Diario de León

Tres siglos tras el oro perdido

Desde 1703, los galeones de Rande han sufrido múltiples expolios en busca del mayor tesoro de la historia. El proyecto de un consorcio ruso para rescatar 22 de los pecios abre un nuevo capítulo en una leyenda que ha atraído a Galicia a aventure

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Publicado por
XURXO MELCHOR | texto
León

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La leyenda del tesoro de Rande empezó el 21 de octubre de 1702, pero aún no se ha escrito el último capítulo de una historia que ha fascinado a aventureros de medio mundo. Algunos tuvieron suerte y encontraron parte del oro, la plata y las piedras preciosas que duermen en el fondo de la bahía. Sin embargo, la gran mayoría se fueron con las manos vacías y son muchos los que creen que bajo las aguas oscuras y fangosas sigue reposando un auténtico El Dorado. Muchos intentos A lo largo de los tres últimos siglos han sido cerca de setenta las expediciones organizadas para intentar recuperar el tesoro de Rande. Ésa es al menos la estimación de John S. Potter, el estadounidense que en 1955 protagonizó el último intento de recuperar el botín perdido por la flota de Indias. No tuvo éxito. Tan sólo reflotó cañones, bolas de cañón, algún ancla, trozos de madera de los barcos y un único doblón de a ocho de plata de 1699. El consorcio ruso San Simón GmbHi quiere ahora tomar el testigo y ha presentado un proyecto para rescatar 22 de los galeones hundidos en la contienda, para lo que dicen estar dispuestos a invertir 230 millones de euros. El expolio del tesoro comenzó en cuanto los ingleses levaron anclas. Los pescadores de la zona se apresuraron a recuperar con ganchos y garfios cargas que se habían soltado de las bodegas. Tal era el ajetreo que las autoridades tuvieron que desplegar guardias. Poco tiempo después, España concedió el primero de una serie de contratos de rescate. Tal era el valor supuesto del tesoro que había incontables candidatos a pesar de la exigencia de entregar el 90% de los materiales recuperados. Según las investigaciones de John S. Potter, entre 1723 y 1747 diecinueve compañías probaron fortuna en la ría. Un español fue el primero en tener éxito. Juan Antonio Rivero, que había fracasado en su expedición de 1732, volvió a Rande en 1748 y recuperó unas 200.000 piezas de a ocho de plata. También tuvo suerte en 1772 el inglés William Evans, que empleó una campana de inmersión inventada por él y rescató del fondo varios cofres repletos de plata. La historia de Isaac Dickson, que llegó a Rande en 1825 con 33 marineros y buzos, y el último grito en campanas de inmersión, es un claro ejemplo del expolio que han sufrido los galeones. Este inglés trabajó en doce de los barcos hundidos y recuperó muchísimo material y cargamentos. Sin embargo, dijo que no había ni rastro del tesoro. Ante la sospecha de que estuviese ocultando sus hallazgos, el Gobierno español empezó a hacer preguntas y Dickson desapareció sin previo aviso. A sus socios en Gran Bretaña les dijo que había fracasado, pero las crónicas cuentan que pasó sus últimos días rodeado de lujos. Los intentos por hallar el gran tesoro motivaron todo tipo de inventos. En 1869, los franceses Magen y Berthe emplearon una gran campana de inmersión con luz eléctrica y un electroimán submarino. Tuvieron éxito y entre los materiales rescatados hallaron cinco pesados discos de plata. Menos afortunado fue el italiano Giuseppe Pino, que en 1903 trajo varios de sus inventos, como el hidroscopio, que permitía observar desde la superficie el fondo marino. Su búsqueda fue infatigable, pero también muy destructiva. Llegó a levantar el casco de dos galeones, pero en ambas ocasiones el pecio se partió en dos y se fue al fondo. Tampoco fueron muy cuidadosos los italianos que en 1924 y dirigidos por Enrique Venturini dragaron la zona destrozando los barcos en los que trabajaron. Sin embargo, no encontraron más que unos finos discos de plata. Tras tres siglos de expolios, la incógnita es si sigue habiendo un tesoro bajo las aguas de Rande. Potter cree que sí y calcula que en el fondo aún hay 500 toneladas de oro y plata, y 250 de perlas y piedras preciosas. Sin embargo, la única certeza es que la ría de Vigo oculta uno de los mayores tesoros arqueológicos del mundo y que recuperarlo es posible. Aún no se ha hecho una prospección arqueológica seria que daría como resultado miles de objetos que se convertirían en una colección con la que crear uno de los mejores museos históricos del mundo. También es posible rescatar los barcos hundidos. En Inglaterra lo hicieron con el Mary Rose y también en Suecia con el Vasa. Mantener estas joyas es caro, pero la experiencia muestra que puede y debe hacerse antes de que el mar las destruya por completo.

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