VELOCIDAD DEL VIENTO
Donde se forma la niebla la velocidad se reduce
El otro fenómeno que configura el ciclo vital de las nieblas y que ha sido objeto de análisis por parte del LFA es la evolución de la velocidad horizontal del viento. El comportamiento estándar de la velocidad del viento durante la noche es, en general, de situación de calma con intervalos de corrientes producto de la diferencia de temperatura entre diferentes capas de atmósfera. Aun manteniéndose esta situación, los datos recogidos para las nieblas, señalan que en los bordes de la capa de niebla, que corresponden con bastante aproximación a las zonas donde se están condensando nuevas gotas de vapor de agua, la situación es más de calma de lo que sería de esperar. Así, mientras que en la zona de atmósfera sin niebla la velocidad horizontal del viento se sitúa la mayor parte de las veces por encima de los 3 m/s, dentro de la capa de niebla se queda en la mitad, unos 1,5 m/s, y en el techo de la capa de niebla, donde se está formando nueva niebla, todavía se reduce de nuevo a la mitad, de tal manera que nunca sobrepasa los 0,6 m/s. De nuevo el comportamiento reproduce una pauta similar a la observada en la temperatura; allí el descenso más notable de la temperatura se producía en la zona de niebla, y dentro de ésta en el techo de la misma; y mientras tanto la velocidad del viento evoluciona a una situación de casi-calma dentro de la zona de niebla siendo este proceso mucho más acentuado en el techo de la misma. Todos estos comportamientos tienen mucho que ver con la intensa y extensa barrera de atmósfera caliente que cubre a la capa de niebla y que permite mantener una situación estacionaria. Los centenares de metros de atmósfera vertical que cubren los menos de cien metros de niebla intensa actúan como envolvente de los fenómenos de enfriamiento, evitando que se disperse el vapor de agua necesario para la condensación, y almacenando el calor desprendido que impediría esta condensación. Al amanecer cuando los rayos de sol vuelven a aportar energía, la situación se invierte y, a la vez que el suelo comienza a calentarse, las gotas de agua vuelven a evaporarse desapareciendo la niebla