Diario de León

De apóstol a ídolo pagano

El fotógrafo gallego Luis López «Gabú» descubre la huella de Santiago Matamoros en los ritos de la magia negra que se celebran en numerosos lugares de Haití, algo que califica como el «desconocido e inquietante camino negro de Santiago»

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RODRI GARCÍA | texto LUIS LÓPEZ «GABÚ» | fotos
León

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Cuentan las crónicas que un griego de nombre Ostiano había concluido su peregrinación hasta Compostela, allá por el año 1064, cuando escuchó cómo otros peregrinos describían una imagen del apóstol montando un caballo blanco y blandiendo la espada sobre unos moros que yacían en el suelo. La idea escandalizó a Ostiano, que los recriminó pidiéndoles que no llamaran caballero a Santiago el Mayor sino pescador, tal y como lo describen los evangelios. Esa noche, sigue diciendo la tradición medieval, el hijo de Zebedeo se apareció en sueños al peregrino para decirle: «Ostiano, no dudes de mi caballería, que has de saber que soy caballero de mi señor Jesucristo, ayudador de los cristianos contra los moros, y te digo más: con estas llaves que tengo en la mano, mañana domingo a hora tercia, abriré las puertas de Coímbra y se la daré al rey Don Fernando». Y así sucedió al día siguiente, con lo que la mezquita de la ciudad portuguesa acabaría convertida en catedral cristiana. La imagen de Santiago Matamoros, nacida en la batalla de Clavijo gracias a su aparición sobre un caballo blanco repartiendo mandobles de espada a los moros que peleaban contra los cristianos, fue más allá de las tierras portuguesas y atravesó el Atlántico acompañando a los descubridores del continente americano, dando nombre a un buen número de pueblos y ciudades y entrando a formar parte de la vida de aquellas gentes. En la Fundación Granell El fotógrafo Luis López Gabú (A Coruña, 1963) ha viajado a Haití en varias ocasiones durante los últimos cinco años, retratando, entre otras cosas, las numerosas imágenes de Santiago Matamoros repartidas por toda la isla caribeña, bien como figura de la religiosidad popular, bien como icono de las numerosas ceremonias de vudú celebradas en cualquier lugar de este pequeño país. Durante cientos de años el vudú estuvo proscrito, por ser considerado una superstición peligrosa, y su reconocimiento oficial llegó con la constitución haitiana de 1987 que en su artículo 30/1 contempla la religión vudú. Desde el pasado jueves, pueden verse en la sede de la Fundación Granell de Santiago algunas de las llamativas, y en ocasiones inquietantes, fotografías captadas «tras múltiples viajes en solitario, con el fin de introducirme y ser admitido lentamente en el complejo e impenetrable mundo de la magia negra y el vudú», explica este fotógrafo y pintor; esta última faceta le permite, en su opinión, captar la realidad con una visión distinta. De hecho, la crítica de arte Mercedes Rozas escribe en el catálogo de la exposición que en estas imágenes existe «un compoñente que as fai máis atractivas e esteticamente delicadas: o coidado da composición, os teatrais contrastes de luz e sombras, o enmarque de planos, a énfase polo dramatismo do instante... O artista ofrece un estilo fotográfico directo e unha visión plástica do medio materializada en verdadeiras obras de arte». Al igual que hizo en su día Cristina García Rodero (un trabajo que se expuso en el Museo de Bellas Artes de A Coruña en los meses de julio y agosto del 2003), Luis López ha retratado la llamada Laguna de Santiago, «una fangosa y sucia charca situada a escasos metros de un árbol sagrado y de una pequeña iglesia a cuya entrada se agolpan gran número de mendigos», explica Gabú; hacia dicha laguna «peregrinan durante todo el año cientos de fieles vudú, aunque la peregrinación más importante para ser poseído por el Iwa Ogun se produce el 25 de julio», día de Santiago. Ogun es el guerrero dominador del fuego y el hierro, entre otros atributos, al que veneraban los esclavos