Diario de León
Manon Lescaut ha sido uno de sus personajes más aclamados

Manon Lescaut ha sido uno de sus personajes más aclamados

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|||| Hoy día ya nadie pone en duda que Kiri Te Kanawa es una de las voces de soprano más hermosas de toda la historia de la lírica y una de las cantantes más aclamadas por la crítica desde que en 1971 hiciera el papel de la condesa en Las Bodas de Fígaro . Su fama y su prestigio la han convertido en la imagen de la soprano perfecta que no sólo se la invita a cantar no sólo en los grandes templos de la lírica sino en los más destacados acontecimientos sociales como fue la boda entre Lady Di y el príncipe Carlos de Inglaterra en 1981. Su elegancia, porte y estilo canoro la han hecho merecedora de esta especial distinción. Poseedora de una voz de cristal de timbre bellísimo, legato perfecto, acento amplio y bien medido, unido a un noble fraseo, que la identificará a lo largo de su ya larga carrera profesional, Kiri ha sido una de las primeras sopranos interesadas en interpretar famosas canciones de Broadway como Summertime y Someone to watch over me de Gershwin, Smoke gets in your eyes de Kern, o el famoso y pegadizo Tonigh t perteneciente a West Side Story que la lanzó de inmediato al estrellato al ser elegida por el propio compositor, Leonard Bernstein, para su registro oficial. Secundada por un José Carreras pletórico de facultades, este aria es una muestra de la versatilidad que atesora esta simpática soprano que cada vez canta abarrota los auditorios de los cinco continentes. Te Kanawa es también una de las mejores straussianas de todos los tiempos y sus recreaciones de los personajes de Arabella, la condesa en Capriccio o la Marischala en Der Rosenkavalier, le han valido el sobrenombre de la «exquisita». Pero es en el repertorio del XVIII donde su voz encuentra el vehículo perfecto para mostrar el timbre luminoso y esa cremosidad tan peculiar. Escúchense como ejemplos ese Let the bright Seraphim de Handel, que cantó en la más famosa de las bodas reales o el Dove sono de Las Bodas de Fígaro mozartiano con la que llegó a la fama después de interpretarla en el Covent Garden londinense, para darse cuenta de que nos encontramos ante una de las voces más personales, aterciopeladas y dulces de la lírica actual. El repertorio verdiano lo ha abordado la soprano neozelandesa con menor frecuencia aunque su Desdémona o Amelia Boccanegra han pasado ya al terreno de la leyenda. Sin embargo hay un aria que puede figurar por derecho propio entre lo mejor de su canto y es la famosa Sogno di Doreta , que ninguna soprano desde entonces ha sabido decir como ella lo expresa, melancólico, íntimo y contenido, haciendo un uso del filado fuera de toda comparación a la vez que de una expresividad que corta el aliento. Recientemente la Vanessa de Samuel Barber, la ha proporcionado en Montecarlo el clamor de la crítica, a pesar de que siempre ha dicho que no quería encasillarse en la ópera y posee un amplio repertorio que abarca desde el barroco al oratorio contemporáneo.

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