Seat León FR, culto a los genes...
No sólo serlo... también parecerlo. Seat bautiza FR al León turbo gasolina (200 CV) y turbo gasóleo (170 CV) para convertirlos en dos auténticos deportivos de raza. Su tarifa oscila entre 24.295 y 24.695 euros
Intensidad... en sensaciones. Seat da un paso más en sus catálogos de realizaciones deportivas con el lanzamiento del León FR, gasolina y diesel, en lo que cabría considerar -¡enhorabuena!- como un ejercicio de auténtica valentía en una época de recorte de las libertades automovilísticas por parte de un Gobierno que -¡cuán pronto se olvidan los postulados!- enarbolaba la bandera de las libertades como su razón de ser... hasta que ha tomado las riendas de la Administración en aras de una -supuesta- seguridad devenida en meros planteamientos recaudatorios. Por mucho que los próceres intenten -y bien que lo logran, parcialmente- hacernos «tragar» con sus particulares ruedas de molino. En fin... ¿Saben dónde está la auténtica seguridad? Pues, además de en una educación y concienciación real del usuario, en la puesta en el mercado de verdaderos escaparates tecnológicos, exquisitos por su impecable comportamiento dinámico y con los adelantos tecnológicos que los tiempos ponen a su alcance. Situados en el escalón más alto de la gama León, uno de los pilares comerciales sobre los que se viene asentando Seat en los últimos años, los recién llegados FR pueden presumir de unas singularidades poco comunes: culto a la inyección directa de gasolina y, de paso, a la turboalimentación salpimentada en imbatible, tanto se trate del gasolina como del gasóleo. Lo del culto a las inyecciones de potencia, ya viene siendo norma de la casa desde que el constructor español asumió el papel de «especialista» dentro del consorcio germano de Volkswagen. A Seat se le confió el estandarte de la deportividad y bien que lo defiende: excelente chasis, frenos potentes, dirección precisa, generoso equipo de rodaje, estética deportiva... y un par de perlas motorísticas que acabarán por pasar a la historia en los hitos de la marca. La fórmula del combinado está al alcance de todos, sólo que no todos son capaces de ponerla en práctica con garantías. Como en las carreras, un especialidad que Seat viene practicando desde -casi- su fundación, los entrenamientos con el anterior León TFSI de 185 CV, hoy ya fuera de la parrilla con la aparición del FR 200 CV, le vinieron de perillas al preparador en la configuración del mencionado «doscientos». La culpa hay que cargársela -en el mejor de los sentidos- a una renovada gestión electrónica puesto que, como el lector ya habrá adivinado, las diferencias entre ambos tetracilíndricos multiválvulas son prácticamente inexistentes. Por cierto, ¿un turboalimentado que entrega la potencia sin «esparavanes»? Rotundamente... sí. Seat, ¿ha encontrado la piedra filosofal? Ha dibujado, ¿la cuadratura del círculo? Bueno... tampoco hay que exagerar. Que cada cual piense lo que guste. La realidad es que el León FR (TFSI... por inyección directa de gasolina) está tan cerca de ambas consecuciones como cada quien guste considerar... y apreciar: elasticidad comparable a la del más modesto de los utilitarios y prestacionalidad equiparable a la un auténtico deportivo: 7,3 segundos en aceleración de cero a cien, 229 por hora de punta y, eso también, nueve litros y medio -¡atención al pedal!- como media ponderada; lo que nos impedirá llegar a los 600 kilómetros (575 para ser exactos) sin repostar. Tampoco es determinante... éste aspecto. ¿Y el FR TDI...? Pues tampoco se queda atrás. Y, para quien pretenda «casi» las mismas prestaciones y, desde luego, unos consumos más ajustaditos (7,1 litros como media) puede elegir el turbodiesel de 170 CV... que tampoco es grano de anís . No es ningún secreto que, de un tiempo a esta parte, los motores diesel han adquirido unos niveles prestacionales de ensueño. Tanto, que una marca del Grupo VW -Audi, por más señas- acaba de firmar la primera victoria de un gasóleo en las míticas 24 Horas de Le Mans. Aunque... esa es otra historia sobre la que, posiblemente, algún día podríamos volver. Poderoso en trazados rápidos y algo más «delicado» en los revirados, como corresponde a su condición de gasóleo (corta más rápidamente la alimentación cuando se juguetea con la zona alta del cuentavueltas) la ventaja del TDI se manifiesta en un consumo más ajustado: 7,1 litros por cada centenar de kilómetros, lo que nos lleva a rodar hasta 775 kilómetros sin necesidad de visitar el surtidor. Las mejoras en el equipamiento de serie, en ambas motorizaciones, acaban por poner la guinda: inspiración deportiva en los tarados de suspensión, como en el volante y los asientos, amén de un sin fin de gagedts electrónicos de ayudas a la conducción. Mientras el capítulo de opcionales viene también cuajado de aplicaciones: faros bixenón con sistema AFS que les permiten girar en el mismo sentido de la dirección, con lo que se mejora sensiblemente las condiciones de visibilidad nocturna, a la vez que existe conexión para incorporar elementos vanguardistas, como es el caso de los dispositivos MP3, USB e iPod, situados bajo el asiento del acompañante y que pueden manejarse mediante el propio equipo de sonido del coche. A la espera del Cupra, que también llegará, los FR gasolina y diesel acaban por poner un punto de inflexión en la gama del León, que se convierte así en toda una referencia para su fabricante... y futuros compradores. Eso sí, para quien busque prestaciones «brutas» deberá decantarse por el gasolina TFSI. Un familiar con aspiraciones de autentico deportivo que, eso también, tiene su contrapunto en una no menos cuidada versión diesel que hará las delicias de los más ahorradores. El nuevo León FR se muestra imbatible -para sus rivales- por una tarifa ciertamente contenida para lo que ofrece el coche.