MEDIO AMBIENTE
Un territorio limpio y universal
|||| Una de las cosas que más destaca Jesús Calleja de su viaje es el respeto ambiental y el cuidado que se ha de guardar en todo momento: «Se ha tenido una especial sensibilidad por todos los países del mundo, creo que es la única vez que toda la humanidad se ha puesto de acuerdo en algo bueno, a pesar de algún energúmeno que siempre logra llegar». El leonés se refiere al Tratado Antártico, que establece normas rígidas y estrictas para todo lo que se puede y no se puede hacer. El fin: conservarla lo más intacta posible. «El continente se divide en porciones, como en un queso, que administran diversos países, aunque las zonas más inaccesibles y devastadoramente hostiles simplemente están ahí. No existen fronteras y no hay que pedir permiso a nadie para moverse de una zona a otra, aunque sí hay un estricto control antes de llegar», explica. Como muestra, detalla que hasta los residuos orgánicos humanos no se pueden dejar libremente. Tienen que volver con el resto de deshechos y material sobrante al punto de partida, en este caso Chile: «Orinamos en unos puntos concretos. Como se congela al instante, con una pequeña sierra que nos entregan recortamos los restos para luego derretirlos y verterlos en una garrafa que porteamos cada uno. En el caso de las heces, se depositan en bolsas especiales con sales deshidratantes para quitar el olor. Todo se trae luego de vuelta, y de hecho se revisa que lo haces». Calleja señala que un simple orín en la nieve o el hielo tardaría más de 30 años en cubrirse debido a las bajas precipitaciones, y los restos del nitrógeno no se iría nunca. Conciencias como esta, señala, «permiten que se pueda dejar el lugar exactamente igual de conservado que nos lo encontramos. Sería un sueño para todo montañero y amante del planeta que nos concienciáramos de este ecologismo y extrapolar la idea a todos los lugares sensibles a un cambio de biodiversidad». Precisamente este es unos de los motivos que permiten a ANI operar, que cumple a rajatabla con la retirada de restos y que monta y desmonta bases como la de Patriot Hill cada año, respetando hasta el extremo el medio ambiente de un lugar inhóspito pero bello y conservado en su naturaleza como ningún otro en el planeta Tierra en este momento.