altura. Los tapiales, asentados sobre cimientos de piedra, fueron ejecutados con un encofrado de madera fabricado para la ocasión a partir de los modelos «desempolvados» en el pueblo por Rogelio Fernández, hijo de uno de los mejores tapiadores que hubo en la comarca, el señor Chavetas. Los muros se remataron con adobes -unos elaborados en el lugar con agua, tierra y paja como mandan los cánones y otros reutilizados de una vivienda arruinada- y finalmente se instaló la cubierta de madera, que se protegerá con tejas curvas. Antiguamente, las edificaciones se enfoscaban al cabo de un año, por lo que esta última fase se realizará más adelante. Una veintena de alumnos y profesorado del curso organizado por el Centro de los Oficios y el Ayuntamiento de Santa Elena de Jamuz aportaron la mano de obra para lograr la hazaña, aunque, como precisa la directora Pilar Puerta, antiguamente el equipo de tapiadores estaba compuesto únicamente por cinco personas: uno movía la tierra y cargaba las calderetas con la pala, dos transportaban las tongadas y otros dos apretaban la tierra sobre el encofrado con los pisones. Así que, después del trabajo de seis días, les queda a todos «un inmenso respeto hacia la gente que hizo tapial toda la vida», agrega la aparejadora. No sólo por el esfuerzo físico que requería la obra, ya fuera para construir una casa, un palomar o la misma Alhambra, como recordaron los alumnos granadinos, sino también por el sentido de la ecología y la economía con que construyeron sus moradas. «Cuando en Jiménez de Jamuz se hacía una casa se retiraba la capa vegetal del lugar donde se iba a construir y se extraía la tierra para hacer el tapial, con lo cual no había que hacer desplazamientos ni comprar materiales en lugares lejanos para la la construcción», añade. Como mucho, se utilizaban adobes fabricados cerca del río y la madera y las tejas para cubrir la casa. Otra de las ventajas de este tipo de construcciones, indica Ricardo Cambas, es que la tierra es un aislante excepcional para mantener una temperatura fresca en verano y aumentar la calidez en invierno. «En una época en la que vivimos obsesionados por los aislantes no nos damos cuenta de que esta construcción es el mejor aislante en los días terribles de calor», agrega. Se acabaría, como dice él, «con el aire acondicionado y los brutales gastos eléctricos que ocasiona en verano». Hoy en día el material que más se utiliza en bioconstrucción es, en cambio, el ladrillo de termoarcilla. Su oficio es la carpintería pero no ha querido perder la oportunidad de hacer tapial. «Nos hemos dado una soba de campeonato, pero se ha demostrado que se pueden hacer construcciones con tierra», recalca. Para que el tapial sea viable económicamente en el siglo XXI sería necesario mecanizar el proceso, coinciden todos. De ello existen experiencias cercanas -Amayuelas (Palencia)- y lejanas como en Alemania, Suiza y Francia. «Nosotros lo hemos hecho tal y como se hacía en León hace cincuenta o sesenta años, pero existen pisones neumáticos para pisar la tierra», explica el albañil Laureano Rueda. La rana de pisón es uno de los sistemas mecánicos que ya se han ideado para apretar bien la tierra. «Lo que hace falta es que se valore, lo que sobra es tecnología», apostilla Ricardo Cambas, quien lamenta que todavía exista «tanta incomprensión» hacia las construcciones de tierra; se pierden sin remedio en los pueblos de León por «pura ignorancia», pero está convencido de que «cuando comience a valorarse habrá demanda y será rentable». La reconstrucción del tapial de forma manual, a la antigua usanza, ha sido un hito teñido de romanticismo, «hemos demostrado que se puede hacer perfectamente», pero la finalidad del curso es sobre todo estimular a su recuperación como técnica para construir. El alcalde de Santa Elena de Jamuz, Jorge Fernández, no dudó en apoyar la iniciativa desde el primer momento. El municipio está dentro de una zona de especial protección para las aves y la laguna es frecuenta porr fochas, garzas reales y otras zancudas, así que «contar con un observatorio y un pequeño centro de interpretación era una forma de beneficiar al pueblo, ya que en otros aspectos se ha podido ver perjudicado», explica el edil. Con esta construcción surgida de la tierra, el municipio no sólo ha puesto una pica en el pequeño mundo de la arquitectura tradicional, sino que gana para vecinos y visitantes un nuevo atractivo conectado a sus costumbres ancestrales y a la naturaleza. Santa Elena de Jamuz es pionero en la puesta en práctica de un programa educativo relacionado con los oficios tradicionales que bajo el título Conoce tus pueblos, conoce tus tradiciones acerca a sus pueblos, Jiménez, Villanueva y Santa Elena a cerca de dos mil alumnos de toda la provincia. Para hacer tapial se desplazaron jóvenes y maestros desde Granada, Toledo y Vitoria y también estudiantes de arquitectura que, como Aurora, una joven de Valencia de Don Juan, creen que tienen mucho que aprender de sus antepasados. Hace cuatro años se descubrían en La Candamia, en el Castro de los Judíos, restos de una construcción de tapial de tierra y cantos. Se cree que pertenecieron a la muralla del castro iudeorum , que fue destruido por Alfonso VIII en el siglo XII (1196). Ahora son restos arqueológicos de gran valía. El tapial, como el adobe y todo lo relacionado con la tierra se asocia con pobreza y atraso económico, pero, como recuerda Francisco Villegas, «la Alhambra y su muralla están hechas de tapial». Es uno de los alumnos del Centro Albayzín que viajaron desde Granada para aprender la técnica en Jiménez de Jamuz. La única diferencia que encuentra entre el tapial que ve en Granada y el del pueblo jiminiego es la tierra, «allí es más caliza y tiene más canto rodado», explica. También se interesó por el tapial el centro Ignacio Elllacuría Ikastegia, que depende del departamento de Empleo del Ayuntamiento de Vitoria.

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