Diario de León

LA VISIÓN DEL AGRICULTOR

«Antes el campo estaba más rotado, al existir ganado y más tipos de cultivos»

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|||| Hace diez años, Gustavo Morala decidió regresar a su pueblo natal, Villanueva de las Manzanas, y comenzar a trabajar las tierras de su familia. Licenciado en Biología y apasionado de la vida en el campo, entre compras y arrendamientos lleva hoy, él solo, el triple de las tierras que trabajó su padre Laurentino cuando estaba en plena actividad. Gustavo conoce bien los problemas y retos que aquejan a las riberas leonesas. A pesar del incuestionable destrozo medioambiental que supuso, la concentración parcelaria ha sido necesaria, aunque, a su juicio, debería haberse hecho veinte o treinta años antes, «cuando todavía había gente en el pueblo». Ahora, menos de diez personas labran las extensas parcelas de esta localidad ribereña del Esla, con la vista puesta en el futuro, en el llamado «nuevo regadío», en el que se eliminarán las acequias y el riego se producirá por aspersión. «Ahora mismo no se riega, se inunda», dice Morala, con el consiguiente «despilfarro de agua». La tierra queda anegada y el agua desciende mucho más abajo de la raíz. «Eso, junto a los abonos químicos que se echan al maíz, ¿a dónde va?, pues al río, con todo lo de los demás pueblos, causando problemas y contaminación en las localidades situadas más abajo». Ahora bien, el llamado «nuevo regadío» y la «reconcentración» se enfrentan a numerosos problemas antes de convertirse en una realidad en esta comarca. El principal de ellos es el hecho de que la gran mayoría de las tierras que labran los agricultores no son suyas, y los propietarios -muchos de ellos jubilados o personas que viven en las ciudades- no son muy proclives a realizar inversiones en las tierras. Otro problema que se percibe en el futuro es la pérdida de subvenciones con arreglo a los fondos europeos. «Quien haya invertido en la mejora y modernización de sus instalaciones, bien, quien no -y de estos hay muchos, que invirtieron en asuntos que nada tenían que ver con el campo-, esos lo van a tener difícil». De todas formas, en su doble calidad de biólogo y de joven agricultor que, sin embargo, también vivió los días de antaño, admite que el campo, antes, estaba más rotado, en un ciclo natural muy sano y beneficioso. «El abono era el de las vacas de casa, que es mucho mejor para el terreno, y hoy mira, ya no queda nadie que tenga vacas en este pueblo, cuando antes las tenía todo el mundo». La rotación era de alfalfa, remolacha, alubias y hierba. Con la alfalfa, la tierra quedaba sin roturar hasta cuatro años, y así descansaba, cosa que no sucede hoy, con este monstruoso monocultivo de maíz. «Nos han obligado a sembrar esto», dice, refiriéndose a las amplias subvenciones que se dan y la facilidad con la que crece. Y es que, como vemos, hasta los paisajes pierden sus señas de identidad porque la globalización parece alcanzar todos los ámbitos. «Esto ya parece Estados Unidos», opina Gustavo.

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