¿Qué se cuece en las revistas de moda?
Las editoras de las revistas femeninas españolas comparan su vida diaria profesional con la que se muestra en la película «El diablo viste de Prada», basada en el poder y glamur que rodea a una despótica directora de una revista neoyorkina
Todas quieren ser nosotras». La autora de la frase es la protagonista de la película El diablo se viste de Prada , basada en la despótica personalidad de Miranda Priestly, legendaria directora de Runaway, la supuesta Biblia de la moda, con sede en Nueva York. Miranda dicta las tendencias a escala mundial. Millones de lectoras siguen a rajatabla sus consejos; su equipo la considera un genio; los grandes diseñadores la veneran. Todos la temen. Ella está convencida de que la envidian y que cualquier persona se cambiaría por ella. Pero no. Andy Sachs es una joven periodista a quien no interesa nada la moda. Y tras sufrir durante una temporada las excentricidades de la malvada Miranda, decide que no quiere ser como ella. Ni saber nada de ese mundo en apariencia frívolo que es la moda. La película, interpretada por Meryl Streep y Anne Hathaway, se basa en la novela del mismo título, bestseller internacional, escrita por Lauren Weisberger y en la que la autora narra su experiencia real como redactora en Vogue al servicio de la todopoderosa Anna Wintour, la auténtica editora jefe. Aunque para muchos críticos el libro y la película rebosan tópicos basados en la ya vista historia de la pobre niña que escala hasta convertirse en lo más, y la periodista íntegra que no se deja influenciar, lo cierto es que la película despierta cierto interés por temas relacionados con la moda. Voy al cine con amigas y al salir, bombardeo de preguntas: «¿Será real ese glamur?». «¡Eso sólo pasa en las revistas americanas!». «¿Existirá de verdad un cuarto lleno de ropa de marca? ¡Mataría por verlo!». Nadie mejor para responderles que las editoras de las revistas femeninas de mayor tirada en España: Elle , Vogue , Marie Claire , Telva y Woman . El cuarto de la moda Sí. El llamado cuarto de moda existe. Y me aseguran desde todas las revistas que es enorme y que está lleno de millones de cosas. «Es nuestro material de trabajo. Pero todo vuelve, sin excepción, a su gabinete de prensa una vez fotografiado», me cuentan en Vogue . «Y no está tan ordenado como el de la película», matizan desde estarguapa.com (la web de Telva ). Mantener el orden en el cuarto de moda es una misión titánica que sólo las mejores estilistas logran. «Ahora no nos podemos quejar. Nuestra fiesta aniversario se acerca (se celebró el pasado viernes, 20 de octubre, en Valencia) y todas las firmas de lujo nos han enviado un montón de vestidos de noche increíbles y complementos para vestir a nuestras famosas... pero el día a día es diferente. Nada que ver con el cuartito de Runaway», me contesta Clara Courel, redactora jefe de moda de Elle . Esto me trae a la cabeza un capítulo de Sexo en Nueva York -gran parte del equipo de la serie trabajó también en «El Diablo se viste de Prada»- en el que Carrie acepta una colaboración en Vogue para pagarse su piso, ya que su columna en el NYT no le reporta muchos beneficios. Y casi sucumbe al descubrir en el cuarto de accesorios de la revista, repleto de zapatos, vestidos y tesoros, unas merceditas de Manolo Blahnik en la estantería: «Creí que sólo eran una leyenda urbana», grita Carrie mientras se las prueba. Coincido con Carrie. Y creo que yo también sería capaz de matar por entrar en uno de esos cuartos a probarme ropa, manosear y cotillear. Mis entrevistadas se ríen cuando les pregunto si, al igual que en la película, acuden a trabajar con diseños de Dolce & Gabanna y taconazos de Jimmy Choo. «Supongo que la pregunta es de broma. ¡Los sueldos de la gente no dan para tanto!», ríen desde Elle . «En España no existe una cultura tan sofisticada como en Francia, Italia o Nueva York. Aquí muy pocos saben quién es Marc Jacobs o Gaultier. Se conocen las típicas: Chanel, Dior, Vuitton, Loewe... firmas que proporcionan estatus y envían el mensaje de «aquí hay alguien con poder adquisitivo». Pero