ASÍ DISFRUTAN DE SU TIEMPO DE OCIO
Españoles que ven y oyen con las manos
Están en tierra de nadie: para los ciegos son sordos y para los sordos son ciegos. Por primera vez, los sordociegos se han reunido en Manzaneda para conocerse, divertirse juntos y planear el futuro
Cabeza de Manzaneda. Sábado a eso de las seis de la tarde. En la terraza de la cafetería, entre la niebla que baja y el sol que intenta salir, mantienen una animada conversación Juan y José María. ¿Conversación? Lo cierto es que no se oye ni un susurro. Los dos hombres tampoco se ven: en el transcurrir de la vida perdieron la luz de sus ojos. Sencillamente se comunican. Hablan a través de sus manos entrelazadas que dibujan en el aire una animada danza, dedos unidos que por momentos vuelan sobre el corazón, resbalan por la cara, componen figuras, dedos que son su vista y su oído. Tres sentidos en uno. El encuentro de Juan y José María es seguido con emoción contenida por una treintena de personas repartidas por la terraza; la mayoría son voluntarios de Federación de asociaciones de sordos gallegos (FAXPG). Hace un año que los dos sordociegos no se veían, tampoco podían llamarse por teléfono ni escribirse; llevan tres o cuatro horas juntos, pero ninguno se ha percatado de la presencia del otro; por eso cuando se encuentran tienen tanto que decirse. Este es el segundo año que los sordociegos gallegos se reúnen con los voluntarios de la FAXPG que les acompañan periódicamente en sus lugares de origen (Santiago, Vigo, Betanzos, Monforte, Monteporreiro...), aunque en realidad es el primer encuentro en el que participan la mayoría de estos discapacitados. Fueron nueve personas, de distintas edades y condiciones, si bien en Galicia hay muchas más. «Tenemos 55 sordociegos en la base de datos, pero son datos difusos que no podemos usar por su confidencialidad», explica Ángeles Pose, de la Federación de Xordos y coordinadora del encuentro de Manzaneda. La llegada de los asistentes fue similar a la de cualquier persona que entra en la habitación de un hotel, salvo que en este caso para ver el sitio cada uno de los sordociegos lo ha recorrido con las manos, ayudado por los voluntarios. «Es la manera de saber dónde están las cosas, el baño, la cama, todo, por si tienen que moverse en algún momento y están solos», explica Ángeles Pose. Entre las actividades llevadas a cabo durante los dos días de estancia en Manzaneda estaba la de montar a caballo; algunos lo encontraron emocionante, otros ya lo habían hecho alguna vez y todos antes de montarse pasaron sus manos sobre el cuerpo del equino para saber dónde estaba la cabeza y dónde la cola. La llegada de Belén fue un acontecimiento: era la primera vez que se encontraba con el resto de estos disminuidos y, como Hellen Keller, autora de la primera autobiografía sobre una sordociega, nació sin estos dos sentidos. A Belén le encanta que le canten y siempre hay alguna persona a su alrededor haciéndolo y contándole, como si fuera oyente: «Mira, que estás siendo la prota total». Ángeles Pose detalla la carencia de servicios con la que se encuentran estas personas debido a que las entidades que atienden a los ciegos, como la Once, no tienen recursos específicos para los sordociegos y lo mismo le ocurre a la Federación de sordos. Esta entidad, con agencias en las principales urbes gallegas, les ofrece el apoyo de guías intérpretes que les ayudan. Por ahora sólo cuentan con 29 voluntarios para toda Galicia, que como paso previo tienen que saber el lenguaje de signos. Cada sordociego «debería llevar dos acompañantes, aunque depende de las necesidades y de la situación de cada uno», explica Ángeles Pose. Oficialmente, es casi como si los sordociegos no existieran y de hecho es del año pasado una directiva de la Unión Europa a todos los países que la forman indicando que la sordoceguera debe reconocerse como una minusvalía. El desvalimiento de este colectivo llevó a la Federación de sordos a «definir lo que queríamos hacer» en un encuentro celebrado el año pasado. Entre las acciones se acordó tratar de que se conocieran todos y para ello reunirlos en algún lugar de Galicia. Así se concretó la estancia en Cabeza de Manzaneda durante dos días, sábado y domingo, en los que las actividades programadas fueron desde la ya citada de montar a caballo hasta senderismo por la zona. Pero si no ven ni oyen, ¿qué gracia les hace el senderismo? Los voluntarios les iban explicando no solo el paisaje, sino la flora y fauna que encontraban a su paso y en ocasiones hasta la tocaban. Talleres de barro, juegos de mesa con elementos pensados para ellos, rocódromo y hasta baile en la discoteca fueron otras actividades con las que los nueve sordociegos asistentes al encuentro no solo se lo pasaron muy bien, sino que sorprendieron con sus capacidades a los voluntarios y a los organizadores. Para todo ello, la única ayuda con la que contó la Federación de Xordos fue la de la Dirección General de Voluntariado de la Xunta. También participaron los monitores de la estación de montaña. Vista la experiencia, el próximo año los sordociegos gallegos volverán a encontrarse en un escenario probablemente muy distinto y, al menos ese es el deseo de los organizadores, con un número más elevado de personas: «Es muy posible que en distintos lugares de Galicia haya sordociegos que están aislados en sus casas, o en sus pueblos y no pueden salir sin la ayuda de los voluntarios», explica Ángeles Pose.