procedentes de África llegados a Haití desde mediados del siglo XVII para trabajar en las plantaciones de la isla. Uno de los símbolos cristianos que estos esclavos mejor aceptaron y que con el paso de los siglos acabaría siendo un referente básico del vudú fue el de Santiago Matamoros, también en su versión francesa de Saint Jacques, «y al que se le incorporó uno de sus law (espíritus) más importantes e influyentes de África, el Ogun Ferray», apunta Luis López. Cita en la Laguna de Santiago Entiende que tal vez esa imagen «belicosa y hostil impactó entre los esclavos, que tuvieron que luchar con fuerza contra las tropas de Napoleón para su independencia, y que veían en este símbolo guerrero de Santiago un estandarte perfecto para implantar a su espíritu más poderoso, Ogun el guerrero», argumenta el fotógrafo. (Haití derrotó a las tropas de Napoleón en 1804, doce años antes de Waterloo, convirtiéndose en la primera república negra). Aunque el lugar donde reside el espíritu de Ogun, simbolizado en el Hijo del Trueno, es la Laguna de Santiago, la presencia de esta figura está muy presente en los lugares donde se realizan los rituales; además, los templos de algunos brujos están pintados con murales con dicha imagen, que también es usada en muchos fetiches que pueden encontrase en su interior y que sirven como elementos imprescindibles en los rituales ocultos y privados. Son rituales, según describe Gabú en el catálogo de la exposición editado por la Diputación coruñesa, «en los que el ritmo hipnótico de los tambores y los cantos de la noche inducen a los fieles a trances en los que el éxtasis y la sangre de los sacrificios desploma sobre la cargante atmósfera una densa y escalofriante tensión». En la Laguna de Santiago, los fieles van con un paño rojo en la cabeza, se bañan y revuelcan en el lodazal con el intenso e hipnótico sonido de los tambores, mientras depositan sobre la laguna múltiples ofrendas o sacrificios, «para finalmente ser poseídos por el espíritu de Ogun», apunta Gabú; completan la escena, «la gran cantidad de velas, muchas de ellas sofisticadas y con símbolos de Santiago». En este lugar, hacer las fotografías no ofrece mayores problemas, pero Luis López ha querido ir más allá y, tras intentarlo en lugares donde fue recibido puñal en mano, ha logrado asistir a fuertes rituales que se prolongan durante prácticamente toda la noche. Poco a poco, este inquieto fotógrafo ha logrado entablar amistad con varios brujos de Haití, que le han permitido captar imágenes que, «sin querer ir de nada, no he visto en ningún sitio, porque es un proceso muy laborioso, tienes que tener mucha paciencia, mucha sangre fría». Cuadro y texto de Granell Santiago-Haití: Un viaje de ida y vuelta, es el título del interesante trabajo de Juan Antonio Martínez-Casanueva que aparece en el catálogo de la exposición, un texto que documenta todo el proceso de integración del apóstol en la cultura americana; en dicho proceso, el ensayista cuenta cómo la figura batalladora del apóstol aparece también en la Crónica del reino de Chile, escrita por el pontevedrés Pedro Mariño de Lobera, donde se atribuye a su presencia, en compañía de la Virgen, el triunfo de los españoles sobre los indios chilenses. Tanto Martínez-Casanueva como Natalia Fernández Segarra, directora de la Fundación Granell, citan en sus artículos a Eugenio Granell, que en su exilio llegó a la República Dominicana en 1941, una estancia que daría lugar a un cuadro que tituló Paxaro do río Masacre (1955), evocación de la corriente que separaba dicha isla de la de Haití y en la que murieron numerosas personas intentando huir del país. El pintor también escribiría el poema en prosa Illa cofre mítico y por ello la directora de la Fundación apunta el interés de la entidad por el tema de esta exposición «o vitalismo e o animismo do vudú, tamén nos interesa a presenza de Santiago Matamouros en pinturas, decoracións e candeas votivas que fotografa Gabú».

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