lo que sí percibimos todos, al margen de marcas, es si alguien tiene estilo o no, clase, elegancia... a qué tribu pertenece¿ Sin duda, nuestra manera de vestir cuenta muchas cosas de nosotros y utilizamos la moda para enviar mensajes a los demás», me aportan desde el staff de Marie Claire. La fuerza de la imagen Vivimos en un mundo marcado por la imagen. Y en esto hay acuerdo. «Las marcas no son importantes, la clave es dar una buena imagen de ti y del medio al que representas», añaden. Coincide Marta Flores, redactora jefe de Woman en Madrid: «En las revistas femeninas no vale aquello de en casa del herrero... Te acabas contagiando de las cosas que vives y escribes y aprendes a sacarte partido a ti misma, tengas el cuerpo que tengas. Ahora bien: sin obsesiones. Es un divertimento más. Pero los Marc Jacobs, Manolos y Pradas se tocan poco; más bien se ven en fotos». Confirman desde Vogue España que estar rodeado de tendencias y cosas bonitas acaba contagiando y creando un gusto particular. «Pero no todos los que venden o fabrican Rolls Royce van en uno a trabajar», compara esta editora. Buen símil. ¿Glamur? ¿Y el glamur? «Depende. Si radica en los objetos con los que trabajamos, si hay fiestas en las que sirven champán francés y si la belleza nos rodea, te diré un rotundo sí. Si te refieres a una vida relajada, carente de estrés y de dificultades, te digo un rotundo no», me insisten desde la redacción de Vogue . Es cierto. Por hechizante que suene, el día a día en una publicación de alta gama es intensa, estresante y todo el equipo está sometido a mucha presión. Sirva como referencia que el reloj marca las nueve de la noche cuando hablo con esta directiva de Vogue . Tiene dos hijas pero sigue en la redacción a esas horas intempestivas. «Vivo en cierre continuo», me comenta entre risas. Y veo un correo electrónico suyo anterior que confirma que llega a la redacción a primera hora de la mañana. La creo. Si no, sería imposible afrontar esos especiales de ¡hasta 600 páginas! Me mareo sólo de pensarlo. Esa es la razón por la cual Susana Martínez, directora de Elle España, no se identifica con la película. «Miranda es estilista, no periodista. En mi despacho no hay cajas de pañuelos de Hermés, ni burros (percheros) cargados de ropa. No visto de Prada, ni tengo la talla 38, ni me paso un mes fuera de casa para ir a desfiles internacionales. Elle tiene mas contenidos aparte de la moda y creo que en la película se exageran muchos aspectos», concreta Susana. Por ejemplo, ninguna directiva de las consultadas hacen gala de esa frase que tanto se repite en el filme: «¡Como sea!». O por lo menos, siempre que la usan es en el ámbito profesional, nunca en el personal. A ninguna se le ocurriría culpar a su asistente de que su avión no despegue por culpa de un huracán, como en la película. «Pero quizás, sí le podría pedir a una redactora que consiguiese una copia del manuscrito del nuevo Harry Potter, pero para publicarlo en la revista, no para mis hijas», comenta Susana Martínez, que no duda a la hora de hablar conmigo aunque sólo quedan dos días para la fiesta y en la redacción todos están atacados atando los últimos cabos del gran evento que veremos reflejado en el número de diciembre. Una redactora anónima, de las de la base, me da su opinión particular acerca del encanto de las revistas: «El glamur, al margen del capital humano, es proporcional a las ventas de la revista y, en consecuencia, al presupuesto asignado a cada número. En otras palabras, si el recorte de presupuestos entra por la puerta, el glamur salta por la ventana. Desde esta premisa, te diría que en España hay tres revistas con glamur real, cuatro a lo sumo. El hecho de llevar la etiqueta revista de moda no significa automáticamente que en sus páginas haya glamur; te pondría ejemplos, pero no quiero hacerme enemigos. ¿Y en qué se diferencian? En que unas revistas que ven el glamur desde una perspectiva progresista, otras desde una óptica rancioclásica y otras como mero escaparate de estilos de vida inalcanzables que harían sentirse como una pobrecita a la mismísima Jackie Onassis».