EL PREMIO
Una belleza única desde la cima más fría
|||| El ataque final a los 4.897 metros de altitud de la cima más alta del continente antártico duró 15 horas, entre ascensión y descenso. Pendientes increibles, glaciares y nive blanda para llegar, pasadas las nueve de la noche del día 16 de enero del 2006, a la cumbre del Vinson. Sólo cinco días para atacarlo desde la base, lo que constituye un hito en esa montaña. La de Jesús, Juan y Andy ha sido posiblemente de las más rápidas ascensiones a esta montaña, que han alcanzado sólo poco más de doscientos alpinistas. Llegaron por la cara este, de la que no tenían ninguna referencia, pero que resultó más técnica, difícil y expuesta que la ruta normal, por la cara sur. «Desde la cima, mirando a todo tu alrededor contemplas 360º de belleza sublime. En otras cumbres siempre se divisa un área de belleza singular: desde ésta todo lo que alcanzas a ver es casi irreal, virgen, mires a donde mires», cuenta emocionado Jesús desde lo más alto de la Antártida: «Solos, embelesados, casi como atontados mirando para todos lados y contemplando incluso la curvatura de la tierra, en un extraño día de esos que te ofrece este continente en los que la visibilidad es cercana a los 400 kilómetros; fue algo increible que llevaré siempre grabado en la retina». Un esfuerzo extra El descenso fue vertiginoso. En tres horas estaban en el campo 2 y al día siguente regresaron al 1: comenzaba a llegar alguna de las otras expediciones. «Nos sobraba tiempo y al bajar vimos al fondo el fabuloso Pico Jaca; y cerca de él otra montaña sin nombre, que nadie había escalado aún. Entre bromas y veras decidimos retarnos e ir a por las dos». Calleja relata que en una extenuante jornada de 24 horas sin descansar lograron realizar la segunda repetición mundial del Pico Jaca y coronar la otra montaña virgen: «La bautizamos Canarias-Castilla y León. Para llegar tuvimos que abrir una ruta de acceso y otra diferente de descenso al campo base en un laberinto de grietas y sorteando restos de avalanchas de las vertiginosas y blancas paredes a todo nuestro alrededor». «Asumimos un riesgo aún más difícil que el Vinson, el que conlleva explorar rutas y ascender montañas desconocidas», añade Calleja. Todo se alió después para regresar a Patriot Hill al día siguiente, con tres retos cumplidos en vez de uno. Aunque también con Venezolano que se congeló los pies.